Michel Moro: “El ojo con-sentido”
Por Patricia Ballote.
“El ojo con-sentido” es el título de la más reciente muestra personal de Michel Moro, inaugurada en la Galería Espacio Abierto el pasado mes de junio como parte de la II Bienal Internacional de Humor Político.
Michel Moro (Ciego de Ávila, 1988) es graduado de Conservación y Restauración de la Universidad de las Artes en 2016, aunque su carrera como dibujante, pintor y humorista gráfico comenzó unos años antes, cuando siendo aún estudiante del ISA, se vinculó al colectivo del suplemento humorístico “La Ubre”, del periódico La Calle del Medio, donde publicó sus primeros dibujos satíricos. Una década después, su nombre es un referente ineludible dentro del panorama del humorismo gráfico cubano, y, cada vez más, también del internacional.
Un breve repaso a su curriculum arroja datos relevantes para quienes prefieren evaluar cuantitativamente el trabajo de un artista: ha obtenido más de cuarenta premios internacionales, entre ellos el Primer Premio en la categoría de gag en el World Press Cartoon, 2022 (Portugal), Primer Premio en el 3rd Niko Nikolla International Cartoon Biennial, 2024 (Albania) y Primer Premio en el II Salón del Humor LEA_ Festival, 2025 (Atenas). En Cuba, ha obtenido varias veces el Gran Premio de reconocidos certámenes y preside la sección de humorismo gráfico de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Además, representa a nuestro país ante la Union of World Cartoonist (UWC).
Las obras que hoy exhibe en la galería Espacio Abierto, en la sede de la revista Revolución y Cultura, confirman su madurez como artista, no solo en el plano formal, sino también conceptual. Son casi treinta piezas que recorren sus tres últimos años de trabajo. Dibujos que, en su mayoría, creó para que fueran publicados en diferentes medios, y que abordan temas políticos y sociales de alcance universal.
Cada obra, al decir del crítico Maykel José Rodríguez, “cuenta una historia o, al menos, un fragmento de ella, pero todas nos obligan a descifrar posibles significados hábilmente camuflados tras lo anecdótico y lo cotidiano, lo fantástico y lo surrealizante, con algún que otro guiño intertextual a obras significativas dentro de la historia del arte occidental.”
A propósito de esta muestra, o más bien tomándola como pretexto, esbocé algunas preguntas para conversar con Michel Moro sobre algunas cuestiones que despiertan mi interés con respecto a su trabajo y al humorismo gráfico en general.
Vayamos a los inicios, ¿cómo llegas al humorismo gráfico?
Desde mucho antes de pensar dedicarme a estudiar arte me gustaba el humor gráfico, el que salía en la prensa o el que veía en libros. Llego a publicar cuando estudiaba en el Instituto Superior de Arte, buscando y observando a través de Internet el humor gráfico que se hacía por muchos autores, lo que salía en la prensa y lo que se publicaba en redes sociales. Encontré cómo expresar ideas de una forma efectiva, se convirtió en una necesidad.
Eres graduado de la Academia Provincial de Artes Plásticas “Raúl Corrales”, de Ciego de Ávila, pero luego estudiaste la carrera de Conservación y Restauración en la Universidad de las Artes, ISA. ¿Consideras que esos estudios complementan de algún modo tu carrera como artista?
Para mí fueron muy importantes esos años. Estuve en un contexto como el ISA, un contexto cultural, académico, en la capital. Allí decidí comenzar a hacer humor gráfico. Estudiaba restauración que es más de oficio, conocimiento y técnica, pero me encontré con la obra de muchos artistas que comenzaban. Todo eso te alimenta. Además de que los conocimientos técnicos e históricos de la carrera son útiles para mi propia obra.
Hace algunos años comentaste en una entrevista que al inicio te vinculaste al humor desde el dibujo, mientras que ahora lo desarrollas mucho más desde la pintura, ¿a qué se debe esa evolución?
Creo que el dibujo sigue siendo la base de mi trabajo, he incorporado más plasticidad, digamos que visualmente son imágenes más pictóricas, pero sigo comenzando por un trazo. Hace algunos años comencé a trabajar la ilustración de libros con un ritmo bastante sostenido, para Ilustrar busqué soluciones más pictóricas, y luego de doscientas ilustraciones ya era inevitable que también permeara todo el estilo de mi trabajo, consolidándolo.

Me gustaría que me comentaras sobre tu proceso creativo, desde que comienzas a rumiar una idea hasta que logras plasmarla finalmente…
Hago muchos bocetos, la gran mayoría no tienen mucho sentido, otros repito muchas variantes de una misma idea. Es el ejercicio básico, el que más trabajo me lleva y el más valioso. A veces dejo muchas páginas de estos bocetos «añejar» para luego ver con ojos nuevos lo hecho. Luego hacer una obra o viñeta me lleva menos tiempo y trabajo. Es un disfrute.
Trabajo mayormente con la espátula y el acrílico, con algunos toques de pincel.
Supongo que publicar sistemáticamente en la prensa, y el propio trabajo de ilustración que has venido desarrollando en los últimos años para el Grupo Pandora Editorial, imponen un ritmo de trabajo fuerte o, cuando menos, diferente. ¿Qué te ha aportado esta experiencia?
Mi experiencia publicando en la prensa y el trabajo editorial en general me han dado la oportunidad de hacer dibujos con temas de inmediatez y algunos otros temas que quizás no hubiera abordado desde la libre creación. Aunque no con la constancia de publicar a diario como he visto trabajan algunos caricaturistas en otros países. Han sido pies forzados pues he tenido poco tiempo para trabajar antes de que sean publicados, y eso me obliga a trabajar rápido, pero esporádicamente, cada uno de estos encargos.
En general el ritmo de trabajo me lo impongo yo mismo, en dependencia de un tema o de cómo vaya la «pesca» de ideas. En la ilustración trabajo a diario, pero es un ejercicio más bien de placer y de juego con las formas y el material.
Hace apenas unos días recibiste una mención en el VI Concurso Internacional de caricatura de Denizli, Turquía, que en esta edición tenía al fútbol como tema. Con respecto a la temática, ¿prefieres crear a partir de un pie forzado o espontáneamente?
Sí, me gustan mucho los pies forzados, me parecen un reto que asumo alegremente porque la imaginación a veces vuela mejor con esos «límites». También trabajo muchas veces libremente, busco ideas, hago bocetos, pero al final uno mismo en su mente crea sus caminos o temas por donde ir.
¿Hay temas que te obsesionan especialmente?
Me obsesionan temas, incluso imágenes: los objetos, la guerra, la violencia, la política…

¿Y temas tabú?
Dentro del humor gráfico no creo que haya temas tabú, no debe haberlos. Todo se puede abordar: desde los temas religiosos, los más trágicos o los más mundanos. Donde hay que tener más cuidado es en la forma de abordarlos, no ser burdo, simplista. Lo digo por experiencia propia. Y digo simplista, no simple, porque lo simple puede estar muy bien, tiene su encanto. Debe ser un ejercicio reflexivo por parte del autor para que lo sea también por parte de quien lo consume.
¿Por qué crees que el humorismo gráfico tiende a encasillarse tanto? No solo en lo formal, sino también en cuanto a espacios de divulgación.
Creo que el humor gráfico se encasilla porque tradicionalmente está realizado para la prensa. Por muchos años fue así. Desde el siglo XlX grandes autores separaban sus dibujos para la prensa de sus obras para salones. Además de que la historiografía separa las manifestaciones para su estudio. Todo esto se asienta en la tradición. Creo que es una discusión que debe ser superada, ciertamente el humorismo gráfico tiene sus características propias para que funcione y llegue con un mensaje a un público amplio, pero al final parte de una idea, de una expresión, y eso es el arte en general.

Con respecto a esta última idea ¿te preocupa que tu obra sea encasillada dentro de una visión reduccionista del humor gráfico?
Creo que es inevitable que te encasillen, siempre existen prejuicios y esquemas acerca del humor gráfico, los críticos, historiadores y muchas personas que tienen que ver con los ámbitos artísticos tienden a ver el humor gráfico como un primo pobre del «gran Arte». Afortunadamente muchos de estos historiadores o críticos tienen una visión más abierta.
Esa discusión viene dada por la doble condición de arte y a la vez creación editorial o para la prensa que, en Cuba, está considerado más un arte, pero en muchos países de América Latina y otras regiones se considera simplemente dibujos para un periódico o revista. ¿Cuántos artistas desde hace siglos tienen la gráfica, el humor, la ilustración como parte del conjunto de su obra? Muchos. Entre los más grandes: Picasso, Daumier; y en Cuba, Abela, Adigio Benítez, solo por poner algunos ejemplos históricos.
Cuba es un país con una fuerte tradición de humorismo gráfico. Sorprende la gran cantidad de reconocimientos internacionales que reciben la mayoría de los humoristas gráficos cubanos continuamente, sin importar a qué generación pertenezcan. ¿A qué crees que se deba esto?
Sí, somos un país con una tradición grande en el humorismo gráfico. Creo que se debe, primeramente, al gran talento que florece todo el tiempo en Cuba, a la necesidad de comunicar y de hacerlo con humor, cosa inherente a la condición cubana. Creo que se debe también a los muchos temas que desde Cuba nos tocan, a esa mezcla cultural. Después del triunfo de la Revolución se abrió un inmenso caudal cultural que hizo que el humorismo gráfico creciera en temas y espacios.
Con los salones y premios internacionales sucede que nuestra forma de hacer humor gráfico, muchas veces sin palabras (herencia del que se hacía en Europa del Este para evitar la censura y decir ideas de forma inteligente), es perfectamente entendible en cualquier cultura o nación. Además de que nuestra insularidad siempre nos empuja a probarnos en el mundo, también desde nuestro arte.
¿Crees que -en líneas generales- hay un código, una manera de hacer humor exclusiva del humorismo gráfico cubano?
Creo que no, sí hay muchos autores con estilos fuertes, peculiares, muy buenos, pero de manera general no creo que haya algo que haga decir “esto es de un cubano”. Nos parecemos bastante a lo que se hace en el resto del mundo. Eso sí, con muchísimo talento y gran variedad de estilos.
Obra de Michel Moro.
Esta es una pregunta que te han hecho en otras ocasiones, pero puede ser un buen ejercicio responderla cada cierto tiempo: ¿qué opinas de los salones de humor gráfico que se organizan en la Isla?
Creo que los salones de humor gráfico que se organizan en Cuba (Melaíto, Bienal de San Antonio…) no escapan a las crisis que han golpeado a Cuba en los últimos años en temas de logística y presupuestos. Creo que la sobrevivencia de los salones depende mucho de la voluntad institucional y del alcance de las convocatorias internacionales y nacionales. Es importante la participación porque hace de las exhibiciones de humor gráfico una vitrina de lo mejor que se produce. Y creo que depende no solo de la voluntad, sino también de la sensibilidad de quienes los organizan desde las instituciones. Los salones en Cuba deberían ser reflejos de la vasta tradición del humor gráfico.
¿Cómo te ves dentro de unos años?
Creo que me veo trabajando, dibujando, pintando, haciendo humor gráfico. No imagino o me sueño de otra forma. Deseo pintar más, formatos mayores, exponer, por supuesto. En fin, con el tiempo y la claridad para mi obra. Así de simple (o complejo).
Tomado de CubaSí.

