Desde los “golpes suaves” hasta la guerra judicial: Un mismo propósito

Por José Luis Méndez Méndez.

 

El día 28 de enero de 2018, cuando en Cuba se conmemoraba el 165 aniversario del natalicio de José Martí Pérez, Héroe Nacional, quien concebía al mundo dividido entre los aman y construyen y quienes odian y destruyen, en Boston, Massachussetts, fallecía Gene Sharp, ideólogo y gestor por décadas de la destrucción de gobiernos progresistas en todo el mundo. El neoliberalismo estuvo de luto.

Su legado, inspira aún los mal llamados “golpes suaves”, que a su paso han dejado miles de muertos, heridos y secuelas imperecederas, marcando a fuego la memoria histórica de generaciones. Este diseño, ahora se articula con la “guerra judicial”, las “noticias falsas” que invaden las redes sociales y los medios con el intencionado fin de instalar objetivos clasistas.

Los nuevos golpes de Estado, en sus más variados estilos de implementarse, desde el humillante ensayo en Honduras en junio de 2009, el parlamentario de cuello blanco en Paraguay después y los más recientes armados judiciales contra Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff, Rafael Correa, la acosada Cristina Fernández y el amenazado Evo Morales, sin olvidar las ejecuciones extrajudiciales contra líderes sociales y el encarcelamiento de definidos opositores al capitalismo como Milagro Salas, encarcelada con ensañamiento por defender sus ideas y ser consecuentes con ellas.

Junto a las sistemáticas violaciones del Derecho Internacional, se une el uso indebido de herramientas jurídicas combinadas con los medios de comunicación mediatizados y al servicio de sus dueños, representativos de los intereses clasistas más retrógrados, empleados para la persecución política, el empleo de la ley como un arma para destruir al adversario político por la vía judicial.

El método, que indistintamente se identifica como “guerra jurídica” o “guerra judicial”, para ser efectivo y provocar erosión y desgaste, necesita articularse con las redes sociales y los medios de comunicación, que operan para fabricar la aceptación en contra o a favor de determinadas personalidades, grupos o sectores políticos. La aceptación o la eliminación por medio de la difamación, desmoralización del adversario político se concreta especialmente en el plano de la opinión pública, que se asume de manera subliminal, captando voluntades que se convierten en diseminadores y amplificadores de las falsas noticias con el esperado efecto psicológico, sociológico y político.

El surgimiento de nuevos actores a nivel global nos pone ante un cambio histórico, político y tecnológico que impacta a generaciones. Se impone por tanto comprender el mundo actual a través de una mirada amplía que conciba a la geopolítica, el derecho y las nuevas técnicas de la informática y las telecomunicaciones para tener un desempeño exitoso como protagonistas comprometidos en una realidad que pretende privatizar la política.

Toda la sociedad es sometida al bombardeo constante de noticias mentiras (fake news), con la intencionalidad política de digerirlas, apropiarse de ellas y asumirlas en la práctica, llega al extremo de convertir a grupos en cómplices de las mentiras sostenidas acorde con los intereses que representan los medios. Un sector priorizado son los llamados “cambiantes”, que se mueven entre la izquierda militante y la derecha definida, sobre estos indecisos la dosis de mentiras causa sus efectos esperados, para penetrar en el tejido complejo de la población que se alimenta de las redes sociales. Se forma una ecuación interactiva: redes sociales, más medios de comunicación, más sistema judicial. Dos ingredientes imprescindibles están presentes además: la economía y la política.

En Cuba, desde el triunfo de la Revolución conocemos muy bien a las “fake news”, nada novedoso hay en ellas. Recordemos que a veinte días del 1ero de Enero, se propalaba por las transnacionales informativas, que en Cuba, se estaban celebrando juicios sumarísimos sin garantías para los inculpados y “un baño de sangre” había que contenerlo. Fue la Operación Verdad, la que denuncia esta difamación, al demostrar que se respetaban los derechos de los represores de la dictadura de Fulgencio Batista, que había enlutado por varios años a la familia cubana.

Después, cuando divulgaron que los hijos serían separados por el Estado de sus padres, redactaron una falsa ley y más de 14 mil niños, jóvenes y adolescentes salieron del país sin sus progenitores, a quienes después se les negó la visa para unirse a ellos. Todo hecho con el deliberado fin de enfrentar a la familia cubana del Estado revolucionario. Esta trascendida y criminal operación Peter Pan, fue urdida en Estados Unidos, con la participación destacada y entusiasta de la iglesia católica.

Se divulgaron diversas noticias falsas cuando se preparaba el cambio de la moneda en Cuba, o los terribles comentarios sobre el origen animal de las conservas que llegaban de la Unión Soviética para palear el brutal bloqueo impuesto desde 1962 por la administración estadounidense de turno. Sería interminable relacionar todos los rumores, falsas noticias acumuladas en sesenta años de Revolución.

Hasta ahora, que no han podido contar con cómplices medios de comunicación nacionales, han empleado una guerra comunicativa por medio de la radio, la televisión subversiva, miles de horas de transmisión portadoras de mensajes difamadores, tergiversadores o alquilando plumas de aparentes periodistas financiados con decenas de miles de millones de dólares invertidos durante más de seis décadas a expensas de los contribuyentes estadounidenses, que fabrican toneladas de “fake news” sobre la realidad cubana, por orientaciones de la Usaid, la Ned, y otras agencias difamadoras al estilo de la CIA.

Algunos conceptos se han puesto de moda como: “la culpa precede a la noticia” y la “realidad no es un fin resultante”, se debe demostrar la inocencia y no la culpabilidad, que se presumen existe en el objetico atacado por medios de mensajes que se construyen para modificar la subjetividad sobre la base de supuestos falsos, que causan consecuencias políticas, mediáticas y judiciales.

Algunos de los grupos sociales vulnerables, según los diseñadores de la “guerra jurídica”, son los jóvenes, sobre los cuales se entrelazan diversos mecanismos de influencia. La religiosidad, es una de las vías más empleadas.

El 24 de mayo de 2009 el entonces papa, el alemán Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger), en su mensaje en el marco de la “Jornada Mundial de los Medios de Comunicación Social” realizó un profundo análisis sobre las nuevas formas de relación humanas en base al desarrollo tecnológico y remarcó la existencia en ellas de aspectos positivos, como la rapidez de la difusión de las noticias, y negativos, como la manipulación de la información y el uso de la misma para intereses propios.

En tal sentido, como valiosa reflexión para tomar en cuenta diez años más tarde, cabe recordar que desde que los medios de comunicación nacieron se han vuelto una gran fuente de poder e influencia social a nivel mundial y en ese marco, Benedicto XVI eligió para su mensaje a la humanidad desarrollar la cuestión bajo el sugestivo título: “Nuevas tecnologías. Promover una cultura de respeto, de diálogo y amistad”.

Hizo hincapié al respecto en que “las nuevas tecnologías digitales están provocando hondas transformaciones en los modelos de comunicación y en las relaciones humanas” y en que “estos cambios resaltan más aún entre los jóvenes que han crecido en estrecho contacto con estas nuevas técnicas de comunicación y que, por tanto, se sienten a gusto en el mundo digital, que resulta sin embargo menos familiar a muchos de nosotros, adultos, que hemos debido empezar a entenderlo y apreciar las oportunidades que ofrece para la comunicación”.

Destacó en referencia a esa “generación digital”, como la llamó, “el extraordinario potencial de las nuevas tecnologías, cuando se usan para favorecer la comprensión y la solidaridad humana” por lo que enfatizó que “Estas tecnologías son un verdadero don para la humanidad y por ello debemos hacer que sus ventajas se pongan al servicio de todos los seres humanos y de todas las comunidades, sobre todo de los más necesitados y vulnerables”.

Benedicto XVI en referencia a los teléfonos móviles y las computadoras de hace ya una década, todo ello hoy muy potenciado, remarcó que en una nueva dimensión global con la presencia de Internet ha facilitado el envío de palabras e imágenes a gran velocidad hasta los lugares más remotos y son los jóvenes quienes “especialmente se han dado cuenta del enorme potencial de los nuevos medios” lo que “era impensable para las precedentes generaciones”.

De esta nueva cultura de comunicación se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos, fuentes y descubrimientos científicos, y pueden así trabajar en equipo desde diversos lugares; además, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social”, puntualizó.

Remarcó que el apego a la comunicación social responde a la propia naturaleza humana y no solamente a la evolución tecnológica ya que “a la luz del mensaje bíblico, ha de entenderse como reflejo de nuestra participación en el amor comunicativo y unificador de Dios, que quiere hacer de toda la humanidad una sola familia”.

Pero, al mismo tiempo advirtió: “Con esta luz, al reflexionar sobre el significado de las nuevas tecnologías, es importante considerar no sólo su indudable capacidad de favorecer el contacto entre las personas, sino también la calidad de los contenidos que se deben poner en circulación” y, en ese marco su deseo de “animar a todas las personas de buena voluntad, y que trabajan en el mundo emergente de la comunicación digital, para que se comprometan a promover una cultura de respeto, diálogo y amistad”. Nada más alejado de lo que acontece con la evolucionada “guerra jurídica” actual.

Por lo tanto, quienes se ocupan del sector de la producción y difusión de contenidos de los nuevos medios, han de comprometerse a respetar la dignidad y el valor de la persona humana. Si las nuevas tecnologías deben servir para el bien de los individuos y de la sociedad, quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio y la intolerancia, envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos”, remarcó al respecto.

Y agregó que para las nuevas relaciones “den fruto, se requieren formas honestas y correctas de expresión, además de una escucha atenta y respetuosa. El diálogo debe estar basado en una búsqueda sincera y recíproca de la verdad, para potenciar el desarrollo en la comprensión y la tolerancia. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias; es más bien la búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza” por lo “No hay que dejarse engañar por quienes tan sólo van en busca de consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el bien, la novedad se confunde con la belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad” (1).

Tras destacar la importancia de la amistad como un gran bien entre los seres humanos y en eso las relaciones comunicacionales no deben reemplazar a la interrelación social real sino complementarla al tiempo de que “se ha de procurar que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible a todos” ya que “sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o si contribuyeran tan sólo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana”.

Coincidentemente, su sucesor, el argentino Francisco I, al referirse al mismo tema en una nueva jornada referida a la comunicación social, expresó: “El ambiente mediático es hoy tan omnipresente que resulta muy difícil distinguirlo de la esfera de la vida cotidiana. La red es un recurso de nuestro tiempo. Constituye una fuente de conocimientos y de relaciones hasta hace poco inimaginable. Sin embargo, a causa de las profundas transformaciones que la tecnología ha impreso en las lógicas de producción, circulación y disfrute de los contenidos, numerosos expertos han subrayado los riesgos que amenazan la búsqueda y la posibilidad de compartir una información auténtica a escala global”.

“Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber; pero también es cierto que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito”.

El principal mito de las maquinaciones de Gene Sharp, para derrocar gobiernos legítimamente constituidos, es que estos golpes supuestamente se producen de manera suave y sin consecuencias. En realidad todos han derivado en confrontaciones sangrientas, con secuelas físicas y mentales para la sociedad involucrada.

Deja cicatrices en la memoria histórica, son heridas que no cierran. No se trata de una aplicación equivocada de lo diseñado o una mala interpretación de lo orientado, tampoco de efectos de la resistencia de los gobiernos ante la amenaza de ser derrotados. Es la esencia de la confrontación clasista, la que hace llegar al neoliberalismo chorreando sangre como lo señalado por Carlos Marx, al sentenciar que el capitalismo desplazaba al feudalismo, “chorreando sangre”.

Hasta el título auto elegido de “el padre de la Revolución no violenta”, es una fake news, en toda su dimensión. Los intentos contemporáneos en diversas partes del mundo así dan fe, ningún cambio ha sido no violento, ni en su concepción ni en su desarrollo. En Venezuela, han sido cientos las víctimas, también en Nicaragua, en Honduras, por citar ejemplos cercanos. Si buscamos en la antigua Yugoslavia, los crímenes de odio se contabilizan por miles, las limpiezas étnicas en esa balcanizada región se acercan al holocausto. Lo más hipócrita es que en el año 2012, Sharp recibió el llamado “Premio Vida Correcta”, su vida promoviendo cambios y provocando muertes y destrucción no fue nada correcta.

Se asegura que durante décadas estudio las vulnerabilidades de regímenes, certificados por el sistema imperial como “corruptos y represivos”, al etiquetarlos de esa manera se convertían de hecho en un pretexto para “satanizarlos” listos para ser sacrificados. Por lo general se han tratado de gobiernos que contrario a los designios del imperio han tratado de edificar un propio destino con amplio respaldo popular y tendencia progresista y de distribución equitativa, para la construcción de un mundo mejor.

Donde ha triunfado la fórmula de Sharp, los resultados a mediano y largo plazo han sido catastróficas para la sociedad, que ha perdido las pocas conquistas alcanzadas, se ha instalado un neoliberalismo rapaz, donde el bienestar humano es lo que menos importa.

Ninguna de las llamadas “revoluciones de colores”, de “las flores” han sido para mejor, todo ha sido un fiasco engañoso. El mérito indiscutible de este maquiavélico ser, es haber concebido las vías para que el capitalismo se perpetué y saque lo peor del ser humano.

Gene Sharp dijo: “Algo inusual está sucediendo en todo el mundo: es el pueblo sin armas el que está venciendo” otra fake news, son acusadoras las imágenes de las llamadas “guarimbas” en Venezuela, donde enardecidos manifestantes profesionales tarifados, emplean armas de todo tipo, hasta incendiarias para promover sus ideas pacifistas. Si echamos una mirada al pasado recordaremos a la Cruzada Civilista Nacional en Panamá, creada por agencias estadounidenses e inspiradas en el Movimiento Nacional por unas Elecciones Libres y democráticas, que tras intensos disturbios derrocó a Ferdinand Marcos en Filipinas. Todos recordamos las miles de víctimas consecuencia de la invasión militar “liberadora” de Estados Unidos a República Dominicana en 1965 y a Panamá en 1989.

En Siria e Irán, se cuentan por miles las víctimas tras más de seis años de invasiones mercenarias con el patrocinio de los “aliados” en una coalición que victimiza a la población civil. El método se anuncia y promociona de manera sugestiva, basta con certificar, práctica común en Estados Unidos, a cualquier país, demonizarlos y la respuesta de qué hacer para derrotarlo está en el libro: De la dictadura a la democracia, es como un manual de auto ayuda, que brinda las respuestas a las preguntas que se necesiten para alcanzar el objetivo intervencionista de inmiscuirse en los asuntos internos de los pueblos y cambiarles el rumbo. En sus 198 métodos supuestamente no violentos para alcanzar el fin, desarrollados en el libro, están los componentes que engendran la violencia.

Se centra en la desobediencia civil. El caso de Panamá se gestó entre 1987 y 1989, cuando los empleados bancarios y otros aliados, salían al mediodía con pañuelos blancos y se paseaban en autos del último modelo por avenidas, como la famosa Calle 50, mientras, en paralelo, grupos pagados, quemaban neumáticos, volteaban desperdicios y le prendían fuego, dañaban teléfonos públicos, obstaculizaban el transporte público, hacían cortes de carreteras y urdían golpes militares como los ejecutados en 1988. Todo este caos seguía las pautas de Sharp.

La esencia de la teoría de Sharp es: las fuentes del poder del gobernante dependen de la obediencia y cooperación de los sujetos.

Esto puede llamar la teoría del consentimiento del poder. Sin el consentimiento de los sujetos—sea su apoyo activo o su aceptación pasiva del gobernante, éste tendría poco poder y poca base para gobernar. Hay una agenda oculta, no declarada: la violencia acompañante y provocadora, que ha estado presente en cada ensayo.

Hasta organismos internacionales con premeditación o impericia, le hacen el juego a las enseñanzas desestabilizadoras de Gene Sharp, aprueban realizar investigaciones sobre temas relevantes en países, por ejemplo sobre Derechos Humanos y sus informes resultan parcializados, orientados a instalar en la Comunidad Internacional una imagen distorsionada de la realidad del país estudiado. Sus “investigadores” hacen turismo diplomático, presentan resultados carentes de objetividad, no van a la esencia de las causas, no abordan las consecuencias, son decenas de páginas carentes de datos fidedignos, tomados de fuentes alejadas de la realidad a investigar, sirven de pretexto para proponer medidas políticas y diplomáticas construidas sobre falsos supuestos.

Un caso reciente es el impresentable folleto de una comisión mandatada y financiada por la ONU, para conocer la supuesta “realidad” de los Derechos Humanos en Venezuela. Sus redactores veranearon por varios países en busca de “objetividad”, de testimonios inspiradores de sus conclusiones. Fue un rotundo derroche de los fondos que la ONU deposita para estudios serios supuestamente inspirados en las mejores intenciones.

Llama la atención, que aún no se habían conocido los detalles del mencionado informe, cuando Sebastián Piñera, confeso enemigo de la Revolución Bolivariana, clamaba sanciones contra Venezuela ante el Tribunal Penal Internacional y advenedizas figuras políticas europeas se apresuraban a calificar de “lapidario” al panfleto de marras, sin apenas haberle dado una lectura ligera a este nuevo armado de fake news. Lo mejor que tiene el impreciso documento, es lo falso que es.

Una necesidad urgente, dentro de las reformas que clama la Comunidad Internacional, para ser aplicadas en la ONU, es realizar auditorías imparciales, que demuestren a dónde han ido y van a parar los millones de dólares que más de 190 países entregan anualmente como cuotas a ese organismo para mantener la paz mundial y no para contaminar a la opinión pública con resultados como los que ofrece el comentado e impreciso documento.

 

Nota

(1) Tomado de un artículo del periodista argentino Fernando José del Corro, TELAM, Argentina, 2019.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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