Simulacro
Quizás Rubio y Trump creen tener a Venezuela bajo su dominio pero en realidad están siendo engañados…
Por Michel Torres Corona* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
La palabra simulacro proviene del latín simulācrum, que significa “imagen”, “apariencia” o “representación figurada”. Su origen se pudiera entender relacionado con el verbo simulare, que significa “fingir”, “copar”, “representar” o “hacerse pasar por”. También guarda relación con el adjetivo similis, que significa “semejante” o “parecido”. Por otra parte, el sufijo –crum alude al instrumento o medio para realizar una acción (como en sepulcrum).
Por lo tanto, etimológicamente, un simulacro es el medio o herramienta utilizada para hacer una representación o imitación de algo. En el latín clásico se refería principalmente a estatuas, retratos o “sombras fantasmales”, mientras que en el español actual se ha adaptado para referirse a la acción de fingir un evento (como un ejercicio de emergencia) o a una imitación que carece de la sustancia del original.
Esta última acepción —la de fingir un “ejercicio de emergencia”— se hizo viral (e infame) en redes digitales tras el anuncio, por parte de la cancillería de la República Bolivariana de Venezuela de un simulacro militar que autorizaría a aeronaves estadounidenses a que aterrizaran en territorio venezolano. Apenas cuatro meses después de que helicópteros y drones sobrevolaran y bombardearan Caracas para secuestrar al Presidente legítimo de ese país, Nicolás Maduro, el ejército norteño volvía a desplegarse en la Patria de Bolívar —con el mismo comandante, Francis Donovan, jefe del Comando Sur, al frente (para mayor credibilidad)—… pero esta vez autorizados por el gobierno “encargado”.
Es, al menos, la segunda ocasión desde la “extracción” de Maduro que el Ministerio dirigido por Yván Gil se ve envuelto en una polémica. La primera vez fue a raíz de la agresión imperialista a Irán, a fines de febrero, cuando publicaron un comunicado que evitaba mencionar a Estados Unidos e Israel, pero que sí señalaba explícitamente a Irán (o sea, la víctima) por las “indebidas y condenables represalias militares en contra de objetivos ubicados en distintos países de la región”. El comunicado fue agriamente criticado por su tono equidistante, tan distinto del que mantuviera la diplomacia revolucionaria de ese país hasta el momento, y porque —para algunos “mal pensados”— evidenciaba que intentaban no buscarse problemas con los estadounidenses.
Ante la polémica, la decisión de la cancillería venezolana fue eliminar el comunicado, tanto de sus redes digitales como de los medios. Y fingir, simular, aparentar que nada había pasado: nada habían dicho, nada sucedió en Irán. Todo estaba bien. Y fue la misma decisión que tomaron cuando comunas, organizaciones populares y militantes de base protestaron por el simulacro militar estadounidense: el anuncio formal por parte de Venezuela fue borrado… pero el simulacro ocurrió. Los estadounidenses aterrizaron en Caracas, con su despliegue bélico y anunciando con su poderoso aparato mediático que en aquel país mandaban ellos. Ya lo había dicho (y lo sigue diciendo) el emperador de turno, Donald Trump: en Venezuela se hace lo que él indica, bien pudiera ser el “estado 51”, y Delcy Rodríguez está haciendo un “muy buen trabajo”.
Pero, siendo justos, las polémicas asociadas al Ministerio de Relaciones Exteriores palidecen ante la decisión del gobierno venezolano de entregar a las autoridades estadounidenses a Alex Saab. Y lo anunciaron mediante otro comunicado, esta vez rubricado por el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), en el que calificaban la medida como “deportación” de un “ciudadano colombiano” y que se tomaba en consideración que se encontraba “incurso en la comisión de diversos delitos en los Estados Unidos de América, tal como es público, notorio y comunicacional” (el resaltado es mío).
Lo que sucedió, strictu sensu, fue una extradición, pero las autoridades venezolanas lo representaron como una deportación porque, según el combativo y enérgico Ministro del Interior, Diosdado Cabello, Saab ni siquiera era venezolano. “Su cédula de identidad era falsa”, afirmó públicamente… pasando por alto —o fingiendo desconocer— que Saab llevaba “haciéndose pasar” por venezolano par de décadas, con estatus diplomático, y que después de que Biden lo indultara fue nombrado ministro, cargo para el cual se debe poseer la ciudadanía. ¿Nadie se dio cuenta de la falsedad hasta que los estadounidenses lo reclamaron?
Y es preciso recordar, en tiempos de tanta “amnesia histórica”, que Alex Saab fue arrestado en junio de 2020 en Cabo Verde y en octubre de 2021 fue extraditado (no deportado) por cargos de lavado de dinero a Estados Unidos. Solo fue liberado en virtud de un “intercambio de prisioneros”, con el indulto mencionado ut supra, y recibido en Venezuela como héroe nacional. Los que hoy lo denostan sin remilgos entonces lo celebraron como el übermensch caribeño, tras una campaña por su liberación —#FreeAlexSaab fue una etiqueta viral— que convocó a intelectuales, artistas, políticos e “influencers” de redes digitales a lo largo y ancho del globo terráqueo.
Luego de ver las declaraciones de Cabello, o las afirmaciones lacónicas de Delcy Rodríguez de que todo lo que hacía era por Venezuela —¿el fin justifica los medios?— y de su hermano Jorge, encargado antes de negociar por la libertad de Saab y hoy vocero de que “más verdades serán reveladas” sobre ese caso —¿no era todo “público, notorio y comunicacional”?—, uno pudiera preguntarse: ¿es que la campaña de Saab fue también un simulacro? ¿Cuán hábil debe ser un simulador para engañar a tanta gente, tanto tiempo? ¿No será que los simuladores son otros?
Cuando Padrino López era todavía Ministro de Defensa —sabemos que la “presidenta encargada”, si se ha encargado de algo, es de cambiar el gabinete de Maduro— narró que él mismo le había ordenado a los pilotos no despegar cuando los estadounidenses atacaron en enero. Hubiera sido inmolarse, según él, y según varios ministros y figuras públicas del chavismo que hoy justifican la inacción de las fuerzas del orden a razón de una “prudencia táctica”. ¿Para qué enfrentar al imperialismo, tan poderoso? Es mejor esperar. Incluso citan a Chávez y su “por ahora”.
Pero entonces, cuando el USS Gerald Ford se acercó a las costas venezolanas, cuando se cerró su espacio aéreo… ¿por qué decían que pelearían sin cuartel defendiendo la Patria? ¿Por qué Cabello ondeó la bandera de Bolívar, diciendo que “somos la continuación de Ayacucho” y llamando a la “guerra a muerte”? ¿Es que todo fue un simulacro?
Según Trump y Marco Rubio, está desarrollándose un plan de tres etapas para la transición política en Venezuela. Los chavistas, en su mayoría, afirman que solo están ejecutando un reajuste táctico, que lo importante es preservar el poder político, pero lo que pudiera colegirse de los hechos es que solo mantienen la imagen del poder. Se reúnen, aprueban leyes, conceden prerrogativas sobre recursos estratégicos como el petróleo a transnacionales extranjeras —lo cual es inconstitucional, según han alertado intelectuales de mucho prestigio y honestidad como Luis Britto— y hacen campaña por todo el país, como si pensaran convocar elecciones mientras el presidente verdadero está preso en Nueva York.
Y son los mismos, ahora vestidos de azul: ¿el rojo era solo apariencia? ¿Cuándo fue que la Revolución bolivariana se convirtió en un gran simulacro?
No obstante, uno se empecina en creer. Quizás estoy —¿estamos?— equivocados. Quizás Rubio y Trump creen tener a Venezuela bajo su dominio pero en realidad están siendo engañados, en un ardid político de altos quilates, una jugada maestra de la manipulación en pos de la emancipación. Quizás ese es el verdadero simulacro: un ejercicio de mantener al imperio contento para luego dar al traste con su poderío. Quizás la “paciencia estratégica” es el camino de la victoria y yo —¿nosotros?— soy solo otro “mal pensado”.
El tiempo dirá. Todo simulacro llega a su fin, para bien o para mal.
Foto de portada: Reuters.
(*) Abogado, periodista y conductor del programa de la TV Cubana Confilo.

