«No responde a ninguna amenaza cubana, sino a una estrategia de coerción global»
Por Carlos González Penalva
Me entrevistaron en Russia Today sobre la orden de «emergencia nacional» de Trump contra #Cuba : no responde a ninguna amenaza cubana, sino a una estrategia de coerción global.
Esta orden no es un asunto de Cuba: si se normaliza que Washington decida mediante amenazas arancelarias quién puede comerciar con quién, mañana el precedente podría aplicarse contra cualquier Estado, incluido un socio europeo, cuando sus decisiones económicas o energéticas no se ajusten a la «seguridad imperial» estadounidense. (Entrevista completa)
P: ¿Cuál es el objetivo de la orden de emergencia de Trump? ¿Representa Cuba realmente una amenaza para Estados Unidos? El objetivo de esta orden no es “proteger” a Estados Unidos de una amenaza real, sino usar la etiqueta de “emergencia nacional” para convertir la energía en un instrumento de coerción política. Lo que se está haciendo es militarizar el suministro de combustible a un país pequeño y, en el proceso, disciplinar a terceros Estados: el mensaje es “o te alineas con el bloqueo, o pagas un precio por el acceso al mercado estadounidense”. Eso es pura extraterritorialidad. La propia orden lo dice claramente: habilita un sistema para imponer aranceles adicionales a las importaciones de cualquier país que “directa o indirectamente” venda o suministre petróleo a Cuba. En otras palabras, no se trata solo de Cuba: es un mecanismo para castigar cadenas comerciales enteras, incluso si el suministro se realiza a través de intermediarios.
¿Representa Cuba una amenaza para Estados Unidos? En términos materiales, no. Cuba no es una potencia militar capaz de poner en riesgo a Estados Unidos. Cuba es —y esto es clave— un símbolo político de soberanía a 145 kilómetros de distancia, y eso se interpreta en Washington como una «amenaza» a su hegemonía regional. Aquí, la «seguridad nacional» funciona, en la práctica, como seguridad imperial: la defensa del orden de dominación, no la defensa del ciudadano estadounidense. Y es por eso que esta narrativa no convence fuera de Washington. Basta con mirar a la ONU: en la última votación contra el bloqueo, 165 países pidieron su fin y solo 7 votaron con Estados Unidos. Si Cuba fuera la amenaza «inusual y extraordinaria» que venden, esa correlación sería imposible. En este punto, encuentro útil la perspectiva de Michael Hudson. Fue asesor del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, por lo que no es un analista marginal ni un «militante»: lo que estamos viendo es el manual de «cómo Washington usa la energía como arma». La energía no es solo un recurso: en las economías modernas es un cuello de botella. Si se controla el flujo de petróleo y el acceso a la financiación y los seguros, se pueden inducir crisis sin disparar un tiro.
2) “¿Qué países podrían verse afectados por estos aranceles? ¿Habrá alguna respuesta?” En teoría, cualquiera que suministre petróleo o derivados a Cuba; en la práctica, la orden está diseñada para que todos lo piensen dos veces. Es una estrategia de miedo: para que un país diga: “No voy a arriesgar mis exportaciones a Estados Unidos vendiendo combustible a Cuba”. Eso ya es coerción, incluso si el arancel aún no se ha aplicado. Ahora bien, si hablamos del escenario real, la presión se dirige especialmente a los proveedores y canales logísticos que hoy sustentan el mínimo flujo energético a Cuba. Y aquí el caso de México ha aparecido repetidamente como un actor clave, porque tras el recorte del petróleo venezolano, la dependencia cubana se ha agudizado y cualquier proveedor está en el punto de mira.
¿Habrá alguna respuesta? Esperaría tres tipos de respuesta, y aquí vale la pena ser realista: – Primero, la respuesta diplomática: denuncias, declaraciones,y la reiteración de que se trata de una medida arbitraria y abusiva, porque busca imponer la política de Washington a terceros. – Segunda, respuesta técnica: reconfiguración de rutas, intermediarios y mecanismos de compra para reducir la exposición, precisamente porque la orden incluye la fórmula «directa o indirectamente». – Y tercera, una respuesta más estratégica: muchos Estados comprenderán que esto sienta un precedente muy peligroso. Porque si hoy Estados Unidos decide sancionar a quien venda petróleo a Cuba, mañana puede decidir lo mismo con cualquier otro país «desalineado». En otras palabras: esto va más allá de Cuba. Afecta la idea misma de soberanía comercial. Estados Unidos refuerza su poder no tanto con incentivos positivos como antes, sino con la capacidad de causar daño creando y explotando cuellos de botella. Energía, finanzas, seguros, pagos… y ahora los aranceles como arma.
3) «¿Será esta escalada perjudicial para Cuba, considerando que Cuba ya vive bajo sanciones?» Sí, extremadamente perjudicial, precisamente porque esta medida afecta al núcleo material: la energía. Un país puede resistir muchas formas de presión, pero si se restringe su combustible, se afecta la electricidad, el transporte, la producción de alimentos, el agua y los servicios médicos. Y esto tiene un impacto directo en el día a día. Los medios cubanos ya han advertido que tal medida afectaría a los servicios esenciales. Dicho esto, es necesario señalar dos cosas a la vez. Cuba ha vivido bajo bloqueo durante décadas y ha desarrollado capacidad de adaptación, redes de solidaridad y una cultura política de resistencia. Además, Cuba no es un «peligro para el mundo»; al contrario: ha sido un proveedor de bienes públicos internacionales. Existen misiones médicas, incluida la brigada Henry Reeve, reconocida por su labor en múltiples países y en crisis sanitarias. Eso no encaja en el concepto de «amenaza hemisférica» (y por eso el mundo vota como vota en la ONU). La segunda: que la sanción sea perjudicial no significa que sea «eficaz» para su objetivo político. Históricamente, estas políticas generan sufrimiento civil y deterioro económico, pero no garantizan el «cambio» que proclaman. Y aquí hay una dimensión ética y legal: se está normalizando una forma de guerra económica que castiga a un pueblo para forzar un resultado político. Hudson lo explica en un marco más amplio: se está consolidando un «orden» en el que las normas estadounidenses sustituyen al derecho internacional, y donde la «legítima defensa» se extiende para justificar la coerción preventiva. Y la energía es la palanca perfecta, porque es el cuello de botella de toda economía moderna.
En definitiva, este orden no se trata de una amenaza cubana, sino de usar la energía como arma y obligar al resto del mundo a alinearse con el bloqueo y la política exterior estadounidense bajo la amenaza de aranceles primero, y medidas bélicas y cinéticas después. El hecho decisivo es que en la ONU el mundo ha condenado masivamente esa política:El aislado no es Cuba, sino Washington. Y si se acepta este precedente, ningún Estado soberano podrá sentirse seguro mañana. En España lo entendemos muy bien, porque la «seguridad» de Washington no es una abstracción: cuenta con infraestructura y presencia material. Hay bases como Rota y Morón integradas en la arquitectura militar estadounidense y de la OTAN, y desde territorio español se han mantenido operaciones y despliegues que afectan a terceros países. Esto ilustra el punto de fondo: la política estadounidense no se limita a sanciones o aranceles; combina palancas financieras, energéticas y de posicionamiento militar para condicionar las soberanías. Por eso esta orden no es «un asunto de Cuba»: si se normaliza que Washington decida con amenazas arancelarias quién puede comerciar con quién, mañana el precedente podría aplicarse contra cualquier Estado, incluido un socio europeo, cuando sus decisiones económicas o energéticas no encajen en la «seguridad imperial» estadounidense.
🎙️Me entrevistaron en Russia Today sobre la orden de “emergencia nacional” contra #Cuba de Trump: no responde a una amenaza cubana, sino a una estrategia de coerción global.
— Carlos Glez. Penalva (@cgpenalva) February 2, 2026
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Tomado del perfil de X de Carlos Glez. Penalva

