Tin y el amor que salva

Por Yaimi Ravelo / Video: Víctor Villalba Gutiérrez/ Resumen Latinoamericano Corresponsalía Cuba.

La Habana, 21 de julio.- “Solo el amor salva”, resumió en poética frase Eusebio Leal Spengler la obra de Carlos Alberto Cremata (Tin). El Tin de La Colmenita. El Tin de generaciones de niños y niñas de Cuba. Tin para el mundo.

Carlos Alberto Cremata siembra amor sin distinción en el corazón de los niños, aleja en ardua faena a todo lo que toca del más vil odio. El cultivador solo puede recibir como fruto: amor.

Por su gran obra artística y social, la Universidad de las Artes (ISA) confirió este jueves de manos de su Rector José Ernesto Novaez Guerrero, y Kenelma Carvajal, viceministra de Cultura, el título de Doctor Honoris Causa a Carlos Alberto Cremata Malberti, director del grupo teatral La Colmenita, creador ilustre, graduado en la casa superior de las artes cubanas.

Amor, poesías y canciones colmaron el Aula Magna durante la ceremonia. El maravilloso mundo creado por Tin Cremata, su impronta en la educación de cientos de niños y niñas, el significado del hombre rescatista de la pureza, de las virtudes y la cubanía se dibujaron como prosas en las palabras de Silvio Rodríguez.

Tin Cremata y la capa de conciencia brillante

“La verdad es que cuando Alberto Cremata me pidió que dijera estas palabras me dio una especie de susto, me pasó igual en las otras dos ocasiones en que lo hice, por cierto, en esta misma institución. Primero cuando se le entregó el Honoris Causa a Sir George Martin, productor y arreglista del grupo británico The Beatles. Y no hace mucho cuando se le entregó al insigne maestro cubano Salomón Mikowsky.   

Y es que resulta difícil no hacerlos demasiados obvios antes quienes poseen grandes méritos y por supuesto merecen los mayores elogios.

Pues Carlos Alberto Cremata, a quien todos conocemos como Tin, ha recorrido muchos escenarios y países con tanto éxito, que en algunos lugares le piden que funde colmenas de niños que actúan, que cantan, que bailan, que piensan y sienten por el mundo.

Y desde chicos comienzan a ser humanos, tan o más consecuentes que muchos de los llamados mayores.

Por su parte, Tin es tan generoso que no puede resistir el impulso de culpar a otros de sus méritos. Pero lo que él ha creado es expresión esencial de su naturaleza bondadosa y del servicio al pueblo.

Vocación que se transforma en auténtica maravilla cuando ese prójimo es nada menos que la infancia.

En su introducción a La Edad de Oro, Martí decía que para escribir bien de una cosa hay que saber de ella mucho. Esto me hace recordar que antes de tener la suerte de acercarme a La Colmenita, me preguntaba como Tin podía hacerse entender tan bien con nuestros niños…»

«La comunicación que establece Tin con los niños no es ocasional, sino constante. Es un fluir tan armónico y contagioso que hasta los viejos que curioseamos nos situamos sin dificultad en un contexto extraordinario. Esa naturalidad, ese magnetismo, esa facilidad de contagio tenía que venir de alguna parte.

Entonces recordé que en su obra póstuma El lado oscuro del infinito, Carlos Castaneda contaba de Don Juan, -el brujo yaqui que él investigó para su trabajo de antropología-, le contó que todos los niños nacen con una capa brillante de conciencia que los envuelve por completo.

Y contaba que esa capa brillante la íbamos perdiendo en la medida en que crecíamos, porque unos invisibles -que los mal llamaba ‘robadores’-, la iban deplorando.

Por eso, en la medida que esa capa va disminuyendo los seres humanos vamos perdiendo cualidades y cuando llegamos a viejo solo nos queda una pequeña zona de luz que apenas llega a cubrirnos los dedos de los pies. Lo suficiente apenas para mantenernos vivos.

Según los humanos, el planeta Tierra no es más que un viejo cantero que esos predadores cósmicos sembraron de seres humanos para alimentarse. Estos extraterrestres son nuestros amos y señores, y han sabido, comiéndose nuestra capa brillante de conciencia volvernos dóciles e indefensos.

Esa pérdida nos provoca que si queremos protestar se nos quitan las ganas. Si queremos actuar independientemente, nos impide hacerlo. Por eso para los predadores los niños son apetitosas bolas luminosas cubiertas de energía y por lo tanto sus víctimas más preciadas.»

«La única forma de combatir la pérdida de la capa brillante es formando espíritus hermosos, enseñando virtudes y valores.

Los pocos que son capaces de semejante hazaña son muy odiados por esos seres oscuros porque los privan de alimentos.

Siempre me pareció imposible que una persona mayor consiguiera fingir ser niño. Por eso las primeras veces me pregunté como él podría seguir pareciéndolo.

Después llegué a la conclusión de que por alguna causa, acaso las útiles vidas de sus padres… Carlos Alberto Cremata, nuestro niño, logró conservar su capa brillante de conciencia.

Lo que le ha permitido llegar a ser una especie de niño con disfraz de persona mayor.  

Pero a Tin no le bastó ser un milagro. Y ha dedicado su existencia a mantener a salvo la luminosidad original de los niños que están a su alcance.  

Estoy seguro de que muchos padres que han sido víctimas de los predadores y solo conservan alguna capita apenas más arriba de los dedos de los pies, -aunque ignoran esta historia secreta-, perciben lo extraordinario y le acercan sus hijos a Tin para salvarlos de los siniestros ‘comealmas’, que se escurren entre nosotros sin ser vistos.

Por eso los niños que rodean a Tin son de todos los barrios, de todos los colores, de las más disímiles posibilidades, actitudes y características.

Tienen en común el amor, la inteligencia, la capa de conciencia brillante conservada como solo pueden lograrlo: la bondad, la cultura y el compromiso. Materias de las que nuestro Tin Cremata es el mejor del mundo.

Por eso, gracias por tu luz y por la que salvas de nosotros.»

Tin recordó -como agradecimiento- los orígenes de su integridad humana, a familiares, amigos, compañeros, estudiantes, sus hijos y cientos de otros hijos, y a los padres forjadores del hombre sencillo y noble que admiramos los cubanos.

“Brotará de la sangre ternura, inocencias y espejos, donde irán a correr travesuras nuevos niños y viejos. Servirá de señal cada huella de las horas felices, se sabrá tanto de las estrellas como de cicatrices…»

“Mi recuerdo especial y muy agradecido, a mi otro padre: Fidel. Y a Raúl. Los máximos responsables de que yo estudiara en esta universidad.”

Y a Cuba. A Cuba y su tremenda revolución.”

“Pido perdón además por este día a los muertos de mi felicidad.” 

Sobre La Colmenita y sus proyectos a futuro Tin expresó:

“Además de seguir haciendo lo que hacemos, la Patria nos ha convocado a sembrar y multiplicar nuestra forma de hacer en cada aula, en cada escuela, cada fábrica, cada unidad militar, cada institución; a través de nuevos movimientos educativos colmeneros.”

“Martí sigue llegando a mi casa, nosotros lo llamamos una misión presidencial, que nos la dio el presidente y aceptamos.”

Para Tin no hay metas inalcanzables, consideró este nuevo compromiso una “aventura” que le acerca más a su ídolo infantil: Tom Sawyer. A lo cual agregó: “cada vez que se nos aparece una cueva que se nos antoja grandota, también nos aparece en un texto Eleguá, que casi siempre así lo designa”.

El Aula Magna de la Universidad de las Artes se transformó en el ensayo de una gran obra. La Colmenita y Tin regalaron con su gran capa de luz eso que los humanos llamamos: felicidad. 

La compañía cubana de teatro infantil La Colmenita, se fundó el 14 de febrero de 1990, es hoy Embajadora de buena voluntad de la UNICEF. Cuenta con representaciones –o colmenas- en todos los municipios de la isla y en países como: España, México, Panamá, República Dominicana, Colombia, Argentina, El Salvador, Venezuela y otras regiones del mundo.

Fotos: Yaimi Ravelo / Resumen Latinoamericano Corresponsalía Cuba.

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