Una criatura excepcional

«He vivido, enseñado y aprendido en muchos países, publicado más de 20 libros, conversado con centenares de personas, pero nada fue, ni de lejos, tan importante como haber conocido a Fidel», confesó el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar.
«He vivido, enseñado y aprendido en muchos países, publicado más de 20 libros, conversado con centenares de personas, pero nada fue, ni de lejos, tan importante como haber conocido a Fidel», confesó el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar. Foto: Archivo de Granma

Solo por el hombre del que hablaríamos aquella tarde de mayo él aceptó la entrevista. Fue hace apenas tres meses cuando llegamos a su casa del Vedado, allá por las calles H y 23, y desde el saludo de su hija en el portal comprendimos que Roberto Fernández Retamar, uno de los intelectuales más lúcidos de Cuba, no estaba bien de salud, pero a pesar de ello nos recibiría para ir tras sus recuerdos y anécdotas sobre el líder de la Revolución Cubana.

No fue la nuestra una conversación de butacas y tazas de café, sino una mucho más íntima de esas donde los hombres se abren el pecho a todo dar y sacan de lo más hondo, las palabras que quieren que el viento no se lleve y perduren como escritas en las piedras. Allí donde atrapó los últimos sueños y desvelos encontramos a Retamar, enfermo, rodeado de libros, pero lúcido y decente como siempre.

«Dentro de unos días voy a cumplir 89 años, edad a la que llegaré si los dioses son propicios, porque últimamente me han ocurrido muchísimas cosas», fue de las primeras ideas que nos dijo; y así, como robándole minutos a la vida durante casi dos horas lo escuchamos hablar del Fidel que vio por vez primera en su juventud universitaria, y del guerrero, estadista e intelectual que nació y creció en la lucha revolucionaria, y se convirtiera después en su amigo.

A sus 88 años entre letras y batallas, Retamar confesó que había vivido, enseñado y aprendido en muchos países, publicado más de 20 libros, conocido centenares de personas, pero nada fue, ni de lejos, tan importante como haber conocido a Fidel, «una criatura absolutamente excepcional que, para mí, solo es comparable con Simón Bolívar y con José Martí, esa es la tríada gigantesca de nuestro continente».

CON PERFIL DE HÉROE GRIEGO

Corrían en Cuba los años 50 del siglo pasado y los jóvenes llenaban los escalones, los bancos y las aulas de la colina universitaria. Fue por esos días que coincidieron en el mismo sitio Retamar y aquel Fidel veinteañero.
«Como había una pequeña diferencia de edad entre nosotros en la Universidad no nos llegamos a conocer; él estudiaba Derecho, yo primero Arquitectura y después Filosofía y Letras. Ya Fidel era alumno por la libre, o sea, que no asistía regularmente a clases, sino que iba a exámenes, de manera que nos vimos pocas veces, pero nos vimos».

En ese entonces los dos jóvenes pertenecían a varias organizaciones, como el Comité 30 de Septiembre, coordinado por el Presidente de la Asociación de Derecho, Baudilio Castellanos, Bilito, quien después sería abogado de los asaltantes al Moncada; o a la feu, que tenía un sector favorable a la liberación de Santo Domingo en el Comité Pro Democracia Dominicana.

«Por eso Fidel se involucró en la que sería conocida como la expedición de Cayo Confites, que desgraciadamente fracasó. Pero a pesar de esas coincidencias, Retamar afirma que en aquellos tiempos nunca se encontraron. «Jamás hablamos cara a cara, cosa que lamento mucho, pero sí lo recuerdo muy bien, y lo he contado».

De esos relatos volvió a su memoria un día en el que los estudiantes habían tomado la Universidad de La Habana. «Ya no recuerdo por qué motivo, supongo que para impedir que aumentara el pasaje o algo así. Lo cierto es que estábamos merodeando por la Plaza Cadenas y frente a lo que era entonces la Escuela de Ciencias había una tarima donde los estudiantes hacían obras de teatro, y ahí se encaramó Fidel.

«Me impresionó mucho, porque su perfil era el de los héroes griegos, es decir, de Aquiles, aquel que aparece en La Edad de Oro, de La Ilíada, y entonces empezó a hablar: Compañeras y compañeros; y en un momento dado dijo: “Hace mucho calor aquí, así que yo los invito a marchar todos hacia el Palacio Presidencial a hacer nuestras presiones”. Yo me quedé estupefacto, porque era la primera vez que oía a Fidel hablar y realmente era un orador extraordinario, se llevó a la masa consigo».

ANTE TODO, GUERRILLERO

Después, en la vorágine de los días de la lucha, aquel joven impetuoso de voz que estremecía se le perdió a los ojos de Retamar; pero pasados los años lo vería muchas veces más. Una de ellas fue en un encuentro del Comandante con los intelectuales cubanos en junio de 1961.

«Da la casualidad que yo estaba sentado al lado de donde se paró Fidel a dar su extraordinario discurso, palabras que siguen siendo una guía. Hubo otros momentos con Fidel. En dos ocasiones me invitó a que lo acompañara a la toma de posesión de dirigentes latinoamericanos, una a Brasil y otra a Venezuela.  En Brasil recuerdo, particularmente, la brillantez de sus ideas, porque un politicastro español llamado Felipe ­González ­había dicho, en el momento de la debacle del campo socialista, que Cuba tenía que cambiar como los demás países llamados socialistas o de lo contrario íbamos a ser como Numancia –una pequeña ciudad española que combatió a los romanos hasta la muerte, se dejaron asar–, o sea, que lo que decía este politicastro era que si no hacíamos lo que él nos sugería, nos iban a matar a todos.

«Entonces Fidel, con su prodigiosa inteligencia y erudición dijo:  No, si tenemos que hacer como Numancia, seremos Numancia a mucha honra, pero nuestra esperanza es ser como el pueblo español, cuando a principios del siglo xix combatió contra las tropas napoleónicas y las venció; si no fuera por eso, ahora estarían hablando francés. Yo me quedé boquiabierto, realmente era de una inteligencia deslumbrante».
Del Comandante las anécdotas no se le terminan al poeta. Recuerda entonces cuando en vísperas de ese viaje a Brasil, quienes acompañaban al Comandante no estaban junto a él, sino en un local más o menos resguardado, y alguien fue hasta allá a decirle: Fidel te ha nombrado.

–¿A mí?

–Sí. Dijo: en la delegación va a ir con nosotros el Quijote cubano.

Y en lo adelante Retamar fue siempre para Fidel el Quijote, nunca lo llamó de otro modo.

«Un tiempo después, precisamente en la casa de Armando Hart, se encontraba Fidel con una serie de invitados extranjeros, y estaba Raúl, y Fidel se dirigió a mí y le dijo: “¿Qué te parece, Raúl, el Quijote cubano?”.  Dijo Raúl: “No, Fidel, él no quiere ser Quijote, él quiere ser Cervantes”.  Yo no pensaba que Raúl tuviera ese grato ingenio y en lo adelante él me dijo Cervantes, nunca me dijo Quijote.

«Bueno, en el viaje a Venezuela hablamos de muchas cosas, tuvo la gentileza de preguntarme qué tal había estado él. Estuvo, desde luego, muy bien.

«En un momento dado una periodista norteamericana le hizo una ­pregunta tramposa, a la cual Fidel respondió como solemos hacer nosotros, los varones cubanos, con cierto rasgo machista, que eso tú sabes que para las feministas es fatal y para las feministas estadounidenses, mortal. Me dijo: “¿Qué te pareció mi intervención?”. “Bueno, Comandante, me pareció muy buena, pero debo decirle –esta es mía– que la periodista lo entrampó y le hizo una pregunta a la que usted respondió como hubiera respondido yo como machista”, y él no dijo nada.  Pero cuando en Cuba se pasó el documental, no estaba esa parte.  O sea, por esas y muchas otras razones es que Fidel sí aceptaba críticas, sí aceptaba comentarios que no siempre coincidían con los suyos.

«Más de una vez le dije: Usted no es solo un guerrillero, usted es un intelectual. Por supuesto que lo era, era un superintelectual, pero no le gustaba que se lo dijeran. Le pasaba como a Martí, que prefería que lo tomaran como guerrero que como un intelectual».

SE EXTRAÑA A FIDEL

Retamar es un hombre viejo cargado de futuro. Tiene tanta luz en el pensamiento que los años no se atreven a opacarle las ideas, y él habla como si el tiempo no hubiera mellado su cuerpo. Por eso es dueño de instantes valiosísimos que muchos hubiésemos querido escucharle durante horas, como aquellos que conserva tan claros sobre la amistad entre Hugo Chávez y Fidel.

«Parecían padre e hijo, aunque cuando nació Chávez, Fidel ya estaba en la cárcel, o sea, era de otra generación más joven; pero llegaron a tener una identificación verdaderamente extraordinaria.

«Chávez quería mucho a Fidel, aprendió mucho de él; pero tenía también lo suyo, aportó también lo suyo, no se limitó a recibir, dio también. La nueva Venezuela, la Venezuela bolivariana y chavista debe inmensamente a Fidel, pero debe también a Chávez, que realmente hizo mucho y su muerte ha sido una tragedia tremenda. Tenemos que apoyar a Maduro y al pueblo venezolano con toda nuestra fuerza, pero la pérdida de Chávez es una pérdida verdaderamente terrible»

Y la vida le permitió también a Retamar ser testigo de la amistad del Comandante y el Che, y también del cariño entre Raúl y Fidel. «Yo he aplicado al Che y a Fidel algo que ahora voy a aplicar a Raúl y a Fidel, la definición que daba Aristóteles de la amistad. Él decía: “La amistad es un alma que vive en dos cuerpos”, así eran Fidel y Raúl, y así eran Fidel y el Che.

«Cuando me preguntan si Fidel y el Che discutieron… Hombre, yo no dudo de que hayan discutido alguna vez, todos hemos discutido alguna vez, pero el vínculo entre Fidel y Raúl, entre ­Fidel y el Che, es indestructible».
–Y hoy, cuando ya no está, ¿se extraña a Fidel?

–Lo extraño todos los días de mi vida.  Yo creo que en la historia de la humanidad no hay muchos hombres como Fidel, no ya en Cuba, no ya en América, en el mundo. Hay que remontarse a figuras excepcionales como lo era él realmente. Yo pienso en Fidel, como pienso en el Che y como pienso en Martí, constantemente. Personas así no solo no deben morir, sino que en cierta forma no mueren nunca.

Tomado de Granma

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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