Cuba

Fidel, 1995. Sobre las transformaciones económicas en el Período Especial.

(Fragmentos del discurso del 3 de marzo de 1995 en la clausura del VI Congreso de la FMC)

«A medida que se introducen elementos de mercado y de capitalismo en nuestra sociedad que nosotros no podemos evitar; en la medida en que se hacen ciertos cambios y ciertas reformas que son imprescindibles para preservar la patria, la independencia, la Revolución y las conquistas del socialismo, que es el objetivo que busca nuestra Revolución en estos momentos y lo busca de una manera heroica, valiente, en medio de circunstancias que no pueden concebirse más difíciles, en medio de un mundo unipolar, en medio de un enorme hegemonismo de nuestros vecinos, que siempre quisieron destruir a esta Revolución y ahora se sienten más alentados con la idea de asfixiarla, de darle un zarpazo, porque no pueden tolerar en su mente la sola existencia de la Revolución y lo que significó en este hemisferio, en su patio trasero, que quieren asegurar ahora más que nunca, aunque ya no tiene ninguna lógica, como lo comprenden muchas personas en el mundo —sin lógica alguna, persisten en su bloqueo, lo agudizan y tratan aun de hacerlo más duro si fuera posible—, en estas condiciones, nosotros tenemos que llevar a cabo esa enorme proeza de preservar esta obra…”

“Ustedes se han hecho eco aquí, realmente, de viejos y de nuevos problemas: los viejos, aquellos contra los que venimos luchando desde hace mucho rato, y los nuevos, derivados de esta circunstancia del período especial, de las medidas que tomamos, de estos elementos de capitalismo que nos vemos obligados a introducir, de estos elementos de mercado que nos vemos obligados a introducir y que establecen estas diferencias que nos duelen y con las cuales no nos queda más remedio que coexistir, porque preferible es coexistir con algunos de estos problemas que perder la patria, que perder la Revolución, que perder las conquistas que ha alcanzado nuestro país. Algo tenemos que sacrificar. Desde luego, será más meritorio para nosotros, será más meritorio para nuestro pueblo hoy, para esta generación, la lucha contra todos estos fenómenos.

La compañera, la médica que pronunció tan bellas palabras, decía que ella se sentía orgullosa de estar viviendo en esta época, y yo digo que esta es una de las épocas más difíciles de la historia de nuestro país, más duras, que requiere más espíritu, que requiere más mérito, que requiere más sacrificio. Yo no veo ninguna otra época comparable, aunque nuestro país vivió algunas como la reconcentración de Weyler. Eso es lo que quiere hacer el imperialismo con nosotros hoy: bloqueo, bloqueo y más bloqueo, impedir que nosotros saquemos la cabeza, tratar de asfixiarnos y asfixiarnos por necesidades, por hambre, por enfermedades, por todo”.

“Al final —¿cuándo será ese final?— puede llegar el momento en que las monedas sean convertibles; pero eso tiene que ser en un largo período, hoy tenemos que resignarnos a los sacrificios que esto significa. Eso establece desigualdades………..”

Antes no se abrían las puertas así de par en par al trabajo por cuenta propia, se han abierto bastante y se seguirán abriendo las puertas…………. Verdaderamente hay una gran resistencia de la gente a ajustarse a la plantilla que necesitan; es un problema complejo….Este problema, les vuelvo a reiterar la idea, tiene que ir asociado a la cuestión del trabajo por cuenta propia. Es necesario aumentar el número de actividades del trabajo por cuenta propia, porque si no hay empleo en las fábricas hay que buscar la posibilidad de que la gente tenga algún tipo de empleo. Todo eso con orden, y si ganan mucho que paguen los impuestos, porque es indiscutible, hay que usar el impuesto………. Entonces, son circunstancias nuevas. Se crean desigualdades inevitablemente y se crean privilegios, no les quepa la menor duda: algunos con grandes ingresos y otros con menos ingresos, resulta inevitable. Tiene que aumentar el número de trabajadores por cuenta propia, las posibilidades para el trabajo por cuenta propia………………

Tenemos que analizar bien las perspectivas del desarrollo de la pequeña y la mediana empresa, el papel del Estado y su participación en todo eso; pero deben ustedes comprender que son diferentes las circunstancias en que antes podíamos desenvolver la actividad para rectificar algunas injusticias.

No vamos a crear una sociedad capitalista ni se va a establecer aquí un gobierno de burgueses y de ricos, para los burgueses y los ricos. Hemos dicho que somos un gobierno de trabajadores, para los trabajadores, aunque haya capitalistas dentro. Los hubo siempre.

Ahora hay más y necesariamente se introducirán más elementos de propiedad privada, de producción privada, de capitalismo, de mercado. Hay que hacerlo, porque el sentido común más elemental dicta que se haga; pero con la fuerza que tiene la Revolución, no debemos temer a eso.

Los capitalistas, en general, piensan que todo esto nos va a corromper, y, sin duda que todo esto crea tendencias a la corrupción, no hay la menor duda; pero no debemos culpar a los que nos corrompan a nosotros, sino que tendríamos que culparnos a nosotros mismos de dejarnos corromper. El que se proponga que nadie lo corrompa, nadie lo corromperá «.

(Fragmentos del discurso pronunciado en la Plaza de la Revolución «Mariana Grajales», el 26 de julio de 1995)

“Una serie de medidas se han ido aplicando en los últimos tiempos. Ellas conforman un conjunto de cambios y enfoques en la esfera del trabajo económico.

Algunas de estas medidas son amplias y bastante radicales, buscando perfeccionar el trabajo en esa esfera, y especialmente adaptar nuestra economía a las realidades del mundo de hoy. Otros países como China y Viet Nam lo vienen haciendo, pero, ¿significa esto acaso abandonar nuestras ideas socialistas y nuestras convicciones marxista-leninistas? Es todo lo contrario. Como verdaderos marxista-leninistas debemos actuar así, con toda la valentía y el realismo que exigen las circunstancias. Pero esto no implica, como al parecer creen algunos, una vuelta al capitalismo, y mucho menos una carrera loca y desenfrenada en esa dirección. Los desastres increíbles ocurridos en los países de la antigua URSS, a pesar de sus enormes recursos energéticos, de materias primas y de financiamiento externo, frente a los éxitos impresionantes de China y Viet Nam, indican con claridad lo que puede y lo que no puede hacerse si se quiere salvar la Revolución y el socialismo (APLAUSOS). Esto sin contar el hecho de que ninguno de aquellos países está bloqueado por los Estados Unidos. Cuba sí está bloqueada al máximo, con saña y con furia. Contra nosotros se concentran hoy todas las armas económicas del imperio hegemónico. Por ello, sólo nuestro socialismo, la serenidad y sangre fría con que hemos enfrentado los problemas, han hecho posible el milagro de nuestra resistencia.

Los incuestionables elementos de capitalismo introducidos en nuestro país traen consigo los nocivos y enajenantes problemas de ese sistema. Fenómenos de corrupción y soborno, que no se habían visto nunca en 30 años de comercio con la URSS, se pueden apreciar ahora de forma incipiente y creciente en nuestras relaciones económicas con el capitalismo.

Digamos con justicia que hay muchos capitalistas serios que se relacionan con nosotros y se comportan adecuadamente; otros utilizan las prácticas capitalistas universales de la corrupción y el soborno de forma sutil o de forma abierta.

También hay gente que se han dejado enloquecer por la avidez de divisas convertibles, y venden hasta el alma.

El turismo en amplia escala, la despenalización de la tenencia de divisas convertibles, las instituciones que venden en esa moneda, medidas que se hicieron ineludibles, tienen su inevitable costo.

Algunos disfrutan con placer, en su estilo y comportamiento, el papel de empresarios. Otros quieren crear empresas o empresitas a toda costa para manejar divisas en sus centros o instituciones, y no pocas veces para malgastarlas, violando las normas precisas establecidas en la materia. Será colosal la lucha que el Partido y el Gobierno deberán librar contra esas tendencias antes de que se conviertan en un cáncer devorador de la ética y del espíritu revolucionario. Hay que ser implacables contra los que violen nuestros más sagrados principios. No se derramó la sangre de tantos para permitir tan miserable comportamiento en la hora más difícil de la patria

(APLAUSOS).

Dura es nuestra lucha, pero más duro debe ser el temple de acero de nuestras almas”.

(Fragmentos del discurso pronunciado en la clausura del Festival Juvenil Internacional Cuba Vive, efectuada en el teatro «Carlos Marx», el 6 de agosto de 1995)

Yo pienso que los que se inquieten tienen razón, en primer lugar, porque es tema y cuestión que preocupan. Cuál será el efecto que tenga en el destino de la Revolución esta apertura que estamos haciendo, estas medidas que estamos tomando, y si como consecuencia de todo ello vamos a ser diferentes en el futuro a lo que somos hoy, si estas medidas nos van a corromper.

Hemos dicho que estamos introduciendo elementos de capitalismo en nuestro sistema, en nuestra economía, eso es real; hemos hablado, incluso, de consecuencias que observamos del empleo de esos mecanismos. Sí, lo estamos haciendo.

Ya les hablé del mundo en que estamos viviendo, no se olviden de que nosotros somos una isla rodeada de capitalismo por todas partes, hasta por arriba; digamos, desde el espacio cósmico, porque eso está lleno de satélites y de no sé cuántas cosas más, sobre los cuales no tenemos absolutamente ninguna propiedad. Ustedes pueden tener la seguridad de que si un perro sale al parque a hacer sus necesidades, los satélites norteamericanos lo descubren, lo observan y lo retratan (RISAS Y APLAUSOS).
(…)

Nosotros perdimos toda posibilidad de obtener capital para invertir, tecnología, mercado, perdimos todos los mercados. Realmente, ¿qué tenía que hacer una revolución verdadera en esas condiciones? ¿Qué tenía que hacer una revolución marxista-leninista? Nosotros no tenemos ningún temor de pronunciar esa palabra (APLAUSOS).

Nosotros podríamos preguntarnos: ¿Qué habría dicho Marx? Es casi seguro que nos hubiera dicho: Oigan, no se metan a hacer una revolución socialista en un país del Tercer Mundo, esperen que se desarrolle el capitalismo plenamente y entonces, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas y demás supuestos, llegará el momento de hacer la revolución socialista. Eso es tal vez lo que nos habría dicho Marx. Claro, habría que ver qué nos decía si le preguntábamos qué hacía, ya que habíamos hecho una revolución socialista aquí, en las puertas de Estados Unidos. Creo que habría dicho: Bueno, me alegro de haber tenido unos discípulos tan aventajados allá en el Caribe (APLAUSOS).

(…)
Pero el hecho es que nosotros —como les decía— perdimos el mercado, perdimos el comercio, perdimos todo, y teníamos, sin embargo, que encontrar una solución.
Hablando de esto fue cuando pregunté qué nos habría respondido Marx, y ahora pregunto qué nos habría respondido Lenin, y estoy seguro de que Lenin nos hubiera dicho: hagan lo que están haciendo, sigan haciendo lo que están haciendo. Decía por eso el 26 de julio que un verdadero marxista-leninista hace lo que estamos haciendo.
Ellos tuvieron que hacerlo, ellos tuvieron que ir a la nueva política económica, la famosa NEP, dentro de un período histórico. Pero hay algo más, en ciertos momentos Lenin se planteaba la idea, incluso, de la construcción del capitalismo bajo la dirección del proletariado. Para tranquilidad de ustedes, desde luego, les digo que no tenemos pensado semejante cosa (APLAUSOS), y no es porque estemos en desacuerdo con Lenin, sino porque las circunstancias son diferentes, puesto que nuestro proceso, que pudo contar con la asistencia del campo socialista y de la URSS, ha avanzado mucho, cuenta con fuerzas muy sólidas y no tiene que plantearse la cuestión en esos términos.

Ya les decía, o trataba de decirles anteriormente, que si nosotros fuéramos un país de grandes riquezas petroleras u otros recursos semejantes, tal vez no hubiéramos ido al desarrollo del turismo en gran escala. De memoria nos sabemos todas las consecuencias del desarrollo del turismo en gran escala; sin embargo, en las condiciones de nuestro país no podíamos prescindir de esto, como en las condiciones actuales de nuestro país no podíamos prescindir de la inversión extranjera.

Aunque antes del derrumbe del campo socialista habíamos pensado en ciertas formas de inversión extranjera para sociedades mixtas en ciertas ramas donde no había otra solución, estamos bien conscientes de que durante muchos años combatimos la inversión extranjera, estamos bien conscientes de que durante muchos años nos sentíamos orgullosos de que el pueblo fuera dueño de todos sus recursos, de todas sus industrias y de todos los bienes del país; sin embargo, en las condiciones actuales no podíamos prescindir de la inversión extranjera en un grado mayor porque necesitábamos capital, tecnología y mercados. Son los factores determinantes, lo contrario sería la parálisis, el estancamiento durante mucho tiempo.

Todo eso lo pagamos caro. Ya les digo que cualquier préstamo lo tenemos que pagar muy caro, tenemos que discutirlo todo en condiciones muy difíciles y frente a una resistencia de Estados Unidos muy grande; pero tenemos que hacerlo, no hay alternativa.

Algunos amigos nuestros nos han aconsejado que digamos que no, que hacemos esto porque es muy buena cosa. Debemos decir la verdad, que iniciamos este camino fundamentalmente porque era la única alternativa para salvar la Revolución y salvar las conquistas del socialismo (APLAUSOS).

Teníamos que crear empresas mixtas en tiempo relativamente breve, teníamos que aceptar la inversión extranjera, teníamos que hacer lo que hicimos con la despenalización de la moneda convertible, y tengan la seguridad de que nos dolió mucho, muchísimo, hacer esto último. Y estábamos conscientes de las desigualdades que creaba, de los privilegios que creaba; pero tuvimos que hacerlo y lo hicimos.
(…)

Ninguna de estas cosas que nos desagradaban dejaban de desagradar al pueblo, muy sensible, ultrasensible a cualquier desigualdad, a cualquier privilegio, porque en esas ideas lo educó la Revolución; pero también lo educó en la idea de que hay que salvar la patria, hay que salvar la Revolución, hay que salvar las conquistas del socialismo, hay que conservar la independencia y hay que mantener nuestro derecho al futuro. Eso es absolutamente irrenunciable, y es realmente muy estimulante para todos nosotros el captar hasta qué punto el pueblo ha sido capaz de comprender todo esto. Solo un pueblo con una cultura política como la que tiene nuestro país hoy día, habría sido capaz de comprender eso y habría sido capaz de luchar y de resistir.

¿Acaso estamos engañando a alguien? No, no estamos engañando a nadie en absoluto. Lo que sí podemos decir es que toda la tierra de este país está en manos de los campesinos cubanos y de los agricultores cubanos (APLAUSOS). Lo que sí podemos decir es que todas las casas, casi todas las fábricas, todos los hospitales… Aquí no se ha privatizado un solo hospital, aquí no se ha privatizado una sola escuela (APLAUSOS), y el país es el dueño de la inmensa mayoría de sus riquezas (APLAUSOS).

Ahora bien, ¿qué íbamos a hacer? Teníamos que escoger; antes que una fábrica se quedara parada, se deteriorara completamente, se perdiera, si en esa fábrica aparecía algún empresario capitalista que quisiera ser socio nuestro en la producción, no aceptar eso, no hacerlo, habría sido absurdo. Cuando ocurrió el derrumbe del campo socialista muchísimas fábricas se quedaron sin combustible, sin electricidad, sin materias primas, sin piezas. Si surge una forma en que aunque sea la mitad de esa fábrica quede en nuestras manos —y muchas veces queda toda la fábrica y las asociaciones que hacemos son de carácter comercial—, debemos hacerlo, es lógico hacerlo, es racional hacerlo, es beneficioso para el pueblo hacerlo (APLAUSOS).

Nosotros no podemos guiarnos por el criterio de lo que nos guste o no nos guste, sino de lo que es útil o no es útil a la nación y al pueblo en estos momentos tan decisivos para la historia de nuestro país.

Si hay kilómetros de playa que pueden ser utilizadas y nosotros no tenemos el capital para construir los hoteles que hacen falta en esas playas y hacemos alguna operación, hacemos alguna sociedad mixta o admitimos una inversión, lo hacemos.

Los hoteles que hay en Cuba hoy son: o propiedad de Cuba, o de empresas mixtas, que no son ni siquiera muchos. Ya digo: el trabajo de nuestros adversarios ha influido en que no sean más hoteles los que tengamos en eso; pero, a pesar de todo, en el período especial hemos hecho hoteles.

En el período especial, con nuestros propios recursos, hemos hecho importantes centros de investigaciones científicas, que es otra rama del país, y todos esos centros de investigaciones científicas son propiedad de la nación (APLAUSOS). El país preservará todo lo que pueda ser preservado (APLAUSOS), y negociaremos todo lo que pueda ser negociado.

(…) Ya digo, prácticamente está todo en manos de la nación. Pero si tenemos que introducir una determinada dosis de capitalismo, lo introduciremos; lo estamos introduciendo, con todos los inconvenientes.

Sobre esto voy a decir una cosa: puede llegar a haber una inversión, incluso, que sea ciento por ciento capitalista. Si ese capitalista tiene todo el capital necesario, tiene el mercado, tiene la tecnología que nosotros no tenemos, puede haber casos, incluso, de una empresa ciento por ciento de capital extranjero; entonces, nos quedará en ese caso el empleo y los impuestos: tendremos que conformarnos con eso.

Es mejor que fuera nuestra la fábrica, completica; es mejor que todos los ingresos fueran del país y propiedad del país. Sí, eso lo vimos ya, cuando todo fue del país.
A lo mejor tendrán que pasar 50 años, 100 años, o no sé cuántos, pero siempre que el país pueda quedarse con algo, debe quedarse; preservar algo, debe preservarlo. Eso como principio; pero no tenemos temor, ni tenemos complejo. Creo que estamos haciendo lo que los revolucionarios deben hacer en este momento, porque lo otro pudiera ser un absurdo, un sueño, un imposible.

La clave de todo, compañeras, compañeros y amigos, la clave de todo es la cuestión del poder. ¿Quién tiene el poder, los latifundistas, los burgueses, los ricos? Aquí, desde luego, hablo de latifundistas porque es lo que teníamos antes; aquí hoy no hay latifundistas, los únicos latifundistas que hay aquí son los trabajadores de las cooperativas y de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, etcétera, son los únicos, y hay decenas de miles de pequeños agricultores independientes.

¿Quién tiene el poder? ¿Es el poder en mano de los burgueses, por los burgueses y para los burgueses? (EXCLAMACIONES DE: «¡No!») ¿Es el poder en manos de los capitalistas, por los capitalistas y para los capitalistas? (EXCLAMACIONES DE: «¡No!») La cuestión del poder es la clave.

(…)
Por eso vuelvo a la idea que interrumpí hace unos instantes. ¿Quién tiene el poder? Esa es la clave, porque si lo tiene el pueblo, si lo tienen los trabajadores, no los ricos, no los millonarios, entonces se puede hacer una política en favor del pueblo, respetando los compromisos que se hayan acordado con determinadas empresas extranjeras, respetando a todo el mundo y los intereses de todos, pues no pensamos nacionalizar a nadie.

Cada negocio que se ha hecho ha sido mediante un contrato en que todo está estipulado, los años que dura, todo eso; pero mientras el pueblo tenga el poder lo tiene todo. Para hoy, para mañana o para pasado mañana, para el año 2020 ó 2050 ó 2100, lo que el pueblo no debe perder jamás es el poder (APLAUSOS PROLONGADOS).

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