Día de muertos: culto a la vida
Por Roberto Chile.
El culto a la vida es también culto a la muerte.
Octavio Paz
Presenciar el Día de Muertos en ciudades como Texcoco y Toluca, en México, es todo un espectáculo. Desde la tarde, las avenidas se llenan de catrinas y catrines con sus rostros pintados de calavera, mujeres con vestidos estampados de flores y hombres de traje que parecen salidos del más allá. Los disfraces de Halloween se mezclan con la tradición mexicana en un sincretismo fascinante.













Lo que más impresiona es ver cómo cada pueblo imprime su sello propio a la celebración. Las calles se convierten en una pasarela de creatividad: carros alegóricos decorados con cempasúchil y otros adornos, comparsas de danzantes prehispánicos y un gentío que se divierte con visible emoción.












En el cementerio de Toluca, al anochecer, las familias se reúnen cargadas de flores y veladoras, y se sientan junto a sus muertos como quien visita a un ser querido. Allí uno entiende que el desfile y el cementerio son las dos formas que tiene México de abrazar la vida y la muerte al mismo tiempo, porque “no hay muerte más cierta que el olvido, ni vida más plena que la que se celebra en la memoria de los otros”.
Yo estuve allí.









Fuente: Cubadebate /Fotos: Roberto Chile.

