El encargado de los asuntos de Cuba soy yo: la lección de Fidel que en 2026 aún no aprenden en Washington
Nueva York, sede de la ONU, pudo haber sido en cualquiera de los viajes de Fidel Castro en los que asistía a una sesión de la Asamblea General.
Pudo haber sido en los pasillos del organismo, entre delegaciones y traductores simultáneos, o en los estudios de una de las cadenas de televisión que se disputaban siempre la visita de Fidel y en las que se respiraba esa tensión cortés que siempre precedía a un encuentro con el gigante.
Un grupo de ejecutivos de prensa y funcionarios del gobierno estadounidense se acercó al líder cubano.
Entre ellos, un hombre del Departamento de Estado, con esa seguridad que da el cargo, se presenta sonriente y, en tono jocoso pero con la carga de quien ejerce poder, suelta:
«Señor Castro, yo soy el encargado de los asuntos de Cuba».
El silencio dura apenas un segundo.
Fidel lo mira fijamente, sin inmutarse, y con una calma que corta el aire responde: «Usted se equivoca. El encargado de los asuntos de Cuba soy yo».
En el auditorio estallaron las risas. No fue un chiste, sino la constatación de una verdad incómoda para el imperio.
Con esa frase, Fidel no solo desarmaba al funcionario, sino que le recordaba a toda la élite política estadounidense que Cuba no era un departamento, ni una colonia, ni un asunto menor.
Es una nación soberana, y su destino lo decidían los cubanos, no los burócratas de Washington.
Parecía una lección suficiente para cualquier país civilizado. Pero la historia, como los malos alumnos, tiende a repetir los errores.
Hoy, 10 de junio de 2026, resuena en la prensa una expresión del Secretario de Guerra de Estados Unidos.
Con esa misma arrogancia que creíamos cosa del pasado, ha afirmado que el futuro de Cuba «está en manos del presidente de Estados Unidos».
Al escucharlo, recordé aquella tarde en la Nueva York.
Porque parece que en ciertos círculos del gobierno norteamericano aún no han aprendido la lección.
Todavía confunden la fuerza bruta con la razón, y la imposición con el diálogo.
Pero Cuba sigue siendo la misma: un país pequeño, bloqueado, pero con una respuesta mayor.
Y esa respuesta, como aquel día, puede caber en una sola frase:
«El encargado de los asuntos de Cuba soy yo».
El que quiera escuchar, que oiga. El que no, que siga cosechando risas.
En Cuba seguimos como escribió Rubén «con la pupila insomne»….

