México-USA: ¿El final o solo una escaramuza?

El gobierno encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, AMLO para muchos, se congratuló por el sesgo positivo que atribuye a las recientes negociaciones con los Estados Unidos, luego de que Donald Trump amenazara con elevaciones progresivas de arancelas a las importaciones desde la nación azteca si las autoridades mexicanas no detenían el flujo de inmigrantes hacia la primera potencia capitalista.

Las conversaciones llegaron a “feliz término”, al menos por ahora, pues México se comprometió, entre otras cosas, a reforzar la custodia de su frontera sur con seis mil efectivos de la Guardia Nacional, y a recepcionar a los migrantes centroamericanos que ya pasaron la divisoria norte y esperan trámites de visado y refugio, apelotonados en instalaciones oficiales gringas.

Además, el acuerdo recogió la tesis mexicana (muy válida y sensata) de que el tema de la emigración ilegal hacia los Estados Unidos desde y a través de suelo azteca requiere de un empeño de ambos firmantes para eliminar los factores socioeconómicos que impulsan a decenas de centroamericanos y mexicanos a cruzar las fronteras estadounidenses en busca de una vida “más prometedora”. No se trata solo de atajar los hechos, sino las causas, ha reiterado AMLO más de una vez al abordar tan espinoso asunto.

Mientras, y como parte del protocolo de marras, Washington decidió la no aplicación del incremento paulatino de los aranceles a las mercaderías mexicanas que ingresan en suelo estadunidense, y que involucran a más de 70 % del comercio exterior del vecino sureño. Según los planes de Trump, la subida se iniciaría por un 5 %, hasta llegar a 25 %, en caso de no encontrar una respuesta adecuada de México.

AMLO ha sido claro. A su juicio haber parado el golpe económico es un triunfo, solo que no faltan los que se preguntan si para un interlocutor tan irascible, inconsistente, egocéntrico y engreído como el ocupante de la Oficina Oval, el final de esta negociación no será interpretado como una “victoria” de su tradicional política de presiones contra ajenos, como corresponde a su retorcida visión de que los pretendidos intereses de los Estados Unidos y su “destino” de “cabecera global” deben prevalecer sobre cualquier consideración.

Vale recordar que en torno a las relaciones bilaterales, Trump impuso una modificación al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (aún en camino de aprobación legislativa por los respectivos firmantes), decretó una elevación unilateral de los aranceles a las compras de acero y aluminio en México y Canadá para luego removerla de manera oportunista tras su acalorada disputa comercial con China; y ahora aprobó nuevas alzas para producciones aztecas en su afán de que los mexicanos carguen en buena medida con la responsabilidad de mantener “limpia” de inmigrantes la divisoria común, donde además se empeña en construir un enorme muro símbolo de su xenofobia y prepotencia.

Por demás, es importante tomar en consideración en todo este asunto, que al parecer el renovado “castigo arancelario” de Trump no encontró muchas simpatías entre sectores económicos gringos, toda vez que el mercado interno norteamericano recibe de su vecino sureño mercaderías esenciales, cuyo volumen contabilizó, solo en 2018, casi 347 mil millones de dólares, contra un montante de 265 mil millones en exportaciones gringas a México.

Asimismo, han dicho los estudiosos: “…muchas empresas estadounidenses, como las automovilísticas, fabrican en México aprovechando sus bajos costes (…) y una escalada de los aranceles (…) hubiese resultado corrosiva a ambos lados de la frontera”.

Lo cierto es que para los mexicanos la existencia como nación geográficamente inmediata a la cuna del imperialismo capitalista no ha sido ni será una tarea fácil. Recuérdese que los Estados Unidos cerró en el siglo XIX su expansión continental hacia el oeste y el sur a costa del despojo de la mitad del territorio mexicano, en una verdadera guerra de rapiña que incluso produjo el surgimiento, en los propios Estados Unidos, de una nueva comunidad étnica tradicionalmente proscrita, los chicanos, es decir, los descendientes de los millones de mexicanos que quedaron del lado gringo luego del atraco geofágico a que hicimos referencia en líneas anteriores.

Por demás, la inmediatez fronteriza complica aún más el escenario, al convertir a México en la vía preferencial para los centenares de miles de nacionales, centroamericanos y otros emigrantes que escapan de las pésimas condiciones socioeconómicas y políticas impuestas en sus respectivos países, con la esperanza de intentar engranarse en la “tierra prometida” de “los bravos, los libres y los justos”.

Texto de Nestor Nuñez. Cubahora

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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