Departir con cocodrilos en Cuba

En momentos que el turismo de naturaleza se desarrolla con fuerza en el mundo, Cuba tiene escenarios, islas e islotes, que atraen por lo bien conservado del paisaje y las especies atractivas, como los cocodrilos.

Ese es el caso de La Isla de la Juventud, que, además de contar con un hermoso nombre, exhibe la interacción de turistas y cocodrilos, toda una aventura y quizás plato fuerte para incrementar la visita de viajeros provenientes de todo el mundo.

Cada día son más los viajeros que visitan el criadero existente en La Isla de la Juventud, un área de exotismo turístico muy especial.

Se trata de reptiles conocidos por sus bruscos movimientos y que pueden correr, de repente (arranque), por tierra, a más de 80 kilómetros por hora (al inicio), nadar a gran velocidad y golpear rápidamente.

Cabría entonces preguntarse: ¿qué hay de turismo en “departir” con estos monstruos?

Pues parece que, pese a tales características, los cocodrilos tienen mucho que ver con unas buenas vacaciones, pues en el país existen dos criaderos de ese ofidio; el más importante de ellos en la Ciénaga de Zapata, en la occidental provincia de Matanzas, y el de La Isla de la Juventud.

Este último se encuentra en Cayo Potrero, de la Ciénaga de Lanier, en el sur de la ínsula, distante solo a unos 50 kilómetros hacia el sur de la isla de Cuba.

Cada semana, visitantes de varias partes del mundo llegan allí decididos a tener estos encuentros cercanos.

Esa aventura comienza, acompañados por criadores, por una explicación, y termina por la posibilidad, solo para los más osados, de sostener en sus manos a un cocodrilito o sentarse sobre uno adulto.

En este criadero, con 25 años de creado, trabajan 21 personas para atender a los saurios, 80 de ellos en el área de cautiverio, entre los cuales figuran 27 ejemplares hembras y siete machos, para la reproducción, sobre todo de la especie Rhombifer, típicamente cubana.

Lanier es un brazo de ciénaga que apareció por la acción del hombre con la extracción de turba para la siembra y cosecha de cítricos, y luego se empleó para la introducción de una especie de saurios que existió en el lugar en los años 50 del pasado siglo.

Sin embargo, una captura indiscriminada por su piel, colmillos y carne disminuyó su presencia, y desde los años 60, se impulsa un plan de recría y cuidado.

Entonces se trajo, en nueva etapa, los pies de cría de Matanzas para liberarlos en el medio pinero.

Otro constituyeron los dos huracanes que azotaron la Isla de la Juventud en 2008 y crearon verdaderos desastres, al romper las cercas existentes y diseminar muchos ejemplares por la ciénaga.

Un delicado trabajo de los empleados del criadero pudo recuperar el lugar, con paisajes fascinantes, poblado con flores de nenúfar, en franco desafío al calor; y con una maleza que cada día se recupera para facilitar el típico hábitat de los cocodrilos.

Los pequeños, de todas las edades, se pueden apreciar allí, pues los cuidadores recuperan, para protegerlos, los huevos en la ciénaga, entre el carbón y la turba, a los 85 o 90 días de puestos.

Entonces, los introducen en una especie de “semilleros” rectangulares, con turba, donde los observan hasta la salida del cascarón.

Comentan expertos que, desde pequeños, los ejemplares de la especie Rhombifer son muy agresivos y debe andarse con cuidado entre ellos.

Luego se les rota por distintas pocetas, hasta cuando se encuentran listos para introducirlos en los cuartones de su medio natural. Muchosson liberados luego a la ciénaga abierta, con cuidado extremo de los veterinarios, que los marcan y los reconocen.

Los cocodrilos pueden enfermar de gota o por falta de alimentos en sus primeros tres años, pero luego se adaptan perfectamente a una prolongad vida de más de 100 años.

Son alimentados con pescado de la zona como el sábalo, o con carne de reces no aptas para el consumo humano. De esa manera el rhombífer llega a tener 400 libras de peso y alrededor de 3,5 metros de largo.

Existen en el lugar otras especies como el acutus, que es emigrante y llega hasta cuatro metros, y la babilla, que es el más chico.

Los cuidadores tienen unas habilidades muy particulares para enlazar, y aguantar a estos cocodrilos, para soltarlos o tomarlos, y para alimentarlos.

Los ejemplares se guían por el movimiento y, aunque hacen una rápida carrera, incluso en tierra, se detienen rápido al no alcanzar la presa, debido a su sangre fría y a la necesidad de recuperarse. Por ello vemos a muchos cocodrilos al sol, inmóviles.

Luego de conocer estos detalles, algún turista pregunta: “¿Entonces si vienen hacia nosotros debemos detenernos?” Y el cuidador responde sonriente, “Yo no lo aconsejaría, preferiría correr lo más rápido y lejos posible”.

La ciénaga de Lanier está es Parque Nacional. Posee alrededor de 100 kilómetros cuadrados de extensión y es el segundo humedal de importancia en Cuba, después de la de Zapata.

Integra la Lista de Humedales de Importancia Internacional, de acuerdo con un anuncio de la oficina de la Convención de Ramsar, tratado sobre estos sitios aprobado el 2 de febrero de 1971 en la ciudad iraní de ese nombre, que fija la conservación y el uso racional de los referidos ecosistemas.

Roberto F. Campos

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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