Cuba: Prefiero escribir de amor…

Por Elson Concepción Pérez.

Fue ese maravilloso Dúo Iris, en su aparición el pasado jueves en la noche en el programa televisivo «Desde el estudio», el que me inspiró a escribir unas pocas líneas sobre el amor.

Se acercaba el 14 de febrero que, por demás, agrega un año más en el almanaque, a una unión en la que a cada rato me recuerdan la deuda de regalarle una medalla de la resistencia, que yo insisto nos merecemos ambos.

Pero volvamos al tema. Incluso, el estudio de grabación, donde se presentó el citado dúo, tiene el nombre de Abdala, el poema de Martí, escogido también para nominar a uno de los partos más amorosos que se recuerde: la vacuna Abdala contra la COVID-19, esa que ya se ha adueñado de los brazos de niños, jóvenes y de todo un pueblo que, como dice Buena Fe, nos sentimos más protegidos, más inmunes, más felices.

Eso también es amor, el verdadero para un país donde esa palabra tiene un contenido mayor, cuando a ella se agrega la solidaridad, la amistad, el hacer bien y hacerlo por todos y para todos.

En estos dos años de pandemia he oído lamentar no pocas veces que «ni de amor se puede hablar por culpa de la COVID». Concepto que no comparto, porque pienso que es todo lo contrario, es cuando más amor hay que dar y recibir y cuando más necesario es.

Una expresión de profundo amor ofrece el médico cubano cuando se enfrenta —barrera del idioma aparte— a las más variadas adversidades y cumple con su misión solidaria de salvar vidas, ya sea en los cerros de Caracas, en la más inhóspita selva africana, en medio de un terremoto en Haití o por inundaciones extremas en una isla caribeña.

¡Qué decir de las decenas de miles de personas, jóvenes en su mayoría, que durante dos años han trabajado en zona roja salvando vidas de nuestro pueblo ¡Es esa quizá la verdadera explicación de lo que se llama amor!

Allí está ese sentimiento puro, el de este 14 de febrero y el de todos los días, el verdadero, el que se da a cambio de nada.

Es el amor el que se contrapone al odio, ese de quienes incitan a la confrontación y al mal.

Es amor a nuestros niños que completan su ciclo de enseñanza con la seguridad de estar inmunizados y con la perenne vigilia de padres y maestros, para que cumplan con los protocolos previstos.

Amor es el que siente cada madre o padre en su continuo desvelo por ver crecer a los suyos en un mundo sin drogas y sin otros flagelos como el odio racial.

Es amor saber que cada niño con alguna discapacidad tiene asegurada no solo su atención médica y sicológica especializada, sino también su formación como ser humano y como profesional que llega a ser útil en el ejercicio de una vida digna y feliz.

Amor y felicidad es el contenido del abrazo y el beso compartido por esos dos jóvenes que, al atardecer de este sábado, disfrutaban de la puesta del sol, sentados en el muro del Malecón habanero, única y retadora expresión, propia de la más bella postal para intercambiar entre los que amamos.

Es el amor que nunca permitiremos que nos arrebaten quienes quieren imponer el mal sobre los nuestros.

Tomado de Granma / Foto de portada: Naturaleza Secreta.

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