A medio siglo de crimines impunes, los ciclos de la CIA
Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
En junio de 1976 se dieron cita en Bonao, República Dominicana un grupo de terroristas de origen cubano representativos de organizaciones extremistas asentadas en territorio de Estados Unidos. Como coordinador figuró el criminal Orlando Bosch Ávila, prófugo entonces de la justicia estadounidense por haber violado la libertad condicional al ser juzgado por varios delitos, incluida la extorsión contra emigrados cubanos con el empleo de métodos terroristas.
El propósito del encuentro era coordinar las agresiones contra las representaciones cubanas, su personal e intereses de países que a pesar de las presiones de sucesivas administraciones estadounidenses, mantenían relaciones con el gobierno cubano. Dos reuniones se produjeron, una constitutiva de la llamada Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, CORU, alianza terrorista y otra para planificar más de veinte actos de terror de inmediata ejecución.
Todos los presentes firmaron la alianza criminal, excepto los miembros del grupo fascista Movimiento Nacionalista Cubano, MNC, quienes alegaron que tenían en curso una acción ordenada por la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile, DINA, que no era otra, como se conoció después, que el asesinato del ex embajador chileno en Washington, Orlando Letelier del Solar, que sería cumplida el 21 de septiembre de 1976 y en el cual participaron los terroristas de origen cubano Virgilio Paz Romero y José Dionisio Suárez Esquivel, este último detonó la bomba asesina.
El dictamen de Joe D. Whitley, Fiscal General asociado actuante en el proceso de admisión en Estados Unidos de Bosch Ávila, de fecha 23 de enero de 1989 avala su participación en el derribo en pleno vuelo del avión cubano al concluir: «Bosch, mientras estuvo fuera de los Estados Unidos, fundó y dirigió la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), una organización anticastrista terrorista la cual hubo de aceptar su responsabilidad en numerosas explosiones en Miami, Nueva York, Venezuela, Panamá, México, Argentina y otros sitios».[1]
Continuó el documento oficial de referencia: «En octubre de 1976, Bosch fue detenido en Venezuela en relación a la explosión de un avión de la línea aérea civil cubana el 6 de octubre de 1976, que causó la muerte de 73 hombres, mujeres y niños”. La impunidad se impuso y el criminal, después de estar inmerso en un tortuoso y amañado proceso judicial durante once años fue finalmente liberado. En su juicio, según el texto estadounidense: «Se presentaron pruebas de que los dos hombres condenados por homicidio en relación con la explosión, estaban en contacto con Bosch antes y después del hecho».
Añadía el dictamen judicial: «A raíz de su liberación el 17 de mayo de 1988, Bosch fue detenido por el Servicio de Inmigración y Naturalización, SIN. En aquel momento, el director del Distrito del SIN en Miami le entregó a Bosch un aviso de exclusión temporal, alegando que era excluible de Estados Unidos debido a: «Existen razones para creer que buscaría entrar en Estados Unidos solo, principal, o incidentalmente para mezclarse en actividades perjudiciales para el interés público».
Además: «Que es o ha sido un extranjero que aboga o enseña o ha sido un miembro de una organización que apoya la necesidad o la conveniencia de atacar o matar a funcionarios de cualquier gobierno, además la lesión o la destrucción de la propiedad y ejercita los sabotajes».
Continuaba: «Existen bases razonables para creer que probablemente él, después de entrar, se mezclaría en actividades que serían prohibidas por las leyes de los Estados Unidos relacionadas al espionaje, el sabotaje, el desorden público, o en otras actividades subversivas para el interés nacional». Además, el aviso planteaba que Bosch también era excluible sobre la base de que ha sido condenado por «un delito de bajeza moral, más que un simple delito político».
¿Qué siguió después? El delincuente fue indultado por el presidente George H. W. Bush, contrario al parecer del Departamento de Justicia y el dictamen del fiscal general. El generoso benefactor dirigía la Agencia Central de Inteligencia cuando explotó en pleno vuelo el avión de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976.[2]
Ahora se sabe, tras años de investigación, que el terrorista internacional de origen cubano Pablo Gustavo Castillo Díaz[3], alias «El Cojo», uno de los autores materiales del asesinato del técnico cubano Artaigñán Díaz Díaz, ocurrido en México el 23 de julio de 1976, y que escapó después del crimen a Venezuela, estudió las rutas aéreas de Cubana de Aviación por el Caribe y seleccionó la nave que fue después siniestrada.
También se constató que el 11 de octubre de 1976, cuando es detenido Orlando Bosch en Caracas, estaba acompañado por Castillo, quien fabricó las bombas que después son colocadas en el avión cubano por los mercenarios venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo Lozano.
El criminal Castillo Díaz, lo hace con el explosivo y los detonantes, que le proporcionó un experto en explosivos de la DISIP a cambio de un paracaídas que pertenecía al terrorista anticubano Rolando Otero Hernández, autodenominado «Cóndor» y actuó como asalariado de Luis Posada Carriles dentro de la Operación Cóndor dirigida por la Dirección Nacional de Inteligencia de Chile.
La siempre presente CIA, cuando se trata de conspiraciones para asesinar o destruir, está culpada en sus propios documentos, que dan fe del conocimiento anticipado que tuvo de los planes que se urdían para derribar el avión cubano y nada hicieron para evitarlo, no transmitieron una simple alerta oportuna a las autoridades cubanas. Cuando Posada Carriles, fue detenido en Caracas, como autor intelectual y gestor del derribo del avión cubano, se le ocupó entre otros documentos, la ruta que seguía Letelier de su casa al Instituto de Estudios Políticos, donde laboraba.
Un documento secreto de la CIA desclasificado y fechado 13 de octubre de 1976, con la acotación «Terreno no. 7514», identificaba a la fuente como: «Un antiguo funcionario del gobierno de Venezuela, quien es habitualmente un informante confiable» y alertaba: «Esta información no es para discutirse con ningún funcionario extranjero, incluyendo aquellos del gobierno de Venezuela».
El texto trataba sobre un plan de derribo de un avión señalaba: «Bosch hizo la declaración: «ahora que nuestra organización ha salido bien del trabajo de Letelier con buena presencia, vamos a tratar algo más». Añade el informe: «A los pocos días en una comida para recaudar fondos, que se emplearían en nuevas acciones, Posada fue escuchado diciendo «vamos a atacar a un avión cubano» y «Orlando tiene los detalles».
Después del derribo del avión cubano Luis Posada Carriles planeó evadir al terrorista Orlando Bosch de Venezuela, lo cual hizo el 9 de octubre cuando el criminal cruzó la frontera hacia al territorio colombiano.
Antes, el 22 de junio de 1976, la CIA tuvo conocimiento adelantado de los planes en desarrollo para derribar aviones civiles cubanos, así lo revela el documento de esa agencia estadounidense fechado y distribuido ese día y que significaba: «Informe de clase secreto, sensible, fuentes y métodos de inteligencia involucrados. No divulgar a nacionales extranjeros. No distribuible entre contratados o consultores contratados. A continuación, reseñaba: «Un hombre de negocios con vínculos estrechos con la comunidad de exiliados cubanos. Habitualmente es un informante confiable. Reveló que un grupo extremista de cubanos exiliados, del cual Orlando Bosch es el líder, planea colocar una bomba en un vuelo de la aerolínea Cubana de Aviación, que viaja entre Panamá y La Habana. Los planes originales para esta operación diseñaban, que se colocarían dos bombas en el vuelo número 467 del 21 de junio de 1976, el cual estaba programado para salir a las 11:15 a.m. de la hora local de Panamá».[4]
Del documento se enviaron copias a: Departamento de Estado, Dirección de Inteligencia del Ejército, Ejército, Armada, Fuerza Aérea, FBI, y la CIA, pero el gobierno cubano ni antes ni después fue destinatario de esta información, que precisaba incluso que se colocarían dos bombas, como ocurrió posteriormente en el acto terrorista en Barbados, revelaba al criminal Orlando Bosch como gestor del crimen, que, además, el objetivo sería un avión civil de la línea aérea Cubana de Aviación y todos estos datos precisos fueron conocidos y permitidos por la CIA cuatro meses antes del 6 de octubre, cuando 73 personas perdieron la vida, incluidos 57 cubanos.
Es conocido que nada hay oculto entre la tierra y el cielo, que todo es secreto hasta un día. Se continuarán conociendo nuevas revelaciones sobre este horrendo crimen que este año cumplirá 50 años de cometido, mientras sus ejecutores vivieron impunes en Estados Unidos bajo el amparo de sus autoridades.
Los documentos desclasificados en ocasión del 60 aniversario de la Crisis de Octubre, sólo reiteran lo conocido y denunciado. Cuando la CIA empleó a mercenarios de origen cubano en los programas de contrainsurgencia, los utilizaron en operaciones de exterminio de líderes políticos. Cuando fue asesinado el chileno Orlando Letelier del Solar en la capital de Estados Unidos, este lideraba la oposición contra la junta fascista en ese país. Unidos. Su eliminación, con la participación de los soldados de fortuna de origen cubano, envió un mensaje de terror a los antifascistas.
Antes, los asalariados cubanos habían participado en el intento de asesinato contra el líder opositor demócrata cristiano chileno Bernardo Leighton, en Roma, Italia, con el fin de amedrentar a la resistencia chilena en Europa, donde también conspiraron para eliminar a los líderes políticos chilenos Carlos Altamirano y Valodia Terterboin en Europa, donde la DINA chilena actuaba con total impunidad. Se registra una marcada tendencia del empleo del asesinato político con fines contrainsurgentes en la dictadura castrense con el empleo de mercenarios de origen cubano.
Ambos crimines, ejecutado por el terrorismo anticubano a pocas semanas de diferencia, cumplen en este 2026 medio siglo y alertan sobre los ciclos de la CIA.
[1] Documento archivado en la fiscalía general de los Estados Unidos con el número A28 851 622
[2] El criminal, murió impune en la ciudad de Miami.
[3] Este terrorista, murió impune en la ciudad de Miami.
[4] Véase más información sobre este plan en el libro Cielo Amenazado, del propio autor.
(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

