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Bolton: Perfil del histórico operador de golpes de Estado

Por Mario Della Rocca (*)

 

Las recientes declaraciones del ex Consejero de Seguridad Nacional del Presidente estadounidense Donald Trump, el escritor y diplomático republicano John Bolton, donde expresó sin tapujos “tener experiencia en planear golpes de Estado en varios lugares (…) lo cual requiere mucho trabajo”, causaron conmoción y repudio en la comunidad internacional. Más aun considerando que seguidamente el entrevistador afirmó: “siento que hay otras cosas que no me está contando” (más allá del caso Venezuela), a lo cual el exfuncionario ultraderechista señaló estar seguro “de que las hay”.[1]

Dichas declaraciones, sumamente graves, podrían ser analizadas como una imprudencia o como un sincericidio de un trasnochado a tono con la fama que muchos analistas políticos le han endilgado a su ex jefe Donald Trump. Nada de ello es factible proviniendo los juicios de un hombre que ha transitado cargos públicos de las administraciones norteamericanas desde la era Reagan y en especial en política exterior en el resto de las administraciones republicanas.[2] Tampoco pudiera serlo en una nación imperial como los EE.UU., que tiene una lógica de funcionamiento sistémica en sus intentos hegemónicos a nivel mundial, altamente planificados y con sofisticadas metodologías, en las que Bolton alardea como especialista.

Dos puntos son centrales a destacar en las declaraciones de Bolton que surgen del llamado “destino manifiesto” de los EE.UU. En primer lugar, este halcón republicano no es un improvisado, como señalamos, es un hombre histórico del poder imperial que ha ostentado numerosos cargos, por lo tanto, es una voz plenamente autorizada y que incluso él mismo ha documentado para hablar sobre la política exterior norteamericana en más de 33 años, durante los cuales prohijó golpes de Estado e intervenciones militares en diversas naciones del mundo. Basta conocer su famoso libro “La habitación donde eso sucedió”[3], donde relata pormenorizadamente el intento de golpe de Estado en la República Bolivariana de Venezuela en el año 2019 y sus críticas a cómo el presidente Trump encaró la intentona golpista.

Otro punto surge si analizamos detenidamente las declaraciones de Bolton, inicialmente con sus intenciones de darle lecciones a Trump sobre la complejidad del diseño y la ejecución de un golpe de Estado, dando por sentado que el ex presidente lo intentó con el famoso ataque al Capitolio y fracasó rotundamente por falta de pericia.

Bolton se mostró desembozadamente en este intentó de aleccionar a Trump como un experimentado en la materia, y extendió así su perspectiva a sus décadas de experiencia, transformando sus declaraciones, que parecían circunscribirse a los hechos del Capitolio, a un relato sin tapujos sobre el rol del imperialismo norteamericano en la intervención, desestabilización de gobiernos o directamente pleno apoyo a golpes de Estado en naciones soberanas. Y es de destacar una cuestión muy importante. Cuando Bolton habla de lo difícil que es planear y ejecutar un golpe de Estado –cuando textualmente dice “requiere mucho trabajo”-, se está refiriendo a las nuevas formas que han adquirido los mismos en el mundo. EE.UU. ya no cuenta –salvo excepciones- con fuerzas militares adictas en varios países que asumen plenamente sus intereses y ostentando el uso de las armas toman el poder por asalto. Desde hace tiempo todo se ha hecho más complejo y la “intelligentzia” imperial ha avanzado mucho en la diagramación de los llamados eufemísticamente golpes suaves o blandos, desestabilizando gobiernos por diversas vías: bloqueos y sanciones económicas sobre países soberanos, control estilo cerrojo que ahoga a economías dependientes de los organismos financieros internacionales, financiamiento de grupos opositores a gobiernos progresistas o revolucionarios sean éstos políticos, sociales, culturales, medioambientales e incluso algunos hasta comprometidos en los derechos de las minorías (a través de organizaciones y fundaciones como la NED, la USAID, la Open Society, entre otras), el uso de los medios hegemónicos de información y de las redes sociales para desprestigiar gobiernos hasta el hartazgo, etc. Allí radica la dificultad de la que Bolton alardea y a través de la cual se muestra a pura conciencia como un gran maestro, como si se tratara de una compleja partida de ajedrez.

 

(*) Mario Della Rocca es historiador, escritor y periodista. Autor de los libros “Gramsci en la Argentina. Los desafíos del kirchnerismo”, “La Cámpora sin obsecuencias. Una mirada kirchnerista” y “Macri & Durán Barba. Globos, negocios, círculo rojo y guerras sucias” y participante en “América Latina en los ’90: Gramsci y la Teología de la Liberación”. Miembro de la Fundación Acción para la Comunidad (FAPC) y del Centro de Investigación Académico Latinoamericano (CEDIAL).  Colaborador de diversas publicaciones argentinas y latinoamericanas.

 

 Notas

[1] Emitidas en una entrevista concedida a la cadena de noticias norteamericana CNN.

[2] John Bolton, además del cargo mencionado, fue Embajador de los EE.UU. ante las Naciones Unidas (ONU) y Subsecretario de Estado para Control de Armas y Asuntos de Seguridad Internacional durante las administraciones de George W. Bush (hijo) entre los años 2001 y 2006 y Secretario de Estado Adjunto para Asuntos de Organización Internacional de la Administración de George H. W. Bush (padre) entre los años 1989 y 1993, además de otros cargos que ocupó de menor importancia durante las presidencias de Ronald Reagan.

[3] John Bolton. La habitación donde eso sucedió. Buenos Aires, Espasa Libros, 2020, 592 p.

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