Cuba

EL POETA MALAGUEÑO PACO DOBLAS EN LA HABANA

El pasado 4 de agosto me invitaron a participar en un encuentro en el ICAP con la Brigada José Martí, integrada por amigas y amigos de Europa, donde intercambiamos sobre distintos temas: la situación de la Cuba cruelmente cercada y calumniada por el Imperio; el auge del fascismo en los EEUU, Europa y Nuestra América; la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales “En defensa de la Humanidad” y el papel de Fidel en su gestación; y la vigencia del pensamiento de nuestro Comandante en este momento tan convulso y peligroso.

Hubo un debate muy valioso entre los brigadistas, que propusieron acciones concretas para romper el silencio cómplice de los gobiernos europeos en torno al proyecto de asfixia que sufre el pueblo cubano. Hubo muchas propuestas útiles.

Pero la intervención que más me interesó fue la de Paco. En primer lugar, porque se refirió con mucha profundidad a Gramsci, un pensador que me acompaña muy de cerca desde hace años, y, además, porque utilizó esa referencia para sintetizar uno de los desafíos principales que enfrenta la izquierda en la actualidad. En segundo lugar, porque leyó unos versos suyos que dialogan con el poema de Nicolás Guillén “La Muralla” y logró fijar una metáfora muy acertada para la ya mencionada Red “En defensa de la Humanidad”, propuesta por Pablo González Casanova y otros intelectuales mexicanos y creada con el respaldo de Fidel en el 2003, al que se sumó el de Chávez en 2004.

La Muralla de Nicolás —no lo olvidemos— se abre para recibir la rosa, el clavel, la paloma, el laurel, el corazón del amigo, el mirto, la hierbabuena, el ruiseñor; y se cierra ante el sable del coronel, el alacrán, el ciempiés, el veneno y el puñal, el diente de la serpiente. No hay mejores símbolos para definir, por un lado, la obra solidaria de la Revolución Cubana, que recibe hoy en reciprocidad el cariño de Paco y de toda la gente maravillosa que ha venido desde todas partes a celebrar el Centenario de Fidel junto a nosotros, y, por otro lado, la infamia de los que quieren destruir a Cuba, representantes del fascismo, del odio, del racismo, de la mentira, del veneno, del puñal, de la serpiente.

Con respecto a Gramsci, Paco llamó la atención sobre un hecho muy significativo: la lectura rigurosa que está haciendo la ultraderecha de los textos gramscianos y el interés que se toma por avanzar e imponerse en el ámbito cultural, frente a una izquierda que parece retroceder, insegura, temerosa, a la defensiva.

Paco añadió una pregunta que debe desvelarnos a todos: “¿Qué podemos hacer para ganar la batalla cultural?” Una pregunta clave, medular, de vida o muerte para todo proceso de independencia y emancipación que se fundamente en el compromiso con el pueblo.

Escuchando esa pregunta de Paco, me cruzó la memoria, como un relámpago, un razonamiento que hizo Graziella Pogolotti a finales de los años 80 del siglo pasado.

(Graziella es una importantísima ensayista cubana, que fue mi profesora en la Universidad y luego tuve el privilegio de que me apoyara con su sabiduría en la dirección de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba —UNEAC—. Ella dijo que Fidel “se mudó para la UNEAC” en esa etapa, porque estaba convencido de que “la causa principal del derrumbe del socialismo en la URSS y en los demás países del bloque soviético había sido la derrota que sufrieron en la guerra cultural”.)

Creo que Graziella, como muchas otras veces, tenía razón. Fidel, efectivamente, “se mudó para la UNEAC” y dedicó jornadas interminables a participar en los debates sobre los más diversos temas, la supervivencia de prejuicios raciales, el consumo acrítico de la chatarra cultural yanqui y la consiguiente colonización, la calidad de la educación y de la programación televisiva, la promoción de un arte seudofolclórico para el turismo y un largo etcétera. Según Graziella, Fidel quería que nuestra vanguardia intelectual y artística lo ayudara a prever y a evitar los errores que se cometieron en aquellos países en el campo de la ideología y de la cultura. De hecho, muchos de los programas de la Batalla de Ideas nacieron de los intercambios de Fidel con miembros de la UNEAC y con la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

Todo aquello que pasó en la URSS y en los demás países socialistas nos conduce una y otra vez a Gramsci. Y, para mi alegría, Paco también. De hecho, cuando estoy leyendo el libro Canto a la belleza terminal, me topo de nuevo con una alusión al filósofo marxista sardo.

El poema de Paco “No acaba de morir, no acaba de nacer”, que es un texto muy personal sobre la quemadura, el dolor, el desgarramiento del amante ante la pérdida de la amada, se permite lanzar un guiño sorpresivo hacia Gramsci, hacia aquella reflexión en torno a los monstruos que surgen en el claroscuro, cuando el mundo viejo no acaba de morirse y el nuevo se demora en nacer.

(Por cierto, habría que preguntarse cuántas veces hemos vuelto en los últimos tiempos sobre esa inquietante advertencia ante el desfile de Trump, Netanyahu, Milei, Noboa, Bukele, Abascal y tantos otros monstruos.)

Paco no solo trajo a Cuba una donación de medicamentos, que tanto escasean y tanto agradecemos, junto a su afecto, su solidaridad, su lealtad, que nos resultan igualmente muy necesarios y estimulantes. Nos trajo también su último libro: una excelente colección de poemas, muy intensos, muchos de amor, desamor y nostalgia, otros sobre la relación tan honda del poeta con Guatemala, El Salvador y México, otros cargados de indignación ante el genocidio contra el pueblo palestino y ante la política yanqui de asfixia contra Cuba, otros que denuncian la opresión imperial en todas partes, la desigualdad y la injusticia impuestas por ese sistema “que vino al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros” y la insensibilidad de los poderosos que no hacen nada para frenar el desastre climático.

Pero, que conste, no es en lo absoluto un libro panfletario, de “propaganda”. Es, simplemente, Poesía con mayúscula, muy auténtica, que viaja desde lo más íntimo del creador hasta sus angustias sociales, políticas, existenciales.

La “Oda a Trump”, que rinde homenaje a dos “Odas” que la preceden, la de Darío a Roosevelt y la de Pedro Casaldáliga a Reagan, es un texto formidable y viene a nutrir nuestro arsenal contra ese Emperador enfermo de soberbia y codicia que pretende convertir al mundo, al decir de Paco, en “su parque jurásico” personal.
Junto a todo esto, Paco está convencido de que los militantes antifascistas y antimperialistas tenemos que defender todos los derechos de la humanidad, todos sin excepción, y estamos obligados, además, a defender la Poesía de una maquinaria implacable que ha reducido la cultura a mera mercancía.

Gracias, querido Paco, por tus poemas, por tu palabra, por tu amistad. ¡Regresa pronto!
Abel Prieto

Fuente: Agencias

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