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Realidad del bloqueo genocida contra Cuba (I)

José Luis Méndez Méndez

Especial para Resumen Latinoamericano

El 7 de febrero de 2026, el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos al pueblo de Cuba, cumplirá 64 años de instaurado de manera oficial, antes ya se habían aplicado adelantos de esta parte de la generalizada guerra económica la cual  tipifica como genocidio, constituye una violación flagrante y sistemática a los derechos humanos de todos los cubanos.

Generaciones de cubanos han nacido, vivido y hasta fallecidos como consecuencia de esa inhumana medida aplicada por sucesivas administraciones estadounidenses en las cuales decenas de operadores políticos la han aplicado con saña, sin titubear ni medir sus efectos letales, carencias, penurias y consecuencias, con el deliberado objetivo de someter por hambre para alcanzar el soñado fin de la Revolución cubana.

“Ahora o nunca”, claman hoy quienes exigen el bloqueo naval y aéreo, la intervención militar disfrazada de humanitaria y hasta los “modernos golpes quirúrgicos”, dirigidos al ablandamiento de la capacidad de resistir y vencer en la insumisa Isla, en espera, con paciencia, del colapso, que lleve a la rendición de una nación, una cultura y un sistema político y social con todos y para el bien de todos.

Son tiburones imperialistas prestos a devorar, que jamás se convertirán en vegetarianos, incapaces de coexistir en paz con el irredento archipiélago a noventa millas de sus costas, hasta llegar a la estupidez de calificarlo de constituir una amenaza para la seguridad nacional del país más poderoso del mundo, por ahora. Incluso, más allá, “amenaza para la humanidad”, declaró uno de sus funcionarios más toxico.

Más de seis décadas separan de la imposición del bloqueo más prolongado de la historia en el marco de la despiadada guerra económica desatada por Estados Unidos contra una naciente Revolución triunfante en un país sometido desde 1902 a sus designios.

Joya isleña ambicionada desde los tiempos de los Padres Fundadores de la nación estadounidense. El inter crimines o camino del crimen se inicia desde mediados de 1959, cuando Cuba, no se había declarado socialista ni empresas estadounidenses habían sido legítimamente nacionalizadas.

Veamos como fue el inicio, desarrollo y puesta en marcha del proyecto asesino, que ha sido un fracaso para las intenciones imperiales de doblegar, pero que ha costado sangre, sudor, lágrimas y esfuerzos.

El once de junio de 1959, en el contexto de la aplicación de la Ley de Reforma Agraria decretada el 17 de mayo de ese año, Estados Unidos amenazó con la reducción de la cuota azucarera, la prohibición de inversión privada norteamericana y la eliminación de todo tipo de ayuda económica, si eran nacionalizadas propiedades norteamericanas sin una rápida compensación.

Cinco meses después, el trece de noviembre, para privar a Cuba de lo necesario para defenderse ante las constantes agresiones y amenaza de invasión, el gobierno de Estados Unidos presionó al del Reino Unido para impedir la venta de quince aviones de combate y el recambio de la obsoleta tecnología aérea, contrato ya planificado y pactado con empresas inglesas.

El 26 de mayo de 1960, la Embajada de los Estados Unidos en La Habana declaró que la Ley de Seguridad Mutua de 1960 establecía que no se daría asistencia a Cuba a menos que el Presidente determinase que sería de interés nacional y hemisférico de los Estados Unidos. El 17 de marzo de ese año, se había aprobado un plan abarcador de acciones contra Cuba, que incluía la organización de la contrarrevolución interna y la organización de fuerzas paramilitares para agredir directa o indirectamente a la Isla. Los preparativos habían comenzado en Centroamérica.

Un mes después, el 29 de junio, las firmas estadounidenses dedicadas al refinamiento y suministro de crudo y TEXACO, ESSO y SHELL, tradicionales suministradoras de petróleo a Cuba, interrumpieron el suministro del producto y se negaron a procesar el crudo adquirido en la URSS, como resultado de las presiones ejercidas por el gobierno de Estados Unidos. Las relaciones entre ambos países habían entrado en ruta de colisión, de una parte la isla agredida y de otra parte el coloso agresor. Tras más de seis décadas, ahora amenaza con el bloqueo total de combustibles e incluso la aplicación de medidas económicas y arancelarías a países que decidan vender petróleo a Cuba, medida ilegal carente de argumentos.

La escalada agresiva estaba en pleno adelanto y el paquete de medidas coercitivas unilaterales se aplicaba de manera escalonada, pero constante,  Así el 6 de julio, apenas una semana después, se aprobó la Ley Pública 86-592 que enmendó la Sección 408 de la Ley Azucarera de 1948 y autorizó al presidente de los Estados Unidos a determinar la cuota azucarera cubana para el resto de 1960 y el primer trimestre de 1961, sobre la base del interés nacional y con independencia de cualquier otra disposición en cuanto a cuotas.

Para concretar la medida de presión, que impedía a Cuba obtener dinero fresco y garantizar la balanza de ingresos y basándose en la autoridad conferida por la Ley Azucarera de 1948, como fuera enmendada, el presidente estadounidense David D. Eisenhower fijó la cuota azucarera de Cuba para el año 1960 en 39752 toneladas cortas más la azúcar certificada antes de julio 3 de 1960 para su entrada, pero que no hubiese entrado aún, o estuviese almacenada para el consumo.

Tal medida, dictada por la Proclama Presidencial 3355 (25 FR 6414) implicó la reducción en 700 mil toneladas cortas de la cuota original de 3 119,655 toneladas cortas; esa cifra significó el 95% del remanente del tonelaje a exportar a Estados Unidos ese año, reduciendo en la práctica a cero dichas importaciones. Una partida de 2 379,903 toneladas cortas, valor bruto, habla sido certificada conforme a las regulaciones emitidas por el Secretario de Agricultura.

El 2 de septiembre de ese año, el Departamento de Comercio de Estados Unidos, promulgó un decreto eliminando de las licencias generales para la exportación a Cuba, a ciertos vehículos automotores y sus partes funcionales, para los cuales impuso se requirieran licencias validadas. Cinco días después, el Departamento del Tesoro, a fin de facilitar la ejecución de las regulaciones de exportación del Departamento de Comercio, emitió una disposición que incluyó a Cuba en una lista de países con destino a los cuales no se despacharían aduanalmente los navíos hasta tanto no se presentaran las guías de carga exportada completas y todas las declaraciones de exportación requeridas. Desde entonces comenzó la manía punitiva imperial de colocar a la Isla en listas infames.

Las relaciones comerciales entonces todavía eren fluidas con Estados Unidos, que había sido el destino y origen cautivo de mercancías y materias primas desde y hacia Cuba, que como archipiélago dependía en lo fundamental de la vía marítima para sus relaciones comerciales. Las medidas tomadas estaban destinadas a entorpecer el libre ejercicio del comercio y estrangular la economía nacional.

A finales de septiembre, el gobierno estadounidense notificó al de Cuba su decisión de suspender las operaciones de la planta de concentración de níquel en Nicaro, de propiedad norteamericana. Desde entonces ese rubro exportable, era una fuente de empleo para cientos de cubanos. Las transnacionales estadounidenses en gran número asentadas en Cuba, comenzaron a reducir sus producciones e iniciaron al robo de talentos para ofrecerles empleos en sus matrices o en subsidiarias en otros países de Latinoamérica donde estaban representadas.

Al concluir ese mes de septiembre, ya Estados Unidos, privaba a sus ciudadanos del derecho constitucional a viajar, medida vigente seis décadas después. El último día el Departamento de Estado anunció haber recomendado a los ciudadanos estadounidenses «abstenerse de viajar a Cuba a no ser que haya razones apremiantes para hacerlo».

El “goteo” de las medidas represivas se incrementó el 20 de octubre, cuando la invasión mercenaria se encaminaba a su fase final y estaba lista, el Departamento de Comercio enmendó las Regulaciones de Exportación, disponiéndose controles estrictos y totales que establecieran la prohibición sobre las exportaciones a Cuba, excepto para ciertos alimentos no subsidiarios, medicinas y suministros médicos especificados.

El inventario de cómo aislar a Cuba del mundo se engrosó, así en noviembre de 1960, se enmiendan las Regulaciones del Departamento Postal y se implantan las primeras medidas restrictivas en cuanto al servicio postal desde Estados Unidos hacia Cuba, situando a Cuba entre los países hacia los cuales las exportaciones desde Estados Unidos tienen impuestas restricciones particulares; asimismo se requiere a partir de la promulgación de esta disposición de una licencia general para regalos, incluidos como tales alimentos, ropas, medicinas y fármacos.

Un zarpazo demoledor en el entender de los estrategas norteamericanos, se puso en marcha el 16 de diciembre de ese año. De acuerdo con las facultades conferidas por la Ley Azucarera de 1948 el Presidente estadounidense emitió la Proclama Presidencial 3383 que redujo a cero la cuota azucarera cubana para el primer trimestre de 1961. Con esta medida se pretendió asfixiar la economía cubana dependiente del azúcar como rubro principal exportable, después la sitiada isla tendría que buscar nuevos mercados para colocar sus producciones.

Terminaba un año de graves medidas de presión, la invasión seguía su indetenible curso en este último estertor de la administración republicana y la ruptura de relaciones era una opción preparatoria, para dejar el camino libre a la sucesora gestión demócrata, que sería la continuidad de la agresión diversificada con la incursión mercenaria como proa. Faltaban, aún 3 meses y medio para que la Revolución se declarara socialista y el bloqueo ya acechaba con sus fauces abiertas.

4 de febrero de 2026

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