Las cuitas del acuerdo petrolero con Estados Unidos: ¿“histórico” o “ignominia”?
Por Boyanovsky Bazán / Tiempo Argentino / Resumen Latinoamericano, 30 de agosto 2026.
Trump lo calificó de «giro drástico en la relación bilateral». La pelea por el control de las mayores reservas del mundo. Sorpresa en Caracas. La oposición lo califica como un «remate americano».
Estados Unidos y Venezuela celebraron un acuerdo energético que la presidenta venezolana Delcy Rodríguez anunció como “un acuerdo histórico” que tendrá “un impacto significativo en la reactivación de nuestra nación” pero que para su par estadounidense significa “controlar” enormes cantidades del crudo. Donald Trump consideró que se trata del “mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”, al asegurar que permitirá a Washington obtener control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo venezolano.
El anuncio, realizado primero por Trump través de Truth Social, marca un giro drástico en la relación bilateral y abre un escenario de impacto global en el mercado energético. Trump afirmó que la operación se concretó “sin costo para el contribuyente estadounidense”, y destacó el rol del secretario de Estado, Marco Rubio, y del secretario de Guerra, Pete Hegseth, quienes encabezaron las negociaciones junto a la presidenta venezolana Delcy Rodríguez y representantes del sector privado. Según el mandatario, el acuerdo “más que duplica las reservas petroleras de Estados Unidos” y permitirá reducir de manera sustancial los precios de la gasolina “a largo plazo”.
A su vez, Rodríguez comunicó en X que la iniciativa “es el resultado del fortalecimiento de las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos, y facilitará un flujo significativo de inversión dirigido a la recuperación y reconstrucción de la infraestructura estratégica para el desarrollo de nuestra industria de hidrocarburos”.

Repercusiones y rechazos
La magnitud del anuncio generó repercusiones inmediatas. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo —más de 300.000 millones de barriles según la OPEP—, aunque gran parte de ellas permanecen subexplotadas por falta de inversión, sanciones internacionales y deterioro de infraestructura. La posibilidad de que Estados Unidos obtenga control operativo o participación mayoritaria en una porción significativa de esos recursos representa un cambio histórico en la política energética hemisférica.
Medios estadounidenses señalaron que el acuerdo podría incluir participación en campos de la Faja Petrolífera del Orinoco, acceso preferencial a crudo pesado y un esquema de administración conjunta de activos estratégicos. Analistas del sector energético recordaron que empresas norteamericanas como Chevron ya operan en Venezuela bajo licencias especiales, pero nunca antes se había anunciado un entendimiento de esta escala.
En Caracas, el anuncio sorprendió incluso a sectores del oficialismo. Fuentes cercanas al gobierno venezolano indicaron que el pacto podría formar parte de una estrategia para levantar sanciones, atraer inversiones y estabilizar la economía, que atraviesa una década de contracción. La administración de Delcy Rodríguez busca desde hace meses recomponer vínculos con Washington y diversificar socios energéticos ante la caída de producción y la dependencia de mercados asiáticos.
Por su parte, el exministro de Petróleo de Venezuela, Manuel Quevedo, expresó duras críticas contra acuerdo y lo calificó como un «remate americano».

A través de declaraciones en sus redes, el exfuncionario y exdirector de PDVSA (2017-2020) puso en evidencia una profunda molestia por el desenlace y acusó al actual gobierno de caer en contradicciones: Quevedo reprochó que los primeros detalles del acuerdo fueran difundidos directamente por Donald Trump en sus redes sociales en lugar del propio ejecutivo venezolano. Además cuestionó la presentación oficial al afirmar que “si es tan bueno, ¿por qué no lo anunció nuestro gobierno?”.
El exministro calificó el entendimiento como un acto de «ignominia» y «pena ajena», y apuntó a que el pacto es el resultado final de un proceso que desmanteló la empresa estatal para abrir paso a la participación e influencia directa de Washington en el negocio del crudo venezolano.
Además se quejó de haber sido «abandonado y maltratado» por sus antiguos compañeros que optaron por “distanciarse” de su gestión, mientras el actual gobierno celebra el pacto como un logro «histórico». Aseguró que no se entregó “a intereses extranjeros… Soy bolivariano”.
Tomado de Resumen Latinoamericano

