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Freno a Trump

Por Deisy Francis Mexidor / Corresponsal jefa/Washington

Donald Trump conserva la presidencia de Estados Unidos, pero perdió algo políticamente decisivo en las elecciones intermedias del 3 de noviembre: el control del Congreso, y esa diferencia cambió el rumbo de su segundo periodo en la Casa Blanca, tras modificarse el equilibrio de poder en Washington.

Los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes y del Senado, causando una derrota republicana —impensable hace año y medio— que representa pérdida de escaños y un cuestionamiento a la gestión del presidente.

Más de 250 millones de votantes estaban convocados a las urnas, de ellos 58 millones ejercieron su derecho de forma anticipada. Se habló del entusiasmo que generó la elección por el enojo explícito de los ciudadanos, quienes al final utilizaron los sufragios para establecer un contrapeso a una presidencia que, durante sus primeros dos años, tuvo el respaldo de mayorías republicanas en ambas cámaras.

Aun cuando siguen los conteos, el resultado verificado tiene una dimensión especialmente significativa por su alcance territorial. Los demócratas no se limitaron a recuperar posiciones tradicionales, consiguieron victorias en estados republicanos con una hegemonía electoral roja como Texas, Kansas, Iowa y Carolina del Sur.

En la Cámara de Representantes, los demócratas superaron los 218 escaños necesarios para obtener la mayoría. Al momento de redactar este trabajo habían sumado 245 asientos frente a 147 de los republicanos.

El Senado también cambió de manos. Los azules lograron 54 escaños frente a 44 republicanos, incluyendo a los independientes que habitualmente votan con ese partido. La conquista de siete escaños senatoriales en estados ganados por Trump en 2024 es una de las señales más llamativas del martes electoral.

Pero el golpe de gracia en estas elecciones de mitad de mandato (midterms) fue la economía. La administración Trump no pudo lidiar con el enojo ciudadano por el alto costo de la vida. A ello se sumó una guerra con Irán totalmente impopular que el presidente decidió emprender sin atender incluso a algunos miembros de su partido, quienes le advirtieron no entrar al pantano de un conflicto del que le resultaría difícil salir.

El vicepresidente JD Vance admitió que la guerra con Irán fue la causa de la derrota. Trump se limitó a expresar que Vance “probablemente tiene razón” y que el conflicto “hizo subir un poco el precio de la gasolina a corto plazo”.

A partir del 3 de enero de 2027, cuando se instale el nuevo Congreso —el número 120—, los demócratas tendrán capacidad para modificar sustancialmente el funcionamiento de la relación entre el Legislativo y la Casa Blanca.

Sin embargo, controlar el Congreso no significa controlar el Gobierno federal y Trump continuará ejerciendo sus atribuciones, lo que perderá será la facilidad legislativa de la que disfrutó hasta ahora.

Más allá de las fronteras estadounidenses, la ola azul que se convirtió en tsunami en estas intermedias significó también una derrota para los aliados de Trump en América Latina. Forjaron alianzas y están andados a un mandatario debilitado.

Trump había pedido a sus seguidores que votaran como si estuviera en las papeletas. Convirtió los resultados en una prueba de liderazgo. Y perdió.

Tomado de Orbe / Prensa Latina

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