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La silla vacía: Venezuela no votó contra el bloqueo y el silencio tiene dueño

Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez.

La Habana, 28 de octubre de 2026.- La Asamblea General de la ONU aprobó este miércoles la resolución que exige el fin del bloqueo contra Cuba. 130 votos a favor. 17 en contra. 25 abstenciones. Y una ausencia que duele más que las 17 traiciones juntas: Venezuela no participó .

No votó a favor. No votó en contra. No se abstuvo. Simplemente, no estuvo.

El país que durante más de dos décadas fue el aliado más firme de Cuba en los foros internacionales, el que denunciaba el bloqueo con la misma fuerza con que defendía su propia soberanía, hoy tiene una silla vacía en el momento más importante del año para La Habana.

Lo que no se ha dicho

No hay explicación oficial. Ni un comunicado de la cancillería venezolana. Ni una nota de prensa. Ni una justificación de último minuto. El gobierno interino de Delcy Rodríguez no ha dicho una sola palabra sobre por qué Venezuela no estuvo en la votación.

Eso, en política, se llama silencio. Y el silencio nunca es neutral.

El patrón que se acumula

Esta ausencia no ocurre en el vacío. Ocurre después de una serie de gestos que, vistos en conjunto, dibujan una línea clara.

En septiembre, durante la Asamblea General, Delcy Rodríguez escuchó en silencio cómo Trump calificaba a Maduro de «criminal y dictador», y no mencionó a Cuba ni al bloqueo en su discurso. Después, posó sonriente con Trump para una foto . El exministro de Cultura cubano, Abel Prieto, calificó esa escena de «incomprensible». «Negociar es una cosa, mostrar sumisión es otra», escribió .

El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, fue más lejos: dijo que Venezuela seguía siendo un «país amigo», pero que «ya no era un aliado». «Aliado es una palabra demasiado fuerte», remarcó .

Y ahora, la silla vacía en la ONU.

¿Mora o cálculo?

No tengo una prueba documental de que la ausencia se deba a una decisión política de no enfrentar a Washington. Pero tampoco tengo una explicación alternativa verificable. Y cuando no hay explicación oficial, el silencio se interpreta.

Si fuera un problema administrativo, bastaría un comunicado explicando la situación. Si fuera un problema técnico, una nota lo resolvería en minutos. Pero no hay nada. Solo el vacío.

Y el vacío, en política, nunca es neutral.

El costo de la ausencia

Los 130 votos a favor son un aliento. Pero el retroceso es real: el año pasado fueron 165. Se perdieron 35 votos. Y entre los que se fueron, no solo están los que votaron en contra o se abstuvieron. También está el que simplemente no estuvo.

Venezuela no votó contra Cuba. Pero su ausencia pesa como una traición. Porque la solidaridad no se demuestra cuando las cuentas están al día y el imperio no aprieta. Se demuestra cuando el bolsillo está vacío, cuando el miedo aprieta, cuando el precio de estar al lado del hermano es alto.

Delcy Rodríguez no estuvo. Y las consecuencias las paga Cuba, que perdió un voto que durante años fue incondicional.

Lo que yo sostengo

No es una incriminación formal. Es una pregunta que flota en el aire y que el gobierno de Rodríguez debería responder. Si tiene una explicación, que la dé. Si no la tiene, que asuma las consecuencias políticas de su silencio.

Los 32 cubanos que murieron en Caracas defendiendo la Revolución Bolivariana no merecían esta silla vacía. Los miles de médicos cubanos que sirvieron en Venezuela no merecían esta ausencia. Y Cuba, que durante años contó con la voz de Venezuela en los foros internacionales, hoy tiene que contar sin ella.

La solidaridad no se pregona. Se ejerce. Y en la votación del miércoles, Venezuela no ejerció nada.

Patria o Muerte. Venceremos.

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