Homenaje a Leal en su 84 natalicio incluye acto en el Museo de la Ciudad y apertura de la exposición «Visiones compartidas»
Por: Syara S. Massip y Victor Villalba / Resumen Latinoamericano Cuba
En la mañana del 11 de septiembre tuvo lugar en el Museo de la Ciudad de La Habana, antiguo Palacio de los Capitanes Generales, el acto de homenaje al natalicio 84 de Eusebio Leal Spengler. (1942-2020), historiador de La Habana, figura central de la cultura cubana y uno de los intelectuales más influyentes del país. En 1967 fue nombrado director del Museo de la Ciudad y en 1981 asumió oficialmente el cargo de Historiador de La Habana. Bajo su dirección, el Centro Histórico de la ciudad fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982. Su labor no se limitó a la restauración de edificios, creó un modelo único de gestión patrimonial que reinvirtió los ingresos del turismo en la conservación del centro histórico, devolviendo la vida a los barrios coloniales que estaban en ruinas y promovió la restauración de cientos de edificios, incluido el Capitolio Nacional. Fue además un orador excepcional y un incansable divulgador de la historia. Para los habaneros, Leal era la encarnación del alma de la ciudad y su figura, siempre con su camisa gris recorriendo las calles del centro histórico, se convirtió en parte de la memoria colectiva de La Habana.

La Orquesta del Lyceum de La Habana interpretó “La bella cubana” de José White, dando inició la actividad presidida por Javier Leal, hijo del eterno historiador y Perla Rosales, Directora General Adjunta de la Oficina del Historiados de la Ciudad de La Habana, junto a directivos de la institución, el cuerpo diplomático español acreditado en Cuba y amigos de Leal.

En la ceremonia el fotógrafo y documentalista Roberto Chile ofreció las palabras centrales, quien comenzó su intervención parafraseando la canción del trovador Silvio Rodríguez: «Quién fuera». “¡Quién fuera el mítico Leal! ¡Quién fuera como él, un gran orador!”. Y continuó expresando: “Hace años, mi hijo Daniel, con esa curiosidad tan genuina de los adolescentes, me preguntó: «Papá, ¿cómo hablaba Martí?». La pregunta me sorprendió, pero la respuesta me llegó como un destello. Le dije: «Daniel, escucha a Eusebio Leal cuando su voz se enciende en la tribuna. Así hablaba Martí». Porque Eusebio no hablaba, declamaba; no alertaba, convencía; no emocionaba, estremecía. Quienes tuvimos el privilegio de escucharlo más de una vez sabemos que su palabra era fuego vivo, lección magistral, canto a la vida. Era como si en su garganta resucitara la voz del Apóstol. Declamaba la historia como quien recita un poema épico, y cada piedra de La Habana, cada rincón de Cuba, cada suceso de la historia, cobraban bajo su aliento una musicalidad y una espiritualidad únicas. Escucharle no era una emoción pasajera, era un latir que nos sacudía el alma, porque en su palabra palpitaba la esencia de nuestros orígenes, nuestras penas más hondas y nuestras esperanzas, quebrantadas unas, otras más vivas que nunca.”

“Leal a la Patria, al trabajo y a la virtud, Eusebio supo ganarse el afecto y la admiración del pueblo cubano, entre otros méritos, por su ingenio y maestría al rescatar de la ruina y el olvido tantos espacios emblemáticos de la capital y sus contornos. Ese hombre, que tanto nos entregó, nos legó una obra de piedra, de letras y de espíritu. Pero su huella más perdurable no reposa solo en los muros restaurados ni en los libros escritos, sino en la conciencia que supo despertar con su ejemplo de humanidad, de amor al prójimo y de consagración al trabajo creador, y en la certeza que sembró en lo más hondo de nosotros de que la identidad se fragua en el amor a las raíces, y de que la defensa del patrimonio es, en esencia, acto de soberanía y resistencia. Por ello, al evocarlo, asumamos el compromiso de proseguir soñando y luchando por una Cuba prospera, más justa, más libre y más humana. (…)
Esta fotografía, tomada por mi en la Plaza de la Revolución el Primero de Mayo de 2013 durante el desfile del pueblo habanero, aparece en el libro Nuestro amigo Leal de Ediciones Boloña, junto a estas palabras que escribí para él, y que en su brevedad resumen mi sentir:
«Aunque no poseo el don de la oratoria y la escritura, podría pasar horas elogiando a quien con perseverancia y pasión ha empleado toda su vida en levantar de las ruinas espacios que parecían insalvables, y hoy devienen majestuosos monumentos de la historia, la cultura y la vida de la nación cubana. Pero no, que sea la Ciudad quien lo premie, la Patria quien lo honre y Dios quien lo bendiga. Ya aparecerá la mano virtuosa, que en vida y no después, lo funde en bronce o lo talle en piedra y lo plante en el centro de la ciudad para que su efigie, y no solo su alma, permanezca eternamente entre nosotros. Así quien visite la hermosa capital podrá estrechar su mano y ofrendarle una flor».
Transcurrieron algunos años, y lo que entonces fue un anhelo, o acaso una profecía, es hoy, por fortuna, una realidad. Las manos virtuosas del escultor José Villa y su colaborador Gabriel Cisneros modelaron el bronce, aunque no en vida como hubiéramos deseado. Quiso el destino que fuera para la memoria y la posteridad. Y ahí está la efigie de nuestro insigne historiador, plantada a las puertas de este museo que custodia su alma inmortal, velando por la calle de madera y la puerta que tantas veces transitó —y cruzó— en su cotidiano peregrinar.
Hoy al salir, podremos ofrendarle la flor de nuestro eterno reconocimiento y expresarle en silencio nuestra infinita gratitud. ¡Hasta siempre, amigo Leal!”



Luego de la acto la mayoría de los asistentes se trasladaron a la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez (Casa de México), donde a las 11:00 a.m. quedó inaugurada la exposición «Visiones compartidas» a modo de continuidad al homenaje a Eusebio Leal. La muestra reúne fotografías de Roberto Chile junto a obras creadas por once artistas cubanos que las leen, las interpretan y las devuelven transformadas en pintura, dibujo o instalación.

El título de la exposición indica precisamente a ese territorio común donde convergen en un mismo espacio dos lenguajes visuales: la fotografía, con su vocación de capturar el instante, y las artes plásticas, con su capacidad de reinterpretarlo, ambas en diálogo, donde cada creador aporta su propia mirada.

Lo que une a estas obras es la mirada de Chile como punto de partida, sus fotografías funcionan como detonantes visuales que invitan a los artistas plásticos a sumergirse en ellas y extraer nuevas lecturas. Lo que las diferencia es justamente, la pluralidad de enfoques: Roberto Fabelo, Dausell Valdés, Rubén Fernández, Luis Enrique Camejo, Jorge César Sáenz, Douglas Pérez, Vicente Hernández, Agustín Hernández Carlos, Eduardo Méndez Navarro, Alejandro Gómez Cangas y Daniela Águila, no ilustran la foto, la habitan y la resignifican desde sus propios universos creativos.

Así, una misma imagen puede volverse onírica, crítica, poética o abstracta según la mano que la interprete. Ese es el verdadero juego de «Visiones compartidas»: el espectador asiste a un mismo punto de partida que se multiplica en direcciones impensadas. La fotografía deja de ser un documento para convertirse en materia prima de la imaginación; la plástica, por su parte, se nutre de lo real para proyectar nuevas realidades.
El montaje está a cargo de Carlitos Montané y Rafael López, con el diseño gráfico de Yuset Sama. Como ha señalado Rafael Acosta de Arriba: “En Visiones Compartidas veremos imágenes fotográficas de Roberto Chile y las correspondientes obras creadas por artistas cubanos que las leen e interpretan. Conversación entre imágenes. Fiesta para la mirada. Un deleite también para los públicos que compartirán sus propias visiones con las de los artistas.”













