Democracia cero: el soborno de Trump a los votantes
Por Hedelberto López Blanch
Lo que propuso el convicto presidente estadounidense Donald Trump acaba de romper todos los esquemas electorales de la llamada «democracia capitalista» al proponer públicamente que si el partido Republicano logra retener la Cámara de Representantes y el Senado en los comicios legislativos de noviembre, le entregará a cada votante 5 000 dólares.
Semejante soborno echa por tierra toda la propaganda referente a que el modelo de las elecciones en los países occidentales son «democráticas».
Por un momento, piensen la enorme campaña que desatarían los medios hegemónicos de comunicación si un candidato progresista y nacionalista de Brasil, México, Nicaragua o Cuba, por citar algunos ejemplos, expresaran que entregarían miles de pesos a los votantes que los apoyaran.
Sin mediar espacio, los grandes titulares de prensa arremeterían contra éstos con epítetos de dictadura, autocracia, violación de la democracias, y muchos otros. Pero en el caso que nos asiste, los medios propagandísticos de occidente han ignorado la grave propuesta realizada por Trump y en contraste se han dedicado a tratar de edulcorar ese claro soborno con disquisiciones sobre si es válido o no el ofrecimiento.
El magnate presentó el denominado «Dividendo Trump» durante la convención republicana celebrada el jueves 11 de septiembre en Dallas, Texas. Con su habitual prepotencia, sostuvo que no cree necesitar la aprobación del Congreso para poner en marcha el programa y afirmó que los legisladores lo respaldarían en caso de que finalmente fuera necesaria una autorización.
La insólita propuesta tendría un costo aproximado de 1,2 billones de dólares, tomando como referencia los cerca de 245 millones de ciudadanos adultos del país. Economistas y expertos fiscales han cuestionado la idea, en momentos en que el Gobierno federal registra déficit anuales cercanos a los dos billones de dólares.
La deuda pública estadounidense supero los 40 billones de dólares, equivalentes aproximadamente a 123-125 % del PIB del país. Entre octubre de 2025 y julio de 2026, Washington gastó 963 000 millones de dólares solamente en intereses de la deuda, una cifra superior incluso al gasto de las Fuerzas Armadas durante ese período.
En un reciente editorial, el diario mexicano La Jornada significó: «Lo preocupante es que, cumpla o no con su promesa, el hecho de ofrecer un pago directo a cambio del triunfo electoral de su partido supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación. La muestra más clara del deterioro de la institucionalidad estadounidense es que, en cualquier otro momento y en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo mayúsculo que derivaría en sanciones y posiblemente pondría fin a la carrera política del implicado, pero en el Washington de Trump es sólo un día más».
En ese sentido, el editorial explica que el desmantelamiento de la democracia estadounidense y la destrucción de los controles sobre el financiamiento electoral comenzaron hace medio siglo y se han incrementado con la llegada de Trump a la Casa Blanca.
En 1976, la Suprema Corte determinó que limitar el gasto en campañas viola la libertad de expresión y desde entonces, no hay límite alguno al gasto independiente ni al dinero que un candidato puede dilapidar de su propio bolsillo. En junio de este año, eliminó los límites sobre la cantidad que los partidos políticos pueden gastar en publicidad y otros conceptos en coordinación con los candidatos.
Entre una y otra sentencia, subraya La Jornada, la Suprema Corte permitió también donaciones ilimitadas por parte de individuos y el uso de recursos donados para que los candidatos se paguen a sí mismos todos los trámites propios que hayan destinado a la campaña. o sea, un aspirante puede comprarse el cargo con su dinero y luego recaudar fondos de los interesados al ser “amigos” de un senador, gobernador o presidente.
Además, cualquier organización con registro sin fines de lucro puede gastar sin ningún tope en las elecciones y reservar la identidad de sus donantes. Es decir, en Estados Unidos los grupos criminales a los que Washington dice combatir tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero.
En esas campañas electorales fluyen además abundantes capitales como los del lobby judíos; empresarios millonarios y de cualquier organización adinerada que le sea necesario para sus intereses y negocios apoyar a un candidato determinado sin importar que haya sido corrupto, narcotraficante, pedófilo o malversador. Y al que le sirva el saco que se lo ponga.
Todo eso sería considerado como una flagrante corrupción para cualquier país del orbe, pero para Estados Unidos no.
Así son las llamadas «elecciones democráticas capitalistas»: todo para los poderosos, poco para los pobres. Otra trumpada de las que acostumbra a realizar el magnate estadounidense.

