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Que el ejemplo de quienes fueron asesinados en Trelew ayude a construir la tan necesaria unidad de las y los revolucionarios.

Por Carlos Aznárez, Resumen Latinoamericano, 21 de agosto de 2026.

Foto: Las y los jóvenes luchadores que fueron asesinados en la base naval de Trelew.

La fuga del penal de Rawson y la Masacre de Trelew no sólo recuerdan un crimen de lesa humanidad cometido contra un grupo de valientes revolucionarios y revolucionarias sino que constituye una clave fundamental de análisis del Terrorismo estatal contemporáneo argentino. Al igual que los bombardeos a la población civil en junio de 1955, Trelew es otro punto de inflexión puesto sobre la superficie por quienes ocupaban la cúpula del Estado para sentar precedente de qué y cuánto estaban dispuestos a hacer quienes defendían (y aún hoy lo hacen) la estructura del capitalismo en su versión argentina.

¿Pero qué enseñanzas y legado deja a los jóvenes de hoy lo ocurrido el 22 de agosto de 1972 en ese confín de la Patagonia argentina?

Antes que nada demoler la idea impuesta por quienes se erigieron en enemigos de la libertad y la justicia, sobre que cualquier intento de enfrentamiento con el poder estaría condenado al fracaso. En ese período de la historia argentina, miles de jóvenes, como los que cayeron acribillados a balazos en la Base de la Marina Almirante Zar, estaban decididos a luchar por cambiar el orden injusto que soportaban millones de argentinos. En esa toma de decisión, no sólo desarrollaron al máximo su capacidad de entrega sino que también sabían que el compromiso era hasta las últimas consecuencias. Lo que el enemigo quiso mostrar como una sangrienta derrota, germinaba meses después en nuevos avances en la conciencia de las masas, y el triunfo electoral de 1973 y la multitudinaria movilización a las cárceles permitió de inmediato la libertad de todos los presos y presas politicas.

Desde ese punto de vista, Trelew hoy, deja claro que frente a la brutal ofensiva del Imperio, la única salida posible es la confrontación. Mostrarle los dientes y hacerle saber a quienes siguen generando nuevas formas de conquista, que no nos entregaremos a sus designios mansamente. Y que los aparentes retrocesos de la actualidad abonarán nuevas resistencias a futuro. Esto vale recordarlo, justamente ahora en que cuanto más violento es el avance de la extrema derecha para afianzar el capitalismo, más se insiste en ámbitos pseudo progresistas en fórmulas disuasivas y pesimistas en cuanto a defenderse de quienes, como ocurre en Palestina ocupada, no dudarán en seguir cometiendo genocidios.

Por otra parte, aquellos jóvenes de Trelew también marcaron un camino en lo que hace a dejar de lado todo tipo de planteo individualista y apostaron al accionar colectivo. Desarrollaron una auténtica hermandad revolucionaria, donde el otro compañero o compañera era lo más importante a cuidar y proteger en la lucha cotidiana, junto con los sectores más golpeados de la sociedad. En los barrios, en los establecimientos de trabajo, en los ámbitos estudiantiles, se fueron gestando así bolsones de la nueva sociedad por la que se batallaba. Signos de amor compartido, de esperanzas de cambio y sobre todo, de un abierto altruismo en la reivindicación de los ideales. Con esa impronta y el deseo de volver a reintegrarse a la lucha activa en la calle, los militantes de todas las organizaciones revolucionarias que decidieron la fuga masiva de Rawson, y también los que optaron generosamente en no participar de la misma, como el inolvidable dirigente sindical Agustín Tosco, pusieron en marcha una gesta que desnudó como nunca a la dictadura del general Alejandro Agustín Lanusse.

Por último, los hechos de la fuga de Rawson remarcaron el concepto de unidad en acción de las organizaciones revolucionarias, algo que hoy se menciona como un bien preciado, pero difícil de repetir a pesar de los años transcurridos.  Esa decisión de fugarse juntos a pesar de las diferencias entre una organización y otra, no fue un hecho casual, sino parte una concepción de trabajo y militancia que se venía desarrollando desde mucho tiempo antes. Se tenía claro quien era el enemigo y frente a él valían todos las posibilidades de ataque. De allí que tanto en la improvisada conferencia de prensa realizada en el aeropuerto de Trelew por aquellos que luego serían asesinados a mansalva, como en las declaraciones conjuntas hechas en La Habana por los cuadros de dirección de las organizaciones armadas que alcanzaron a escapar exitosamente, se recalcara el tema de la unidad y la necesidad de mantener esa iniciativa.

Actualmente, la unidad está en boca de todos los militantes del campo popular pero termina en la mayoría de los casos siendo sólo una expresión de deseos. Es evidente que no se toma muy en serio la necesidad de forjarla. Aún estamos a tiempo de honrar a los héroes de Trelew construyendo una fuerza antiimperialista, anticapitalista y antipatriarcal que sume todas las banderas, con la meta puesta en el socialismo.

El ejemplo de Trelew debería servir como acicate para que en este presente argentino tan nefasto se fueran dando pasos firmes que permitan unificar a los que siguen creyendo que Revolución y Socialismo son dos conceptos indivisibles. Sería también una respuesta a quienes en todos estos años han secuestrado consignas, se han vestido con la ropa de los caídos en combate para volverlos a matar con propuestas claudicantes o maniobras de abierta corruptela, o han institucionalizado, en el caso del gobierno fascista de Milei, el negacionismo, o en algunos que dicen ser sus opositores, el discurso de inclinarse por el mal menor, evitando construir alternativas liberadoras. Los revolucionarios que entregaron su vida en Trelew no lo hicieron para apuntalar al capitalismo, peleaban por un mundo diferente, más humano e inclusivo. La patria socialista.

 

Los héroes de Trelew

Los heridos, que lograron sobrevivir a la masacre y que dieron testimonio de los hechos, fueron luego asesinados durante la dictadura militar.

Tomado de Resumen Latinoamericano

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