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Cuba: ¿fallar o estallar?

¿Cuánto demoraría una intervención militar estadounidense si en Cuba se diera un escenario como el de París?

Por Michel Torres Corona* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

En 2026, mientras Cuba enfrenta una profunda crisis socioeconómica que tiene en el bloqueo energético estadounidense a su principal (aunque no sea la única) causa, las “democracias” europeas que muchas veces la señalan con el dedo muestran al mundo su vasto repertorio represivo. El “Estado fallido” soporta días y días de apagón y de escasez de medicinas, agua corriente, alimentos… y aun en esas circunstancias no se da el tan ansiado estallido social, sueño húmedo del imperialismo y sus lacayos. Nada de masacres, ni detenciones masivas, ni heridos ni mutilados. Y los árbitros severos del orden internacional, los que se vanaglorian de su opulencia y de su desarrollo, movilizan a miles de efectivos para mantener el orden y barren con centenares de manifestantes por las calles de París, Barcelona o Tirana.

No es que en Cuba haya absoluta paz y tranquilidad. Es común —aunque hace semanas que no abundan tanto— que el sonido de decenas de vecinos golpeando sus cazuelas rompa el silencio que reina en los barrios de La Habana y de todo el país durante un apagón nocturno. Un pueblo que lleva meses sobreviviendo, en épico ejercicio de resistencia, al sádico asedio feudal al que nos someten los viciosos de Trump y Marco Rubio, también tiene derecho a frustrarse, y a expresar esa frustración (aunque a veces se haga de manera irracional). Y, mientras no lo haga desde la violencia, es comprensible y hasta saludable que se emplace a las instituciones y a los dirigentes, seres humanos que en condiciones tan difíciles también es comprensible que cometan errores e injusticias.

Sin embargo, ese hecho para los medios hegemónicos a nivel mundial —y, sobre todo, para la maquinaria mediática que opera a diario para desacreditar al proceso revolucionario cubano— cobra en el caso cubano connotaciones apocalípticas. Un cacerolazo no es evidencia de descontento natural sino de un golpe orquestado contra la legitimidad del “malvado régimen”, una manifestación en la que personas exigen electricidad o comida no es una forma de interacción social atípica sino muestra de que la “cruel dictadura” se tambalea. Y si la policía arresta a una persona por aprovecharse de estos difíciles y convulsos tiempos para saquear, sabotear o agredir, entonces estamos ante un virulento e injustificable acto de represión.

Pero cuando en Francia el Estado arresta a más de dos mil personas —con un manifestante muerto y cerca de un millar de policías heridos—, no se habla de tiranías, sino del lógico ejercicio de autoridad pública para “contener protestas”. Y los activistas de ultraderecha, sobre todo los cubanos trumpistas que tanto lloran por las “víctimas del castrismo”, se apresuran a justificar la violencia y a acusar a migrantes y a supuestos fundamentalistas islámicos.

¿Cuánto demoraría una intervención militar estadounidense si en Cuba se diera un escenario como el de París? Se ha hecho costumbre que los noticieros muestren a las calles de medio mundo convertidas en campos de batalla, cada vez que la gente protesta por el precio de la vida, por los alquileres o, en el caso de Albania, por los siniestros influjos de la mafia trumpista en ese país… ¿qué dirían si eso sucediera en La Habana?

En marzo de este año, en el pueblo de Morón, decenas de personas protestaron frente a la sede del Partido Comunista. Algunos decidieron vandalizar ese edificio, llegando a tratar de incendiarlo. Hubo detenciones y se dijo que un manifestante resultó herido de bala en una pierna, aunque la respuesta oficial fue que sufrió un accidente al caer ebrio mientras trepaba por los tejados. Hace poco se divulgaron las peticiones fiscales vinculadas a esos hechos, y que incluyen propuestas de sanciones severas, como severas han sido las sanciones impuestas a los que han acometido delitos de sabotaje y robo en sistemas fotovoltaicos instalados para apuntalar el maltrecho Sistema Electroenergético Nacional.

Para la prensa anticubana es una medida draconiana pero… ¿si fuera en Europa o en Estados Unidos qué dirían? ¿Qué se hablaría de saboteadores que entran por la fuerza y vandalizan edificios públicos —no sé, por poner un ejemplo, el edificio del Congreso estadounidense en Washington— o de personas que se aprovechan de circunstancias que cualquier especialistas catalogaría como similares a un estado de guerra para delinquir —pudiera pensar, no sé, en Kiev?

En ninguno de los países de Europa en los que hoy se reprimen y arrestan manifestantes por centenares hay un bloqueo que impida importar combustible o medicamentos. En ninguno hay una crisis energética que deje a la población sin luz durante horas, incluso días. Y, sin embargo, en todos ellos el Estado ha respondido al descontento social con un despliegue coercitivo que supera con creces la respuesta cubana a sus propias protestas. ¿Cuál es el Estado fallido entonces? ¿Por qué no se habla de estallido social en las repúblicas y reinos del viejo continente? ¿Cuándo van a llamar a una intervención militar estadounidense para restaurar la paz y la democracia en esos lugares?

Hay una geopolítica que opera sobre el “permiso para reprimir”, como mismo pesa esa variable cuando se trata de comerciar. Es fácil darse golpes en el pecho y decir que no se harán negocios con comunistas si se trata de comunistas cubanos, pero es más difícil cuando se trata de comunistas chinos. Violar derechos humanos es cosa de naciones “en vías de desarrollo”; las superpotencias y las naciones ricas solo velan por sus intereses y por la seguridad de sus propietarios… o sea, de sus ciudadanos.

En Cuba, cualquier protesta o malestar social tiene una causa material objetiva: el bloqueo. ¿Por qué protestan entonces en Europa?

La causa también es política, pero no implica un acto de guerra imperial sino un paulatino desmantelamiento de ese “Estado de bienestar general” europeo que tan útil fue para la propaganda antisoviética pero que ahora resulta poco rentable para los gurúes neoliberales. El capitalismo contemporáneo, que algunos llaman tecnofascismo o tecnofeudalismo, gestiona la frustración de sus poblaciones con violencia pero también invierte en medios tradicionales y en sofisticados algoritmos para que el relato sobre el ejercicio de esa violencia no deslegitime al sistema, para que los malos siempre sean otros. Y así el “estallido social” también se queda como patrimonio exclusivo del “tercer mundo”.

Un Estado que no puede garantizar luz eléctrica ni agua corriente a su población bajo un bloqueo, al menos no con la frecuencia y calidad de antaño, es presentado como “fallido”. Pero un Estado que, en medio del supuesto “desarrollo capitalista”, moviliza a miles de soldados y policías para reprimir no es más que una “democracia que enfrenta disturbios”. Y es que fallar es cosa de Estados menores, no de grandes potencias; los pequeños Estados dictatoriales reprimen, las naciones mayúsculas muestran el sano músculo de su aparato de seguridad.

La Revolución cubana es hoy más que nunca un proceso político que transcurre en condiciones de sitio. Y sí, hay represión en Cuba, hay violencia, hay descontento, se cometen errores e incluso injusticias… ¿pero vamos a aplaudir a los que hipócritamente se apresuran a lanzar la primera piedra?

No se trata de defender acríticamente cada detención, cada arresto, cada gesto político del gobierno cubano, que se enfrenta a una guerra tan injusta como asimétrica. Pero a lo mínimo a lo que debiéramos aspirar es a que no se acepte ese doble estándar en el que la única violencia visible es la de los países del Sur global, mientras la violencia estructural y policial de las democracias europeas se convierte en “arbitrariedad naturalizada”.

No se debiera tildar a la ligera de “Estado fallido” a la nación que se queda a oscuras y aun así gestiona sus recursos materiales y humanos para evitar el caos. Menos cuando cualquiera puede ver que en lugares donde jamás se apagan las luces, en ciudades sin bloqueos ni amenazas de invasión, se dispara, se mutila y se encarcela con total impunidad. A la hora de juzgar lo que hace o deja de hacer Cuba, ver el panorama completo es condición imprescindible para no distanciarse de la justicia.

(*) Abogado, periodista y conductor del programa de la TV Cubana Confilo.

En foto de portada: Agentes de la policía francesa ejercen violencia contra manifestantes durante una de las recientes protestas en París/ HispanTV.
 

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