Elecciones generales en Panamá: ¿Más de lo mismo?

El próximo 5 de mayo se realizarán las elecciones generales en la República de Panamá, en las que participarán los siete partidos inscritos ante el Tribunal Electoral y algunas candidaturas independientes, registradas por firmas. 2,7 millones de panameños y panameñas definirán la suerte de 825 cargos públicos, para un periodo de cinco años, a la presidencia y vicepresidencia de la República, diputaciones del Parlamento Centroamericano, diputaciones a la Asamblea Nacional, alcaldías, representantes de corregimiento y concejales.

Estas elecciones arrastran el lastre de la corrupción y del autoritarismo que tienen en la cárcel al expresidente Ricardo Martinelli (2009-2014), quien sigue participando de la actividad política desde la prisión, ya que hasta hace unos días se mantenía como candidato a la alcaldía de la capital por su partido Cambio Democrático-CD.

De la misma manera que el actual Presidente, Juan Carlos Varela, quien está acusado de recibir sobornos de la constructora Odebrecht cuando ostentaba el cargo de vicepresidente de Martinelli.

El Presidente Varela, en parte admitió haber recibió recursos para financiar su campaña a la vicepresidencia en 2009, argumentando que no constituyó delito alguno, pues las leyes electorales permiten la financiación privada de campañas. En la actualidad cursa un proceso en su contra por esos hechos, con bastantes dudas sobre la celeridad y la voluntad de justicia por parte del Ministerio Público, tras el cierre de todas las investigaciones relacionadas al presidente con los Panamá Papers, quien mantenía una estrecha relación con el empresario Ramón Fonseca, cerebro de la firma Mossack-Fonseca, el centro de la operación de lavado de activos y de recepción secreta de fondos para evadir impuestos, utilizada por distintos políticos y funcionarios de diversos países de la región y del mundo.

 

Características del sistema electoral panameño

Tras ser revelados los casos de corrupción antes mencionados y luego de un debate nacional sobre la necesidad de reglas claras y trasparentes en el sistema electoral, el Tribunal Electoral presentó en 2016 un proyecto de reformas a la Asamblea Nacional, aprobado en abril de 2018, luego de intensos debates de los partidos y modificaciones al texto original. De esa manera se modificó la ley electoral creando un código electoral para contener las reformas de 2018 y las anteriores.

Esas nuevas reglas fijan topes a la financiación de campañas electorales: 10 millones de dólares para la presidencia, de los cuales sólo el 3 % podrá ser donante privado; para las diputaciones y corregimientos la financiación será de máximo 300 mil y 150 mil dólares, respectivamente.

La financiación de las campañas crece y se establecen avances de financiamiento preelectorales que llegan a 50 millones de dólares, el 95 % será recibido por los partidos, una parte distribuida equitativamente (25 %) y el 75 % restante distribuido de acuerdo al promedio de votos obtenido por cada uno en las cuatro últimas elecciones. Las candidaturas independientes o de libre postulación, recibirán por partes iguales la distribución del 3,5 % de los 50 millones destinados como anticipos preelectorales.

Las elecciones serán cortas, sólo podrán existir actividades de campaña 60 días antes de los comicios, de tal manera que el próximo 5 de marzo iniciará en firme el proceso electoral. También aparecen otras modificaciones importantes, como la reglamentación de las encuestadoras, quienes tendrán que inscribirse y pagar 25 mil dólares como depósito o fianza, puesto que la nueva normativa prevé sanciones económicas a las consultoras que manipulen datos o infrinjan otras leyes. Se regulan la propaganda estatal y el registro de los medios que podrán vender servicios a las campañas.

En ese contexto de cambios en el sistema electoral, que en teoría promueven transparencia y reglas amplias que facilitan participación, es posible que sectores políticos independientes agrupados en el Frente Amplio por la Democracia, o que la oposición torrijista del Partido Revolucionario Democrático-PRD, puedan competir contra el despliegue millonario de recursos utilizados por las derechas aglutinadas en el Partido Panameñista-PAN, del actual presidente, y del partido Cambio Democrático, del expresidente Martinelli.

Partidos y tendencias en disputa

La derecha panameña tiene como principales formaciones políticas al Partido Panameñista-PAN, creado en 1991, de orientación nacionalista conservadora, el Partido Cambio Democrático-CD, creado en 1998, con una línea liberal-nacionalista; el Partido Liberal Republicano Nacionalista-Molinera, creado en 1982, de orientación liberal-nacionalista-liberal; el Partido Popular-PP, de la Democracia Cristiana, fundado en 1956; y el Partido Alianza, creado en 2018 como una escisión del CD. El Partido Revolucionario Democrático-PRD, fundado por Omar Torrijos en 1979, es el de mayor adhesión de militantes (500 mil) y se reclama de orientación socialdemócrata, aunque muchas de sus posiciones políticas están alineadas con las ideas hegemónicas del neoliberalismo.

El actual presidente, Juan Carlos Varela, es del PAN, y la Asamblea Nacional (compuesta por 71 bancas) tiene una distribución favorable a estos sectores políticos. Los escaños están distribuidos de la siguiente manera: el PRD con 26, es la fuerza mayoritaria, el CD cuenta con 25, el PAN con 16 aunque tiene la presidencia, Molinera tiene 2, el PP 1 y los independientes 1.

La mayoría de partidos en la Asamblea Nacional se declaran de oposición, el más visible opositor es el PRD, que no está en el Gobierno desde el 2009 y que junto al Centro Democrático de Martinelli han logrado conformar mayorías y controlar la junta directiva del poder legislativo. Llama la atención que el CD se declare de oposición, teniendo en cuenta que en el 2009 confluyó con el PAN en una fórmula para derrotar al PRD. Tan sólo el Partido Popular se declara oficialista, junto al PAN, que es el partido de gobierno.

Las tres fórmulas más competitivas están encabezadas por el socialdemócrata partido PRD, quien lleva como candidato a la presidencia a Laurentino Cortizo, un empresario formado en Estados Unidos como administrador y economista, exdiputado y exministro del Gobierno de Martín Torrijos (1999-2004).

La fórmula vicepresidencial será el empresario José Gabriel Carrizo, también militante del PRD, que ha logrado un acuerdo con el Partido Molinera, que llevará como lema “Uniendo Fuerzas”, y que además llevará candidaturas unificadas en los demás distritos electorales. Por su parte, Cambio Democrático y Partido Alianza, llevarán como fórmula un binomio compuesto por Rómulo Rox, administrador de empresas formado en los Estados Unidos y el reportero Luis Casis, figura mediática que pretende dar un aire de “novedad” a la campaña del partido de Martinelli.

El Partido Panameñista, actualmente en el gobierno, será representado en la contienda por el exdiputado José Isabel Blandón, alcalde del Distrito de Panamá, la capital del país. Con un perfil nacionalista y crítico de la invasión de 1989, aunque muy cercano al actual presidente Varela, será acompañado por la líder evangelista, Nilda Quijano, quien dirigió la administración del Canal durante un largo periodo. Tres candidaturas se presentan como independientes, o de libre postulación, la de mayor proyección está encabezada por la exprocuradora Ana Matilde Gómez, defensora de derechos humanos y exdiputada que aparece con el 7,3 % de intención de voto en las encuestas, las otras dos candidaturas: Marco Ameglio, ex miembro del PAN, y Ricardo Lombana, cónsul en Washington, parecen no tener competitividad electoral.

El único candidato del progresismo es el dirigente sindical Saúl Méndez, quien representará al Frente Amplio por la Democracia-FAD, una formación que reúne sectores sociales y políticos con un proyecto democratizador y de restitución de derechos sociales, en un país con altos índices de pobreza, que según datos oficiales llega al 20,7 % y la pobreza extrema al 9,8 %, sin incluir los datos de desigualdad, precarización laboral y tercerización que mostrarían un panorama más cercano a las realidades locales, que tiene una población indígena y campesina enclavada en las provincias periféricas en situación de abandono. El sindicalista será acompañado por Maribel Gordón, una economista y catedrática con perfil de izquierda quien ha manifestado la necesidad de construir un proyecto nacional para resolver las problemáticas sociales y económicas que vive la ciudadanía.

Con este panorama se inicia la campaña electoral, son tres bloques en disputa: uno de continuidad representado por las formulas del PAN y el CD, una formula socialdemócrata liderada por el PRD, y una progresista encarnada por el FAD. Una encuesta presentada a finales de diciembre da una importante ventaja al candidato del PRD, Cortizo, con el 44,5 %, seguido por la intención de voto al candidato del CD, Roux, con 23,1 %; el PAN, registra de tercero con el 13,4 % para Blandón; Ana Teresa Gómez, independiente, con el 7,3 %. El progresismo aparece con el 1,3% de intención de voto, que lo deja muy atrás en la contienda electoral presidencial, aunque en los demás distritos podría ser más competitivo por su base territorial.

Debates y condicionantes de la campaña

Además del tema de la corrupción y el mal gobierno, recurrente en el debate latinoamericano y panameño, aparecen otros asuntos de campaña que pueden modificar las intensiones de voto y el panorama electoral. Antes de explicarlos, es preciso advertir que, de acuerdo a estudios electorales, las personas afiliadas a los partidos políticos en Panamá votan efectivamente por estos, de tal manera que existe un piso electoral previsible, donde los tres partidos mayoritarios cuentan con una fidelidad importante.

Cerca de 1,5 millones de personas están inscriptas a los partidos políticos legalmente constituidos o en formación.

El Partido Revolucionario Democrático (PRD) cuenta con 506,920 afiliaciones; el Partido Panameñista con 361,664; Cambio Democrático (CD) con 352,146; el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena) cuenta con 83,113 afiliados, el Partido Popular (PP) tiene 22,406; y el Frente Amplio por la Democracia 41723.

Por lo definido que se muestra el panorama electoral, debido a la fidelización de votantes, la campaña tendrá variantes que pueden mover otros sectores de la ciudadanía, en especial el voto joven, el menos fidelizado a un partido político y tendiente a la abstención. Cerca de 55 mil panameños y panameñas acudirán a las urnas por primera vez, y los votantes entre 18 a 30 años de edad representan el 29.9 % del padrón electoral. Las tendencias generales indican que es un electorado que se resiste a la política, muy influenciado por el sentido común del hastío político, por las claras muestras de corrupción y continuidad existente en la cintura de américa.

La tendencia general de la campaña será el tradicionalismo, pues el perfil de las candidaturas y los discursos que sostienen indican que quienes tienen mayores opciones representan el pasado, no interpelan el tutelaje de los Estados Unidos sobre el canal, que data de décadas de injerencias e intervenciones militares, no se pone en juicio el neoliberalismo y su consecuente desigualdad. Salvo las candidaturas del Frente Amplio por la Democracia y el de la independiente Ana Teresa Gómez, todas las opciones representan la vieja política, la continuidad neoliberal y el apego a los condicionantes del manejo tradicional de la política panameña, que ha logrado una hegemonía social basada en el neoliberalismo. Cualquier candidatura alternativa deberá emplearse a fondo para romper con esa continuidad y lograr una campaña creativa que motive a sectores jóvenes a votar por una opción de cambio, e incluso motivar a los adherentes de los partidos tradicionales a cambiar su voto.

Texto: Javier Calderón Castillo / CELAG. Foto de portada: EFE.

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