Cuba

Ejercicio de imaginación. ¿Qué quieren los yanquis?

Por Francisco Delgado Rodríguez.

Como parte de un recrudecimiento exponencial de la guerra mediática, en particular en las redes sociales digitales pero no solo allí, se insiste en negociaciones “secretas” entre Mr. Rubio con determinadas personas en Cuba, a las que se le otorgan poderes ocultos, nunca con el gobierno. Dicen que son secretas, lo cual en sí mismo es un contrasentido en el relato porque, si son secretas ¿cómo se sabe?

Demás está decir que cualquier tipo de conversación, cuyo propósito es arribar a determinados acuerdos, depende de varios factores, y en el caso de Cuba/EEUU, en base a la historia reciente, es evidente que la máxima discreción no solo es importante sino ineludible; en resumen, una primera consideración, si se filtraron estos hipotéticos intercambios, es o porque no existen en realidad, o porque una de las partes los sabotean. Toda evidencia apunta a que no se están dando, a tenor por la insistencia del gobierno cubano al respecto y en ambas variantes, esta historia conduce a la nada.

Ya se ha abordado algunas de las tantas razones que puede tener Mr. Rubio y comparsa, para generar este tipo de bulo. Y siempre aplicándole el sentido común se concluye que por el contrario, no quiere saber en lo absoluto de hablar con “los comunistas cubanos”; es cierto, al tipo lo han puesto a conversar con “lo peor” del universo como rusos, chinos, iraníes, marcianos, etc. Pero con Cuba puede ser para él una especie de línea roja.

En otras palabras, si Trump finalmente obliga a su canciller a negociar con Cuba, tampoco se puede descartar nada en el caso del mandatario estadounidense, pues el “pobre” Rubio probablemente se quedaría sin futuro político y hasta incluso tendría que mudarse de su tierra natal, el sur de la Florida. O tal vez, sería la forma de aniquilarlo como quiera que se ponga; se verán horrores dicen.

Ah, pero puede haber una condición, una variante que le permita al super secretario de estado salir airoso, ¿cuál? que pretenda obtener de esas supuestas negociaciones lo que durante estos 67 años no han logrado: desmontar la Revolución cubana y retrotraer al país a diciembre de 1958.

A partir de esta premisa, en las redes se ha desatado, o mejor dicho, fríamente propalado, la imaginación que puede calificarse de postraumática, en el sentido del trauma que neobatistianos y asociados, cargan sobre sus almas por seis décadas de derrotas.

Entonces se especula que Trump podría admitir una especie de capitalismo a “lo chino o lo vietnamita”, según esta tesis, aunque gobierne un partido comunista, igual, aseguran son tan o más capitalistas que cualquier otro; solo que cerquita, a 90 millas, podría ser un “paraíso bajo las estrellas” para la expansión de las trasnacionales estadounidenses, recuérdese, las que mandan allí. ¿Qué puede salir mal? Se acabó la Revolución sin tirar un chícharo, que se traduce también en que queda cancelado en lo adelante, el desarrollo de cualquier otro proceso emancipador en Nuestra América.

Los estudiosos de la intríngulis presente en cada gobierno estadounidense identifican, en el caso del de Trump 2.0, al menos tres grupos, que representan posturas políticas diferentes, ocasionalmente enfrentados tras bambalinas, que pueden ser identificados con los personajes que los encabezan.
Por ejemplo, los “halcones” con Mr. Rubio al frente, los “aislacionistas” que tienen como capitán de proa al vice Vance y en el medio, Trump, ni una cosa ni la otra, aunque es el que manda, ya se sabe, y que los especialistas lo etiquetan como los “realistas”, no porque Trump sea un monarca, algo que cree en su yo interno, sino por una mayor dosis de pragmatismo.

De ser cierto este enfoque y volviendo al caso cubano, ¿qué hacer con Cuba? Es probable que la idea del inquilino de la Casa Blanca imagine o admita una “variante china o vietnamita”, dado que todas las evidencias apuntan, y esto es lo más fácil de constatar, que una salida radical o caótica en el sentido político, no es conveniente para el Imperio, dado que es muy costosa, super dilatada y de muy incierto resultado.

Recordando que se está haciendo un ejercicio de imaginación, entonces qué podría suponer la solución “al problema cubano”, que sea rápida, eventualmente conveniente para todos “los cubanoamericanos”, los neobatistianos y los otros interesados menos belicosos, y desde luego para los que mandan en aquel país, ya se dijo, las trasnacionales. Un detalle, en ningún caso se tiene en cuenta lo que le conviene al pueblo cubano, visto como un grupo de varios millones de personas, sin derecho a escoger soberanamente su gobierno o sistema socio económico.

Lo obvio, que se desprende de cualquier lógica si se entiende las motivaciones del capital: lograr controlar, vía privatización/extranjerización, los servicios básicos, aquellos que todo el mundo consumen si o si, como las que prestan las empresas energéticas, es decir UNE, CUPET, etc, los servicios de ETECSA, y de agua; claro, por qué no, Biocubafarma, la privatización parcial o total de los servicios de salud, hospitales, policlínicos y desde luego, no se olviden los conquistadores, las universidades y otras instituciones de educación y cultura de masas.

De paso, ya ordenado el asunto, vendría la colaboración de la DEA, es decir el demostrado principal cartel de la droga del mundo, a ocuparse de hacer lo que mejor hace: organizar o hacerse de la vista gorda del trasiego de estupefacientes hacia EEUU; el mundo ideal pensarían los tipos, imaginen que Cuba, ubicada en el mero medio del estrecho de la Florida, deje de ser el formidable muro de contención contra el narcotráfico que es hoy.

Siempre puede haber un despistado y creer que con esos cambios los cubanos van a mejorar, masiva y definitivamente. Francamente el término despistado es diplomático, le tocaría un calificativo algo más rudo.

Porque el capitalismo subordinado a EEUU “que le toca” a Cuba es el tercermundista, subdesarrollado, para ser especifico, aunque en rigor también en el capitalismo estadounidense hay no menos de 30 o 40 millones de super pobres y una masa clase mediera de cientos de millones, siempre en la cuerda floja. No viene al caso, pero los datos oficiales al respecto están disponibles, no es un asunto ideológico esa realidad.

Con un poco de paciencia se pueden hacer comparaciones, revisar cómo funciona eso del capitalismo tercermundista en Nuestra América, incluso allí donde hay más recursos naturales y cierto desarrollo económico. En ningún caso, salvo cuando alguno de esos países han estado gobernados por fuerzas progresistas, proclives a un mayor protagonismo del estado, se ha podido resolver el problema de la pobreza, la indigencia, la creciente y apabullante desigualdad y otras “hierbas” de este sistema.

En cuanto al mito de que privatizar es igual a mejoría de los servicios, deténgase a averiguar cómo le fue a los clientes de servicios básicos como la telefonía, la electricidad, agua, transporte y otros cuando las políticas neoliberales literalmente arrasaron países enteros al sur del Rio Bravo, y provocaron a la postre las crisis sociales que tributaron a la llamada ola progresista, a principios del siglo XXI nuestroamericano. No fue el espíritu santos, no, fue las privatizaciones vendidas como un doga inapelable.

En la actualidad no es para nada mejor. Algunos ejemplos de países con fuerte presencia de capitales estadounidenses, en servicios básicos como electricidad y telecomunicaciones se verifica una tendencia al alza tarifaria permanente; por ejemplo, véase los casos de Chile y Puerto Rico donde el costo de este tipo de servicios suponen alrededor del 18/20 % de los ingresos totales de una familia promedio. Aquí no se cuentan otros inevitables gatos como servicio de agua, salud, transporte y el más vital, la alimentación.

Es cierto que hoy en Cuba se enfrentan muchas penurias, incluido el deterioro de algunos de los servicios mencionados, lo que tributa a la ilusión de que cualquier otra variante es mejor. Pero no, el combustible importado hay que pagarlo, los apagones “sobran” en Puerto Rico y en todo caso, los dividendos que dejan  las exportaciones cubanas, lógicamente privatizados y gestionados según la lógica de sálvese quien pueda, servirían sobre todo para incrementar los ingresos del 1% super rico de EEUU, dejando migajas para los cubanos.

Pero también habría sobre todo otras perdidas, menos tangibles, como la soberanía y la independencia plena, la proverbial solidaridad del cubano, su sentido de pertenencia y orgullo de ser. Qué pasaría con los logros que en Cuba se tienen como algo natural, aun y con problemas, si después de tanto esperar finalmente se concreta el sueño de los neobatistianos y socios estadounidenses de recuperar su privilegios, si, los que provocaron una revolución radical, recuerden “la historia me absolverá” donde se explica muy bien de que se trata.

No Mr. Rubio, no nos entendemos si vienes con soberbia y nostalgia anti histórica; en tal caso solo te toca aquel gesto, el que se hace con el dedo intermedio de la mano, alzándolo al inconquistable cielo azul de Cuba, digitus impudicus, le decían los romanos.

Tomado de CubaSí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *