EEUU: El terrorismo de Estado, sigue vigente

Por José Luis Méndez Méndez/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Tal y como ocurrió el 6 de octubre de 1976, cuando un acto de terror derribó en pleno vuelo un avión civil cubano, que causó la muerte de setenta y tres personas, de ellas cincuenta y siete cubanas, el terrorismo de Estado sigue vigente en la política de la administración republicana de Donald Trump contra Cuba.

Ahora, se emplean los métodos terroristas para derrocar a la Revolución cubana, asfixiar su economía, inmovilizarla al tratar de impedir la llegada de combustible al país, generar y propalar toda clase de calumnias para atemorizar a turistas, perseguir y sancionar a quienes se oponen al bloqueo genocida, así como mantiene la amenaza y la intimidación como costumbre de su política oficial.

A mediados de junio de 1976, un grupo de terroristas anticubanos radicados dentro y fuera de los Estados Unidos se reunió en una hacienda de la región de Bonao, República Dominicana, para diseñar y ejecutar la proclamada “guerra por los caminos del mundo”, ofensiva de agresiones contra Cuba y otros países.

Asistieron además, según diversas fuentes, representantes de la DISIP de Venezuela, la DINA, de Chile, y la omnipresente, cuando de agresiones se trata, CIA estadounidense. El objetivo era organizar una extensa campaña terrorista contra intereses y personal de Cuba y contra aquellos países de varios continentes que mantenían relaciones con la Isla. Se ha establecido, que se efectuaron dos reuniones, una de los principales organizadores del encuentro para encauzar los esfuerzos criminales y otra de los operadores, es decir de los hombres que participarían directamente en la realización de los actos de terror.

El general fascista chileno Manuel Contreras Sepúlveda aseguró el 19 de julio de 2004, que participaron Luís Posada Carriles, quien había sido alto jefe de la DISIP de Venezuela y Michael Townley, agente de la CIA radicado en Chile y uno de los terroristas más activo de la Operación Cóndor, al servicio de la DINA.

También el terrorista Aldo Vera Serafín, quien había ya colocado bombas contra representaciones cubanas en Europa, particularmente en la Embajada de Cuba en Francia y participado en el atentado contra el Embajador de Cuba en Buenos Aires, Argentina en agosto de 1975.

Como medida para confundir los terroristas dijeron que la reunión se había efectuado en San José de Costa Rica, lo cual parece imposible ya que el principal mentor de este encuentro fue Orlando Bosch, quien precisamente entre enero y marzo de ese año había sido detenido en ese país por intentar asesinar al opositor al golpe militar y líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, de Chile, Andrés Pascal Allende y a su esposa.

Otro elemento revelador es que fuentes de la policía de Miami, en audiencias de varios comités de Inteligencia del Congreso de Estados Unidos, efectuadas el 8 de mayo de 1976, aseguraron que sus fuentes radicadas en Sudamérica habían informado que el terrorista Orlando Bosch atentaría también contra el secretario de Estado, Henry Kissinger, cuando visitara a ese país centroamericano.

El plan contra el también sobrino del ex presidente de Chile, Salvador Allende, había sido ordenado por la DINA. El terrorista de origen cubano Rolando Otero Hernández, quien se decía llamar “Cóndor”, había recibido un plan similar. Este criminal, era solicitado por las autoridades estadounidenses, por haber colocado siete bombas en Florida en diciembre de 1975. Posteriormente fue deportado de Chile, a donde ingresó desde Venezuela, allí había sido reclutado por Luis Posada Carriles.

Cuando se oficializó la alianza terrorista titulada Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, CORU, como colofón de la reunión de Bonao ya estaba estructurado y en curso un vasto plan, con grandes recursos financieros, logísticos, con aseguramiento en documentación, armas y explosivos, estudios previos realizados de los blancos a atacar y una coordinación cohesionada para actuar. Estallar aviones civiles en pleno vuelo, eran parte priorizada del plan.

Los planes de derribar en pleno vuelo aviones cubanos y de líneas aéreas de otros países se incrementaron con relación a similares intentos en los años previos. El control y seguimiento de las autoridades especializadas norteamericanas sobre las actividades de los terroristas de origen cubano tuvo total complacencia, solo citaremos, que en el informe resumen secreto desclasificado del FBI, sobre el accionar de la CORU, participación de ocho de sus fuentes, que reportaron diariamente sobre el quehacer terrorista de los criminales.

No solo el FBI, daba seguimiento a los delincuentes, también la Agencia Central de Inteligencia estaba al tanto al menos en los tiempos en que era su Director George H. W. Bush, así lo acredita el informe secreto DB-315/06286-76, distribuido el 22 de junio de 1976 y desclasificado en 1997.

El texto advierte, que fue hecho por fuentes y métodos de inteligencia sensibles y no se le debía dar acceso a extranjeros. Los países afectados por su contenido eran Cuba-Panamá-República Dominicana y había sido producido el 21 de junio de 1976. El título llama al estremecimiento: Posible plan de los exiliados cubanos extremistas para volar un avión cubano.

El informe alertaba que: “Un grupo de exiliados cubanos extremistas, del cual Orlando Bosch, es el líder, planea colocar una bomba en un avión de Cubana de Aviación, que viaja entre Panamá y La Habana. El plan original de esta operación consistía en colocar dos bombas el 21 de junio de 1976 en el vuelo 467, que tiene un itinerario que sale de Panamá a las 11:15 antes meridiano, hora local”.

Las autoridades cubanas no fueron alertadas por las autoridades estadounidenses de este estructurado plan, que se organizó una semana después de la creación de la mencionada CORU. Cuando el terrorista Luis Posada Carriles es detenido en Venezuela por estar involucrado en el derribo del avión cubano en Barbados, en su oficina se encontraron los movimientos de todas las rutas de Cubana de Aviación en el Caribe.

El informe era extremadamente preciso, se añadía que Orlando Bosch, residía entonces en República Dominicana, donde se había producido la reunión de Bonao y algo que ratifica lo expresado: La fuente reveló, que el terrorista había sido arrestado en Costa Rica en febrero de ese año 1976. El Gobierno de Estados Unidos, tenía todos los detalles para disuadir tan abominable plan.

Otro apartado del documento oficial norteamericano reiteró que se había trasladado la información al Departamento de Estado, a la Dirección de Inteligencia del Ejército, a la Marina, a la Aviación, al FBI y a otras agencias.

Es decir, varias agencias norteamericanas conocieron, con tiempo de anticipación, con detalles, que los terroristas de Orlando Bosch derribarían un avión en pleno vuelo, y no hicieron nada absolutamente por evitarlo. Para colmo este asesino era buscado por las autoridades judiciales de Estados Unidos, por haber violando su libertad condicional y haberse fugado en 1972.

La decisión de hacer estallar un avión cubano en pleno vuelo estaba tomada por los terroristas como acto priorizado y prepararon varias alternativas. Quince días después de esta tentativa, el 9 de julio de 1976, los criminales probarían nuevamente alcanzar su objetivo, cuando colocaron una bomba dentro de una maleta que sería puesta a bordo de un avión civil cubano en el aeropuerto de Kingston, Jamaica, la cual estalló en la pista.

A bordo del avión volarían 29 pasajeros de nacionalidad cubana, jamaicana, dominicana, británica, argentina y norteamericana. Se trataba de un itinerario regular que dos veces por semana recorría Jamaica, Barbados, Trinidad & Tobago, y Guyana y después regresaba a La Habana. La organización CORU, se adjudicó el acto terrorista el día 10 de julio por medio de un comunicado difundido por medios de prensa en Miami. Ese mismo día una bomba explotó en la oficina de Cubana de Aviación en Barbados y el 11, a un mes de creada la CORU, esa banda criminal colocó una bomba que estalló en las oficinas de la línea aérea Air Panamá en la capital colombiana, que causó grandes daños materiales.

Ahora, documentos secretos estadounidenses desclasificados sin enmiendas, revelaron que el terrorista de origen cubano Pablo Gustavo Castillo Díaz, preparó esa bomba. En su pasaporte norteamericano E 418511, en las páginas 12 y 13, aparece el selló que da fe que entró a Jamaica el 6 de julio de 1976, lo cual lo colocó en la escena del crimen,

Este hecho tuvo varios intentos anteriores. El 23 de noviembre de 1972, un comando de la organización Gobierno Secreto Cubano, nuevo nombre dado por Orlando Bosch a su banda, se adjudicó haber colocado una bomba contra un avión civil cubano en Kingston, Jamaica.

El 10 de enero de 1975, nuevamente un avión cubano en el mismo aeropuerto fue atacado, esta vez se lo adjudicó el grupo terrorista Frente de Liberación Nacional Cubano, FLNC, colocaron una bomba, estalló y ocasionó daños considerables.

El proceso de aproximación de los terroristas para alcanzar su objetivo de derribar un avión civil cubano en pleno vuelo continuaba después de los fracasos en Panamá el 21 de junio de 1976 y en Jamaica el 9 de julio de ese mismo año.

En paralelo el criminal internacional Luis Posada Carriles, había enviado a la zona del Caribe a dos de sus secuaces venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo Lozano, a estudiar las instalaciones de la línea aérea Cubana de Aviación y de otros países que mantenían relaciones con Cuba.

El 18 de agosto la CORU de Bosch, colocó sendas bombas contra las oficinas de Cubana de Aviación en la capital de Panamá y en su sede en el aeropuerto internacional de Tocumen.

Los estudios realizados por los mercenarios venezolanos enviados por Posada Carriles, determinaron que era factible volar el avión civil cubano, que desde el 7 de octubre de 1973 hacía el recorrido por el Caribe en la ruta Guyana-Trinidad y Tobago-Barbados-Jamaica y Cuba y hacia ese objetivo encaminaron los detalles para ejecutar el acto de terror. Lo harían, quienes mejor conocían el terreno por haberlo estudiado: Lugo y Ricardo.

El mencionado Castillo Díaz, quien después de participar en el intento de secuestro del Cónsul cubano en Mérida, Yucatán el 23 de julio donde fue asesinado el técnico cubano Artaigñán Díaz Díaz, escapó de México, tuvo un breve tránsito en Miami y después se refugió en Venezuela, preparó las dos bombas con sus componentes explosivos e incendiarios, el mecanismo que las detonaría y les dio, a los mercenarios venezolanos, el entrenamiento necesario para ejecutar la acción.

El día 5 de octubre todo estaba listo para comenzar la operación terrorista, Bosch, quien había llegado a Caracas en septiembre, convocó a todos los conjurados para el local de la llamada Asociación Patriótica José Martí en esa ciudad. Terminado el control de todos los pasos a realizar, los terroristas cenaron y brindaron por el éxito.

En resumen, los mercenarios con pasaportes falsos abordarían el vuelo 228 de Pan American en ruta de Caracas a Puerto España, Trinidad y Tobago a donde arribaron el 6 de octubre en las primeras horas de la madrugada, llevaban las bombas.

Horas después abordaron el vuelo CU 455 de Cubana de Aviación con destino a Barbados. El martes 5 de octubre a las 8:35 de la mañana había llegado al aeropuerto Timerhi, en Guyana. A las 10:57 despegó con destino a Trinidad y Tobago, allí subieron a bordo los dos venezolanos pagados por Posada Carriles con destino al aeropuerto de Seawell, en Barbados.

El vuelo estaba demorado debido a la espera de una delegación cultural de la República Popular y Democrática de Corea, integrada por cinco personas, que iban a viajar a La Habana en ese vuelo.

Ambos se sentaron en la cabina económica y durante los 32 minutos que duró el vuelo, colocaron las bombas activadas en dos lugares seleccionados. Una en la propia zona donde estaban sentados y la otra en uno de los baños.

Estimaban que ambas explosiones ocurrirían a la vez, cuando el avión estuviese a gran altura entre Barbados y Jamaica, lo que haría difícil determinar el origen de acto de terror y poder recuperar restos de la aeronave y de las personas a bordo.

Todo el financiamiento de la operación lo había proporcionado el ginecólogo cubano radicado en Venezuela Hildo Folgar, quien había sido médico personal de la familia del coronel de la policía de Fulgencio Batista y torturador Conrado Carratalá Ugalde.

El vuelo CU 455 se elevó a las 10.49 hora local y arribó a Seawell a las 11:21. Después de dejar las cargas mortales, los criminales descendieron y desaparecieron hacia la capital barbadense.

Mientras el avión cubano se preparó para su travesía hacia Jamaica, la experimentada tripulación recibió el plan de vuelo y los reportes meteorológicos de la ruta, tenía los aeropuertos alternos para cualquier eventualidad y el de Norman Manley en Kingston, Jamaica.

Las 73 personas a bordo, cada una en sus propias ocupaciones se prepararon para partir. A las 12:23 estaban en el aire, listos para reportar su situación a Seawell. De repente una inesperada y fuerte sacudida estremeció la estructura de la nave. Había sido una explosión en la cabina económica donde ya el humo y el fuego enrarecían el lugar.

De acuerdo con los procedimientos estudiados la tripulación tomó las medidas inmediatas para evaluar y tratar de controlar la nave y se comunicó con el aeropuerto que acababan de dejar, informaron lo sucedido y se prepararon a regresar en emergencia, la que fue autorizada.

De repente una segunda explosión volvió a estremecer la averiada nave, esta vez sería letal, había dañado los mecanismos de control y mando del timón de profundidad, se elevó brevemente y comenzó la caída en picada hacia el mar.

Decenas de bañistas en la cercana costa vieron descender aceleradamente al avión envuelto en humo y penetrar de forma vertical en las profundas aguas. Todos los ocupantes a bordo perecieron, el crimen estaba consumado.

Entre los cubanos que perdieron su vida en este acto de terror, estaban los miembros del equipo juvenil de esgrima, que regresaban contentos a la Patria después de haber ganado todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe celebrado en Caracas. A estos se sumaron seis jóvenes guyaneses, que estudiarían medicina en Cuba. Otras cinco personas de igual nacionalidad, entre ellas una niña de nueve años, cuyo cadáver acusador emergió del mar, y cinco ciudadanos coreanos de la mencionada delegación cultural.

Los terroristas anticubanos estaban eufóricos, Bosch Ávila había logrado su sueño de atraer la atención sobre sus actos criminales. Los autores materiales fueron detenidos, también los intelectuales fueron procesados durante años, se investigó todo lo sucedido, se establecieron todos los pasos del crimen. En 1985 el terrorista Luis Posada Carriles escapó de una cárcel venezolana mientras esperaba el veredicto de las autoridades.

Un documento secreto norteamericano desclasificado confirmó la participación de estos dos terroristas en el crimen. En la noche en que se efectuó la colecta de fondos para realizar el acto terrorista que había sido convocada por el mencionado Hildo Folgar, Bosch dijo: “ahora que nuestra organización ha salido del trabajo Letelier con buena presencia, vamos a tratar algo más”. En otra parte del informe se dice: “A los pocos días de la colecta, Posada dijo: “vamos a atacar a un avión cubano” y “Orlando tiene los detalles”.

Mientras Bosch fue declarado no culpable y en 1988, gracias a las gestiones de la terrorista Fundación Nacional Cubano Americana con el apoyo de congresistas norteamericanos de origen cubano que lograron su llegada a Estados Unidos, donde tenía pendiente por cumplir parte de una sanción por otros numerosos actos de terror cometidos.

Se inició su proceso de admisión y al final del mismo el Fiscal General Asociado Joe D. Whitley, que estudió informaciones secretas y públicas puestas a su disposición por diferentes agencias norteamericanas para poder dictaminar si podía ser admitido o no, concluyó: “Durante 30 años Bosch ha sido decidido e inquebrantable en su defensa de la violencia terrorista. El ha amenazado y realizado actos terroristas violentos contra numerosos blancos, incluyendo naciones amistosas hacia Estados Unidos y sus más altos funcionarios. El ha expresado repetidamente y demostrado una disposición para provocar lesiones y muertes de manera indiscriminada. Sus acciones han sido las de un terrorista, sin restricciones legales o de la decencia humana, amenazando e infringiendo la violencia sin importar la identidad de sus víctimas. Como resultado de esta revisión, es ineludible la conclusión que sería perjudicial para el interés público de los Estados Unidos, brindarle un refugio seguro a Bosch. He concluido además, que es un extranjero excluible de Estados Unidos. Además he podido constatar por información confidencial consultada que: “la explosión del avión cubano el 6 de octubre de 1976 fue una operación del CORU bajo la dirección de Bosch”.

El Fiscal basado en la información confidencial, concluyó que: “Bosch es un extranjero excluible debido a que hay razones para creer que él busca entrar en Estados Unidos para mezclarse en actividades las cuales serían perjudiciales para el interés público, o poner en peligro el bienestar, la seguridad y la protección de Estados Unidos”.

Sin embargo en contra de todas las pruebas y recomendaciones el presidente norteamericano George H. W. Bush, decidió admitir al terrorista en territorio norteamericano.

Fue un reconocimiento por los servicios terroristas prestados por el criminal a la CIA, que la dirigía Bush, precisamente cuando el avión civil cubano fue destruido.

 

Ambos asesinos, Bosch Ávila murió impune en Miami en el 2011, siempre conjurado contra la Revolución y Posada Carriles murió en 2018 cuando estaba en libertad en los Estados Unidos, donde seguía conspirando para emplear al terrorismo contra Cuba. Después de este horrible crimen vendrían otros intentos.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

2 comentarios en “EEUU: El terrorismo de Estado, sigue vigente

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