Dinamarca y Groenlandia plantan cara a Trump en la Casa Blanca
Los ministros de Exteriores de Dinamarca y Groenlandia serán recibidos este miércoles en la Casa Blanca por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, en una reunión marcada por la creciente tensión diplomática derivada de las intenciones anexionistas del presidente Donald Trump sobre el territorio ártico.
El encuentro se produce después de que Trump reiterara públicamente que Estados Unidos tomará el control de Groenlandia “de una forma u otra”, bajo el argumento de que la isla es clave para la seguridad nacional estadounidense y para evitar una mayor influencia de Rusia y China en el Ártico.
Desde Copenhague y Nuuk, las respuestas han sido inusualmente contundentes. El primer ministro autonómico de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, advirtió que, ante una elección forzada, los groenlandeses prefieren seguir vinculados a Dinamarca antes que integrarse a Estados Unidos.
Groenlandia no está en venta
“Groenlandia no quiere ser propiedad de Estados Unidos. Groenlandia no quiere ser gobernada por Estados Unidos. Groenlandia no quiere formar parte de Estados Unidos”, enfatizó Nielsen en una comparecencia conjunta con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, quien calificó la presión de Washington como “totalmente inaceptable”.
Frederiksen alertó además de que “lo más difícil está por venir”, en alusión a la persistencia de Trump en un discurso que desafía principios básicos del derecho internacional y la autodeterminación de los pueblos.
🚨#ULTIMAHORA | Groenlandia rechaza control de EEUU en medio de tensiones internacionales
— Alma Plus Tv (@almaplustv) January 12, 2026
🛑Las autoridades de Groenlandia declararon que no aceptarán “bajo ninguna circunstancia” ser objeto de control territorial por parte de Estados Unidos, tras las amenazas del presidente… pic.twitter.com/srxKOddHul
El pulso geopolítico en el Ártico
La incorporación de JD Vance como anfitrión de la reunión elevó el rango y el tono del encuentro. El vicepresidente ya había provocado tensiones el año pasado tras anunciar una visita no solicitada a Groenlandia, que finalmente se limitó a la base aérea estadounidense de Pituffik.
Durante aquella visita, Vance acusó a Dinamarca de ser un “mal aliado” por su supuesta débil implicación en la seguridad ártica, declaraciones que generaron indignación en Copenhague y reforzaron la percepción de una estrategia estadounidense de presión sobre un socio histórico.
En respuesta, Dinamarca recordó haber invertido cerca de 90.000 millones de coronas —unos 14.000 millones de dólares— para fortalecer su presencia militar en el Ártico, mientras que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Groenlandia anunciaron planes de cooperación defensiva para disuadir cualquier intento de imposición externa.
El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, subrayó que Estados Unidos debería “agradecer a Dinamarca” su lealtad histórica como aliado, en lugar de cuestionarla públicamente.
Más allá de la seguridad
Detrás del discurso de seguridad esgrimido por Trump, analistas señalan una lógica de control geoestratégico y de acceso a recursos naturales, que reduce a Groenlandia a una pieza más del tablero de competencia entre grandes potencias.
Aunque Groenlandia carece de competencias plenas en Exteriores y Defensa, su estatus autonómico incluye el derecho a la autodeterminación, un principio que sus líderes insisten en defender frente a las ambiciones de Washington.
El pulso por Groenlandia expone así las tensiones entre aliados occidentales y plantea interrogantes sobre el futuro del orden internacional, en un contexto donde la fuerza y la presión parecen ganar terreno frente al diálogo y el respeto soberano.
Tomado de Alma Plus TV / Foto: AFP

