Un horrendo crimen, el pueblo enérgico y la injusticia tiembla (II)
Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
La conjura en Bonao, tenía el propósito de coordinar las acciones futuras contra representaciones cubanas, su personal e intereses de países que a pesar de las presiones estadounidenses mantenían relaciones con el gobierno cubano. Dos reuniones se produjeron, una constitutiva de la llamada Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, CORU, alianza terrorista y otra para planificar más de 20 actos de terror de inmediata ejecución. Todos los presentes firmaron, excepto los miembros del grupo fascista Movimiento Nacionalista Cubano, MNC, quienes alegaron que tener en curso una acción ordenada por la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile, DINA, que no era otra, como se conoció después, que el asesinato del líder de la resistencia chilena y exembajador en Washington, Orlando Letelier del Solar, que sería cumplida el 21 de septiembre de 1976.
El manipulado pretexto de la participación internacionalista cubana en Angola, tiene sus antecedentes, se culpó a Cuba de haber causado la ruptura de conversaciones secretas sugeridas por Henry Kissinger, que desde inicios 1975, se sostenían entre representantes de la Isla y de la administración entonces de Gerald Ford, cuando en realidad ya asesores estadounidenses se habían instalado en territorio angolano para evitar la independencia de Portugal por parte del Movimiento para la Liberación de Angola MPLA, ofrecían asesoría a otras organizaciones beligerantes y afines a sus intereses, en contubernio con el régimen racista de Sudáfrica.
El 9 de agosto de 1974, llega a la Casa Blanca el republicano Gerald Rudolph Ford, quien beneficiado por escándalos políticos se convirtió de la noche a la mañana en presidente de los Estados Unidos. Esta administración que duró un poco más de dos años, fue el período más virulento que registra la historia de las agresiones contra representaciones de Cuba en diversos países.
Los terroristas ejecutaron doscientos dos actos de terror, ejecutados en veintitrés países, incluido Estados Unidos, donde los fanáticos emplearon el terror en ciento trece ocasiones contra entidades estadounidenses públicas y privadas. Cada cinco días, como promedio, estalló una bomba, con su carga de pavor, daños humanos y materiales.
A principios de 1975 se iniciaron conversaciones secretas, en Nueva York, entre representantes de los Estados Unidos y de Cuba para buscar una distensión en las relaciones bilaterales. Fueron iniciadas el 11 de enero y suspendidas, después del 15 de noviembre por la parte norteamericana, cuando se incrementó la asistencia solidaria de Cuba a la consolidación de la independencia angolana, liderada por el Movimiento para la Liberación de Angola, colonia que se había liberado del colonialismo de Portugal y estaba amenazada por otros grupos beligerantes, que pugnaban por tomar el poder con apoyo de la entonces racista Sudáfrica. Dio inició a la Operación Carlota, en honor a la negra Carlota que se había sublevado machete en mano y al frente de una partida de esclavos y luchó por la libertad en igual día de 1843. El 7 de noviembre llegó el primer contingente de ochenta y dos combatientes a bordo de un avión Bristol Britannia BB-318 de turbohélice de Cubana de Aviación.
Ha sido notable la hipocresía y dualidad, de la política estadounidense, mientras tendían puentes para causes de distensión, dejaban actuar impunemente a los grupos terroristas anticubanos. Lo consideraban un elemento de presión para negociar en una posición más ventajosa. Se ha especulado sobre una probable autonomía de esos grupos, que en teoría actuaron a la vista y tolerancia de diversas agencias gubernamentales
El 20 de diciembre de 1975, el Senado norteamericano cortó oficialmente los fondos de ayuda a las bandas contrarrevolucionarias en Angola, el presidente Ford exclamó: “La acción del gobierno cubano de enviar fuerzas de combate a Angola destruye cualquiera oportunidad de mejoramiento de relaciones con Estados Unidos”. Dos días después en respuesta a esa intromisión norteamericana en los asuntos internos de un país, libre, soberano e internacionalista como Cuba, el líder cubano Fidel Castro, expresó en la clausura del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba: “Es curioso que el Presidente de Estados Unidos, el señor Ford, nos amenace con eso. Antes, cuando existía cuota azucarera, la suprimieron; cuando existía comercio entre Estados Unidos y Cuba, lo suprimieron; pero ya no les queda nada por suprimir y ahora suprimen las esperanzas. Esto pudiera llamarse “el embargo de la esperanza” por parte del Presidente de Estados Unidos. Ha embargado realmente lo que no existe. Si para tener relaciones con Estados Unidos hay que renunciar a la dignidad de este país, hay que renunciar a los principios de este país, ¿cómo se pueden tener relaciones con Estados Unidos?
El presidente estadounidense, al tratar de acaparar el respaldo de la mafia cubanoamericana de la Florida en un discurso dirigido a los votantes de origen cubano, que además podían darle donaciones para sus aspiraciones políticas declaró en un mitin en las elecciones primarias: “[…] el régimen cubano está actuando como un bandido internacional”. Mientras Kissinger, dijo: “Nos oponemos y no podemos aceptar ninguna otra aventura militar cubana. No quiero decir, qué haremos ante la circunstancia concreta”. Confluyó en esta situación, además, los intereses geopolíticos del gobierno de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, quien tenía la aspiración de convertirse en líder político regional, que lo proyectara a puestos continentales una vez concluido su mandato.
El 1 de noviembre de 1972, fue excarcelado bajo libertad controlada, que evadió en abril de 1974. Si la máxima autoridad del estado de Florida en 1972, cuando el terrorismo anticubano estaba en una descontrolada oleada dentro de ese estado, afectando intereses y a ciudadanos norteamericanos, intercede por uno de esos terroristas preso por cometer decenas de actos de terror, incluso por haber amenazado de muerte a los mandatarios de Inglaterra, México y España, por medios públicos, qué se podría esperar de ejercer la justicia y disuadirlos de no seguir en tales prácticas criminales.
Así el entramado político, el fugitivo Orlando Bosch, que había llegado a Caracas a mediados de 1974 y en octubre había roto el acuerdo de no realizar actos de terror en Venezuela, fue detenido y propuesta su deportación del país, se ofrece devolverlo a los Estados Unidos, de donde ha escapado a pesar de estar, a los efectos teóricos legales, en libertad condicional; sin embargo el Departamento de Justicia de ese país se niega a recibirlo y responden sus funcionarios, que era un emigrado de origen cubano, que era mejor tenerlo afuera del territorio nacional. Ningún país, consultado, acepta acogerlo, se le ofrece a los Estados Unidos e manera oficial. El Departamento de Estado no mostró interés en extraditarlo, no obstante ser prófugo de la justicia por violar la libertad condicional. En respuesta, alegaron: Ese emigrado es “un ciudadano indeseable que no tiene estatus legal en este país”.
Entonces a Bosch se le busca acomodo de momento en Curazao, y en diciembre de 1974 se radica en Chile. El respaldo a las fechorías de Bosch, por parte de políticos norteamericanos, tenía un antecedente vergonzoso, en 1972, cuando guardaba prisión, el entonces gobernador del estado de Florida, Claude Kirk, realizó gestiones para obtener su libertad a pesar de estar en una cárcel de máxima seguridad por terrorista. El gobernante, expresó ante un grupo de empresarios de la Cámara de Comercio Latina, reunidos en una cena: “Cuando pienso en los hombres libres que buscan liberar a su patria, necesariamente tengo que pensar en el doctor Bosch […] Estoy trabajando efectivamente para que lo suelten y creo que dentro de poco veré resultados”.
El servidor público estadounidense, con su proceder, envió entonces un claro mensaje de respaldo a los terroristas quebrantadores de la ley, en su jurisdicción: “Actúen, cuentan con mi respaldo”. La actitud engañosa de los Departamentos de Justicia y Estado de los Estados Unidos en 1974, no debe confundir, no se trataba de negarle el ingreso al país a un terrorista, de esquivar un potencial problema en su territorio, se trataba en realidad de protegerlo, dejarlo afuera para permitirle actuar, ahora que había iniciado la cruzada contra Cuba en la llamada “Guerra por los caminos del mundo”, no importaba, que fuera un prófugo de libertad condicional o que afectara intereses y a personas de países amigos, aliados de Estados Unidos, ni a sus propios ciudadanos, de ocurrir, serían efectos “colaterales” tan inevitables en los conflictos armados, según la versión norteamericana, que se pondría de moda varias décadas después.
¿Por qué, entonces no se desató la protesta de los llamados exiliados cubanos, para exigir que Venezuela liberase a Bosch y los Estados Unidos le diera protección, como ocurrió después en la década siguiente, cuando fue recibido con el apoyo de organizaciones extremistas y la influencia de políticos de origen cubano, más el beneplácito del entonces presidente George W. H. Bush. En los dos momentos históricos, se trata de Poder Cubano, integrada por fanáticos de la violencia, que detonó en varias ciudades de los Estados Unidos, más de setenta bombas, desde enero hasta noviembre de 1968.
Estos antecedentes muestran los orígenes y gestación del execrable crimen concebido y ejecutado en el cielo de Barbados.
En foto de portada: Orlando Bosch y Posada Carriles, -terroristas confesos- celebrando sus crímenes desde La Florida.
(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

