Señor Trump, no pudo bloquear mi porvenir

Texto y fotos de Dailenis Guerra Pérez / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Los que me forjaron se conocieron en la escuela formadora de maestros José (Pepito) Tey en Las Tunas. Los mismos intereses, edades similares y la casualidad de tener que compartir la misma carretera para llegar al centro educacional, les permitieron tomar juntos también el rumbo de la vida por ya más de 30 años.

Mi padre nunca llegó a ver su título de maestro, pues una lesión en su mano le impidió para siempre escribir correctamente. Hoy es económico y a ella le ayudé a culminar su tesis de maestría en Español-Literatura, pues entre el atender a dos niñas, más de 20 alumnos, y a una casa, sus dos manos apenas tenían tiempo para transcribir la disertación en una computadora.

Crecí entonces entre el olor a biblioteca, con el aroma a tinta fresca en pálido papel que expanden los libros recién salidos de la imprenta. Adentrándome en aventuras y novelas de amor decidí estudiar el “oficio más bello del mundo”, como dijo el Gabo. Cuando mami supo que su pequeña se iba de casa con solo 15 años no mostró mucho dolor. No la desveló el saber que viajaba sola en un ómnibus escolar, que no supiera de mí por 5 días, que no tuviera idea de qué comía, si dormía,si salía bien en las pruebas,si me adaptaba a la nueva vida.

A mis progenitores los separaban 37 kilómetros desde mi municipio hasta la cabecera provincial, donde se encontraba el pre vocacional. No sintieron nunca temor, pues sabían que mi vida, salud y porvenir estaban seguros, como estuvieron ellos durante su etapa estudiantil. Conocían muy bien las limitaciones de un país que salía de un período especial muy duro. Las propias restricciones económicas de la familia también las vivían en carne propia, pero mi formación fue desde el primer momento sagrada.

Y no solo porque mis padres llevaban el “evangelio vivo” de José de la Luz y Caballero en el alma, sino porque en Cuba la educación, después del triunfo revolucionario, se convirtió en prioridad.

Cuando se acerca septiembre y veo desde afuera las ventas de uniformes, las tiendas llenas de madres con niños en busca de mochilas, merenderos y otros accesorios, me aferro a mis días de uniformes y juveniles pasillos, llenos de aspiraciones.

Mis recuerdos navegan a otros años, cuando los viajes se hicieron más largos, ya no llevábamos uniformes y todos habíamos decidido qué camino tomar en la vida. Sí, años de aferrada alegría, juventud, energía. Años de amores incomprendidos, de amistades eternas, los mejores. Pero me aferro también a las memorias más oscuras. Como los de hoy, aquellas limitaciones que teníamos los estudiantes a causa del bloqueo económico que trata de asfixiarnos, eran muchas.

Me inquietaba bajar 4 pisos y subir luego la misma cantidad para llegar a un laboratorio donde se hacía muy difícil la conectividad a internet desde el dominio .cu para consultar libros de textos. Aunque eran suficientes los recursos que la administración nos entregaba, eran reconocidas las limitaciones en confort, inmuebles y materiales escolares.

En más de una ocasión conocimos del enorme gasto que realiza el país en alimentación, medicamentos y resguardo; sumado a las inconvenientes para el intercambio académico, la negación de visas a mis profesores e imposibilidades para la renovación tecnológica; efectos que me golpearon en la Universidad de Camagüey, a causa del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba por los Estados Unidos.

Esta situación no era particular de mi casa de altos estudios, la educación en todo el país sufre las envestidas del bloqueo. Y aunque muchos héroes y heroínas desde el anonimato se esfuerzan el doble para que el estudiantado cubano no perciba tales efectos, son importantes los daños económicos que ha dejado ese flagelo.

En la Isla nos acostumbramos a un magisterio de excelencia cuando se han dejado de percibir ingresos por la exportación de servicios, hay limitaciones en las transacciones financieras, imposibilidades para acceder a financiamientos y se nos niega el acceso a más de 200 sitios web alojados en servidores de EE.UU.

En cinco años sucedieron muchas cosas. El tiempo se encargó de que mi grupo despidiera a muchos. Nos graduamos los sobrevivientes, los que dimos y valoramos todo. Porque injusto aquel que no luchó por una profesión gratuita, que no correspondió con desvelos entre letras y poetas renombrados, que no logró ver la luna y luego el sol mientras teorizaba análisis de la comunicación o se volvía protagonista griego de la literatura universal.

Desagradecido aquel que se entregó a los brazos de Morfeo, el que creyó que sin acariciar sus propias anotaciones sí se podía. Desagradecido aquel que no valoró a mi país, que como padre que abraza y se desdobla en esfuerzos por el bienestar de sus hijos, nos entregó el saber con sus manos. Las mismas que sintiendo tormentas por más de 60 años, aún mantienen la resistencia.

La misma Isla que aferra el anhelo de un buen porvenir cuando palpa los rostros inconscientes que aprenden ahora a dar los primeros pasos. Una Cuba transparente, que pare sus hijos pero no corta el cordón umbilical, se aferra a ella hasta despojarse de la piel si es necesario.

Y aquí sigue la Cuba necia que no comprende de muros ni ataduras; contra un bloqueo que sigue recrudeciéndose intentando en vano ser más fuerte. Ahí llega, un curso escolar que traerá nuevos desafíos y sueños. Ahí vienen también los agradecidos, los que nos siguen y serán, como grabado, la estampa de aquella misiva martiana de ser el país más culto del mundo.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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