Violencia y ébola ensombrecen panorama congoleño

Por Julio Morejón Tartabull

El Este de la República Democrática del Congo (RDC) sufre hoy gravemente por dos males: la violencia causada por grupos armados y la expansión de la epidemia del ébola.

Esos son dos componentes de una dinámica que desestabiliza la región de los Kivus, por la multiplicación de acciones bélicas perpetradas por docenas de facciones de diverso cariz ideológico o simples delincuentes que atacan a instituciones del Estado y a la ciudadanía.

En lo que va de año, decenas de miles de personas abandonaron sus hogares —muchos cruzaron la frontera con Uganda— en una emigración forzada por los combates de los destacamentos insurgentes contra el ejército, así como por los choques entre milicias de algún que otro jefe “tribal”.

La espiral de violencia —de la cual se informa de manera intermitente— genera una situación muy preocupante, no solo en términos de seguridad inmediata, sino también por la crisis humanitaria que acarrean los desplazamientos desordenados.

Se calcula que unas 100 000 personas huyeron durante el mes de abril por los ataques de grupos armados en la provincia de Kivu Norte, cuya población además se enfrenta al brote de fiebre del ébola que desde agosto azota a esa zona y a la cercana localidad de Ituri.

Al conflicto del Este de la RDC se le considera como el más terrible desde la Segunda Guerra Mundial, con consecuencias funestas y, según analistas internacionales, para solucionarlo se requiere un proceso de desarticulación que llegue hasta sus profundas raíces políticas, demográficas y económicas.

Pierre Jacquemot dice que hace 10 años había unos 40 000 fusiles kalashnikov solo en Kivu del Norte, lo cual ilustra el poder de fuego que desde entonces poseían los irregulares y su decisión de mantener la tensión como forma de chantaje. Esos grupos armados, por ejemplo, obstruyen los servicios en áreas afectadas por el ébola.

El conflicto en la región oriental se complica y extiende 25 años después del genocidio en Ruanda, país vecino, y 16 de la segunda guerra subregional escenificada en territorio del Congo Democrático que causó unos cuatro millones de muertos y muchos más desplazados.

Cifras menos modestas indican que en esa contienda hubo entre seis y siete millones de víctimas fatales y las principales regiones afectadas por los combates fueron Ituri y los Kivus, y aunque tales estadísticas no sean exactas ayudan a comprender la persistencia de temores respecto a cualquier escalada bélica.

Una clave para comprender el porqué de la perdurabilidad de ese evento es que los recursos congoleños son muy apreciados en el mercado internacional, adonde muchas veces llegan en forma ilegal como es el caso de la combinación colombo-tantalita (coltán), indispensable para el desarrollo tecnológico de las comunicaciones y la informática.

“(…) este país, tachado de “anomalía geológica”, posee, además del petróleo, el 30 por ciento de las reservas mundiales de cobalto, el 10 de cobre, el 80 de coltán e importantes producciones de oro, plata, diamantes, casiterita; el 60 por ciento de las selvas africanas, una enorme fertilidad de sus suelos, importantes ríos con un excepcional potencial hidroeléctrico (…)”, acota el académico Mbuyi Kabunda.

Cualquier análisis que se realice de la RDC deberá incluir que además ese Estado se ubica geográficamente en una posición estratégica por lindar con otros países de los Grandes Lagos africanos, con los cuales sus relaciones resultaron muy conflictivas entre 1998-2003.

Tras el genocidio sufrido por Ruanda en 1994, que causó entre 800 000 y un millón de víctimas mayormente de la comunidad tutsi, y hutus de conducta política moderada, la región ardió cuando la guerrilla Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (Afdlc) de Laurent Kabila derrocó al dictador zairense Mobutu Sese Seko.

Después la Afdlc rompió sus vínculos con Ruanda y Uganda, y eso desató la segunda guerra del Congo, en la cual Angola, Zimbabwe y Namibia respaldaron al gobierno de Laurent Desire Kabila, establecido en Kinshasa. La contienda comenzó en 1998 y concluyó formalmente en 2003.

Tras el asesinato en 2001 de Laurent Desire, le siguió en la presidencia su hijo, Joseph Kabila Kabange, quien se mantuvo al frente del país hasta diciembre de 2018 y en enero del actual año le sucedió en el cargo el vencedor de las elecciones, Felix Tshisekedi, quien ahora deberá enfrentar el problema de los Kivus.

De hecho, la violencia residual de la guerra concluida teóricamente en 2003 es un dilema no resuelto por las administraciones correspondientes, el exopositor deberá probar suerte y tratar de buscar estabilidad, aunque en seis meses de mandato ya ocurrió algo anormal: la primera acción del Estado Islámico (EI) en la RDC.

Hasta ahora, los efectivos del EI operaban en la franja septentrional africana, nunca tan al sur, aunque se presume que esa agrupación extremista de confesión islámica podría estar actuando desde hace tiempo a través de las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), con lo cual enmascaraba sus operaciones.

El EI reclamó la autoría de un ataque perpetrado en la oriental localidad de Beni el 18 de abril, cuando conforme con la Radio Okapi causó 15 muertos, 13 de ellos civiles, aunque los asaltantes se refirieron a 25 bajas mortales.

Esa fue su primera acción en la RDC y poco después la facción anunció la formación de Provincia de África Central, como una nueva rama del grupo en el continente, así como aseguró que protagonizó o participó indirectamente en al menos otros tres asedios en el Este congoleño.

Tal agresión ocurrió poco después de que el Ejército confirmó que en una ofensiva aniquiló a 26 efectivos de la ADF, identificada como organización terrorista creada en 1995 y cuya supuesta base más importante se halla en las montañas de la frontera entre el Congo Democrático y Uganda.

Por otra parte, continúan las demandas de organizaciones humanitarias que exigen el restablecimiento de la seguridad en la región de los Kivus para avanzar en la asistencia a las víctimas de la epidemia de ébola, que desde agosto ataca a la población de esas zonas.

Las bandas armadas asesinaron a varios trabajadores de la salud y destruyeron dependencias encargadas de atender a los enfermos de la fiebre hemorrágica. Los rebeldes amenazan con anular los esfuerzos por contener la segunda peor epidemia de la enfermedad después de la del 2014-2016 en África occidental.

El brote de la dolencia —el décimo en la historia del país— se presentó en agosto último y se propagó por la República Democrática del Congo con más de 2 000 casos. De esos pacientes, 1 346 murieron, según el Ministerio de Salud, y hoy aún se trata de detener su propagación.

Tomado de Cubahora

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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