Un horrendo crimen, el pueblo enérgico y la injusticia tiembla (VI y final)
Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
El crimen de asesinar a setenta y tres personas, al hacer estallar un avión civil en pleno vuelo, aún está impune para los autores intelectuales de ello, ambos Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles, estuvieron protegidos hasta su fallecimiento en Estados Unidos. Otros involucrados, nunca fueron llevados a juicio.
Este hecho fue repudiado hasta por aquellos que despreciaban activamente a la Revolución. Uno de ellos, Andrés Cuevas dijo: “[…] yo era combatiente anticastrista […], yo era de los que cuando oía que habían dinamitado una embajada, me sentía contento. Y cuando explotó el avión en Barbados me sentí abochornado de mi causa. Yo nunca le vi justificación a aquello […] no podemos convertirnos en asesinos para derrocarlo [a Castro]”.
Mientras uno de sus gestores, Bosch Ávila, dio su valoración: “El accidente del avión de Cubana de Aviación, que iba repleto de agentes del G-2, hombres del servicio de Inteligencia, cinco coreanos comunistas del norte y diez guyaneses becados para entrenarlos en Cuba, como parte del plan de penetración comunista por intermedio de ese país y de lo cual está consciente el gobierno de Venezuela”.
Sin el más mínimo sentimiento humanitario hacia las víctimas, sin pudor, ni respeto hacia los jóvenes deportistas cubanos, a los que describía como, que eran “unos cuatro negritos”, hacia los adolescentes guyaneses que aspiraban a convertirse en médicos en Cuba, así se refería el autor intelectual de tan abominable acto de lesa humanidad.
El derribo del avión cubano en Barbados conmocionó a millones de personas en el mundo, las fotos de los jóvenes esgrimistas cubanos; del cadáver de la niña guyanesa que emergió de las profundidades del Caribe para acusar a sus asesinos; de las decenas de familiares de los norcoreanos, de los guyaneses y de los cubanos que lloraban indignados, junto a más de un millón de personas de todas las edades, sexo, razas, credo, opinión política, nacionalidades, que se dieron cita el 15 de octubre para despedir los pocos restos de las víctimas, que simbólicamente se pudieron rescatar de las profundas aguas del mar, cuando la virilidad de un pueblo enlutado, hizo temblar la injusticia.
Tal y como expresó su regocijo el terrorista Orlando Bosch, al valorar en el documento secreto desclasificado, que mencionamos, los efectos positivos para sus planes derivados del asesinato de Orlando Letelier en plena capital de los Estados Unidos, hecho que demostró la capacidad de los terroristas de urdir y ejecutar esos siniestros planes dentro de los Estados Unidos y elevó el ego criminal de sus hombres, también el derribo del avión civil cubano, halagó a los fanáticos, así da fe otro documento del FBI, el relacionado con el conocimiento histórico de esa agencia sobre la creación de la CORU, ya descrito.
El 7 de noviembre de 1976, la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas, CORU, se adjudica haber colocado una bomba contra la línea aérea Cubana de Aviación, en Madrid, España, estalló y causó pérdidas materiales por un monto de quince mil dólares.
En el texto firmado por el entonces director del FBI, William H. Webster, fechado 16 de agosto de 1978, es una recopilación enjundiosa, que abarca el seguimiento en detalles por parte de esa agencia al grupo terrorista anticubano, donde se pone de manifiesto que por lo menos ocho fuentes secretas mantenían permanentemente informados a los funcionarios norteamericanos encargados de combatir el terrorismo de lo que se planeaba, se acordaba y se ejecutaba en la CORU entre los años 1976 y 1978. En uno de sus párrafos indica que, el 11 de mayo de 1977, la mencionada fuente MM-T-3, expresó, que miembros de la CORU, se habían reunido en la tienda de artículos deportivos de uno de sus miembros, Orlando Bebo Acosta, en ella Francisco Eulalio Castro Paz, conocido como Frank Castro, sustituto de Orlando Bosch, quien entonces se encontraba detenido en Caracas, Venezuela, había orientado crear nuevas células de la CORU, es decir reorganizarse para continuar actuando.
Castro añadió, que la CORU, haría una declaración de prensa responsabilizando a Cuba y a Estados Unidos, por cualquier acto de terror que su organización ejecutara en contra de lo que calificó como provocación a la comunidad del exilio, los esfuerzos en el congreso norteamericano para flexibilizar el bloqueo hacia la Isla y viajes de turismo.
Seguidamente, sin ninguna omisión, ni tachadura, el documento registra: “Frank Castro, planteó que la Inteligencia (CORU), estaba actualmente reunida en Mérida, Yucatán, México, el punto intermedio de una propuesta ruta de viajes turísticos entre Esta- 113 dos Unidos y La Habana. Dijo que el vuelo sería de una línea aérea mexicana desde Estados Unidos a Mérida y a La Habana. Expresó que ese avión debe ser saboteado para causar temor a cualquiera, que intente viajar a Cuba como turista”.
Esta información parece inconcebible, si no fuera por los múltiples ejemplos de indulgencia dolosa que registra la historia de las agresiones contra Cuba, por parte de diversas autoridades norteamericanas, hacia los grupos extremistas anticubanos.
¿Cómo fue posible, que el FBI, agencia que fue advertida, como señalamos, por ocho fuentes diferentes sobre los planes e intenciones de la CORU, haya conocido después del sabotaje en Barbados, que se fraguaba un nuevo hecho de esa naturaleza, apenas seis meses más tarde y que no haya actuado de oficio para evitarlo?
Este plan esbozado por Frank Castro, tenía matices más graves aún, se hablaba de sabotear un avión cuyo origen sería los Estados Unidos, donde podrían viajar a bordo ciudadanos estadounidenses, en el cual vendrían cubanos naturalizados como sus nacionales, o tendrían el status de residentes en la Florida, el avión a sabotear sería de un país vecino como México, por lo que las obligaciones internacionales contraídas por las autoridades norteamericanas en materia de seguridad aérea se violarían, todo se ignoró, la CORU, siguió sin ser molestada, ningún terrorista fue detenido, ni apenas interrogado por idear o concebir esos propósitos letales. No importaba que se pudieran haber expuestos al peligro a sus propios ciudadanos.
Pero si inverosímil pudiera parecer esta historia de exponer a norteamericanos al peligro de estallar por los aires a bordo de un avión civil, más aterrador resulta lo acontecido en ese mismo año.
Mientras los aduaneros cubanos se disponían a inspeccionar la carga que había arribado al país en un avión de la línea aérea Iberia, procedente de España, notaron por medio de los medios de seguridad, que algo llamativo había en el interior de dos cajas. Se individualizó la búsqueda y se detectó que en el interior de dos latas de leche infantil de la marca española Pelargón, había cables, relojes, baterías, sustancias ajenas al contenido anunciado en la etiqueta.
Fueron convocados los peritos anti explosivos, quienes abrieron los envases y comprobaron que en su interior había armadas dos bombas, con todos los ingredientes para estallar. Se desactivaron y estudiaron su forma de ser armadas, habían sido preparadas para estallar en pleno vuelo, lo cual no se produjo por errores en la colocación de los cables que debían detonar la cápsula iniciadora o detonante. Estos artefactos explosivos habían sido colocados en inocuas latas de alimento infantil, llevadas a bordo de un avión cargado de pasajeros de varias nacionalidades, se trasladó a cientos de millas desde su origen, sobrevoló varios países, incluido los Estados Unidos y finalmente llegó a territorio cubano.
Después del crimen en Barbados, los órganos especializados cubanos, habían recibido informaciones por fuentes propias, sobre el interés de terroristas anticubanos de reeditar ese acto de terror. En España, los terroristas José Luis González Gallareta y Oscar Alfonso Carol Armand, alias el Rubio, habían expresado estar en planes terroristas de ese tipo. Cuando se fraguan hechos de terror, es imposible calcular todos sus efectos, se pueden salir de control, los daños colaterales que puede provocar son impredecibles, según el decir de los agresores norteamericanos.
Catorce planes para derribar aviones en pleno vuelo, fueron urdidos por el criminal internacional y sus secuaces, en Barbados fue el éxito hace medio siglo, mientras en Cuba un pueblo enérgico y viril aún llora ante la injusticia, que tiembla.
(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

