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Capítulo 20 del Podcast «A Contracorriente», un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas

Transcripción del Capítulo 20 del Podcast A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas. Producción: Radio Cubana. Realización: Erick Méndez Díaz. Periodista: Isabel Díaz González. Transcripción: Ariana López Marth. Idea y Gestión Editorial: Omar González Jiménez. Frecuencia: semanal (todos los sábados). Enlace principal:  https://www.radiocubana.cu/podcast-a-contracorriente/

Participantes: Omar Valiño Cedré, (OVC), crítico teatral y ensayista, Omar González Jiménez (OGJ), escritor, profesor del ISRI e integrante de la REDH, e Isabel Díaz González (IDG), periodista y conductora de programas en Radio Rebelde.

VOZ EN OFF DE EMD: Esto no es un podcast, es una invitación a pensar en cómo somos. A Contracorriente, un espacio para mirar la cultura desde todas las aristas.

 

IDG: Un nuevo ciclo en A Contracorriente. La bienvenida a dos invitados especiales que me acompañan –no tanto al profesor Omar, que es anfitrión de nuestro espacio–: Omar Valiño y Omar González.

Un saludo a ambos, un placer que nos acompañen. El libro y la lectura será el tema que vamos a estar abordando durante cinco episodios de A Contracorriente, desde la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

Es el espacio que necesitábamos, es el espacio que nos permite abordar un tema como este, un lugar desde donde se irradia tanta lectura, tanta cultura. Y sobre esos temas vamos a estar encauzando nuestro diálogo, ¿verdad, profesor?

OGJ Y aquí también vamos a mencionar el tema del teatro, por la condición de teatrólogo y crítico teatral, y de hombre muy vinculado a toda la producción intelectual en las artes escénicas de Omar Valiño, que lleva muchos años en este afán, con muy buenos resultados. La edición de Tablas Alarcos es un algo que se puede mostrar con mucho orgullo, ¿no? , Que tiene, además, reconocimiento en el país, en la Feria del Libro ha tenido reconocimientos muy especiales. Y, además, es muy útil, muy recurrente en el caso de los que estudian el teatro.

Así que esta también va a ser una presencia temática en este ciclo del podcast que, como estábamos hablando hace un rato, persigue el objetivo, a partir de la noción que tenemos todos los que lo hemos compartido, de la cultura, de irla ilustrando, de ir viendo lo que se está haciendo en diversos campos, y cómo se puede articular y representar de una manera más gráfica, ¿no? Que uno pueda tener una idea de lo que sucede en el ámbito cultural en Cuba y en el mundo, porque también persigue el objetivo de hablar de eso. Son varias temporadas, varios ciclos ya. Yo le digo temporaditas porque son de cinco o seis capítulos que se hacen y forman parte del podcast.

Yo quisiera, en este caso, conversar contigo acerca del libro y la lectura. Sabemos que vivimos un momento particularmente complejo por la falta de papel, de energía, y con los problemas económicos agudizados, en medio de un cambio de modalidad en cuanto a la producción. Y a la exigencia misma del libro hacia lo digital, que ha marcado un antes y después en el ámbito del libro y la lectura. ¿Qué es una biblioteca hoy a la luz de esos cambios? ¿Y cómo la biblioteca repercute en mantener y preservar lo que se había alcanzado en el país en medio de lo que hemos estado viviendo ahora?

OVC: Yo creo que la biblioteca incide sobre todo en dos dimensiones en la actualidad. Digamos, si descartamos metodológicamente que la biblioteca tiene un peso inmanente con su misión histórica en Cuba, en cualquier parte. La biblioteca cubana, sobre todo el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, se está moviendo en dos sentidos. A pesar de todos los pesares, y después se podría ilustrar eso que dices, hay dos líneas fundamentales: el trabajo que hace la biblioteca en función de la lectura, que no depende sólo de la salida de un libro reciente, y el trabajo que hace en ese mismo sentido, pero con la infancia y la adolescencia.

Yo creo que son dos líneas, porque no lo quiero dejar sólo en el ámbito de la Biblioteca Nacional. Considero, incluso, que en el ámbito del trabajo para niños y jóvenes, el de la Biblioteca Nacional no es necesariamente el más destacado. No porque haya falta de voluntad, sino porque la Biblioteca Nacional tiene otras misiones, no sólo esa.

Pero sí lo es en todo el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, que son alrededor de 400 en todo el país –recordemos que siempre hay una cabecera provincial por cada territorio y que en todos los municipios del país existe una biblioteca municipal. Hay sólo en este momento dos o tres cerradas por espacio físico o deterioro o algún tipo de problema, pero incluso esas siguen trabajando fuera de su espacio físico, en estas mismas líneas que voy a ampliar. Y hay en muchos municipios, también en poblados que no son cabeceras municipales, hay lo que llamamos sucursales, que dependen primariamente de la biblioteca municipal y forman parte del sistema. Hablamos de alrededor de 388 bibliotecas del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas en todo el país en funcionamiento. En ellas, una de esas líneas es absolutamente no sólo destacada, sino amable, en el sentido de amarla.

He estado en muchas partes del país y veo el trabajo que con suma humildad hacen las bibliotecaria –siempre lo pongo en femenino, porque son la inmensa mayoría del personal de las bibliotecas–; desde ese municipio, desde esa sucursal, en los espacios físicos que ocupan, pero también en pobladitos, caseríos, etc., en las más diversas modalidades para la promoción de la lectura: con títeres, con objetos, con novedades editoriales, con libros clásicos que tienen en sus propias bibliotecas.

IDG: Quizás en La Habana no lo veamos mucho, ese fenómeno…

OVC: En La Habana se ve menos, por eso siempre destaco lo que se hace.

IDG: Pero se aprecia en todos los municipios cuando uno va por el país de recorrido, se advierte en la vida cultural de un consejo popular, de una comunidad o de un poblado, y ve cómo todos los niños acuden a las bibliotecas a un concurso, un pequeño festival, una presentación artística. Se ve mucho más el movimiento de la lectura, Ya sé leer, Quién sabe leer, ese movimiento donde, además, traen autores al municipio, y eso se logra generalmente por los bibliotecarios, que invitan autores de la capital provincial, presentan libros, mucho más a veces que en las propias capitales provinciales.

OVC: Exacto. Mientras más la biblioteca se apega a la población, ese mecanismo es más activo y eficaz. Y, repito, se sirve de las más diversas modalidades: el teatro, los títeres, y por supuesto, los intercambios pedagógicos, preguntas, interrogantes, pequeños concursos semanales, la narración oral, de todo. Es algo realmente bello.

OGJ: E importantísimo, pues trabajan en la recuperación de los índices de lectura y, sobre todo, de la comprensión lectora, en lo que se ha retrocedido muchísimo, no sólo en Cuba, sino en el resto del mundo.

OVC: Lo hacen, y a su vez, las bibliotecas provinciales propician encuentros teóricos, científicos, metodológicos, donde suelen reunirse en cada lugar esas diversas experiencias e intercambian, se exponen, etcétera, lo que siempre redunda en función de la alimentación de los trabajos de otros. Es, de verdad, un gran trabajo, y me alegra comentarlo con cierta amplitud, porque no tiene la visibilidad de otras manifestaciones, de otras experiencias culturales que tenemos en Cuba.

Ese trabajo también se asienta esencialmente en la disposición y la pelea individual de esas bibliotecarias, que se desplazan por su cuenta a esos otros poblados, a un barrio, a un consejo popular, para desarrollar su experiencia. Muchos de esos espacios son sistemáticos, y muchos de esos espacios tienen, además de la promoción por la lectura, un componente literalmente social, o sea, toman en cuenta el tejido social donde se desarrollan, y hay iniciativas de todo tipo, de otras entidades que participan con determinado apoyo. Eso se ve mucho en este tipo de experiencias como, por ejemplo, en las dirigidas a los ancianos, a la tercera edad, que se apoyan de distinta manera con charlas de salud, de alimentación, en las casas de abuelos, en las casas para niños sin amparo filial, etc. Es de verdad un trabajo maravilloso, y se desarrolla en todo el país.

He sido testigo en distintas provincias de esos espacios y de los encuentros –esos encuentros científicos que mencioné–, donde se intercambian las experiencias de cada uno de los diferentes lugares.

IDG: En la Biblioteca Nacional José Martí, en este mismo tema, ¿cómo se organiza, cómo se estructura el sistema de trabajo acá?

OVC: Nuestra Biblioteca tiene una singularidad que básicamente se debe a la Revolución. Mencionábamos Omar y yo a María Teresa Freire de Andrade, a quien consideraba la estirpe bibliotecaria, sin dudas, la segunda fundadora de la Biblioteca Nacional, y esa segunda fundación está muy asociada a la irrupción de la Revolución y a su nombramiento por Fidel al frente de la Biblioteca. Porque ella desarrolló, amparó y potenció las misiones típicas de una biblioteca nacional, pero a su vez creó espacios sociales que tienen que ver con una biblioteca pública, porque se trataba no sólo de que ese templo de la cultura fuera, como en general son los templos, digamos, cerrados, sino fuera abierto, y que la biblioteca se llenara como todos los espacios sociales a partir de 1959, como dijo el Che, de negros, de campesinos, de obreros, de pueblo, y lo mismo pasó en la Biblioteca Nacional, para decirlo así sintéticamente.

Y aquí conviven entonces salas que tienen que ver más con las misiones, por supuesto patrimoniales, de todo el patrimonio bibliográfico cubano, cuya cuidadora fundamental es la Biblioteca Nacional, y los espacios de expansión de la promoción de ese propio patrimonio y de la lectura en general.

Con respecto a lo que hablábamos antes, hay un enlace muy significativo en estos últimos años, y es aquí, en la Biblioteca Nacional, la recuperación de la Sala Infantil y Juvenil Eliseo Diego. María Teresa Freire de Andrade y Eliseo Diego fundaron esa Sala en 1959, siendo el gran poeta cubano, trabajador natural de esta biblioteca.

Y Eliseo fue, además de ese enorme poeta –uno de nuestros más grandes poetas, en mi opinión, que en Cuba es mucho decirlo–, fue un promotor de la lectura y la cultura para niños y jóvenes. O sea, que la Sala no sólo lleva el nombre en su homenaje, sino que está asentada en parte en la creación de Eliseo en torno a esas metodologías, esos propósitos de la expansión de la cultura para niños y jóvenes. Y la Sala se había perdido, cerrado, y en los últimos años la hemos abierto y desarrolla hoy un trabajo que es nuestro primer enlace con la sociedad.

Lo hacemos aquí, en el espacio físico de la Sala, pero ellos se mueven también a los barrios, fundamentalmente a escuelas primarias. Ese equipo de gente joven en general sale del espacio y hace funciones, y también vienen las personas aquí. Por supuesto, tenemos la Sala acompañada de un jardín que le pusimos Soñar Despierto, que es un término de Eliseo, y todo eso es parte de lo que para mí es el primer enlace de la biblioteca con la sociedad cubana.

IDG: Resguardar también el legado de tantas figuras, tantas personalidades, de esos hombres y mujeres que tanto han hecho por la lectura, por el libro en nuestro país. Desde la Biblioteca Nacional José Martí, pero también desde todo el Sistema de Bibliotecas Públicas.

A este y a otros temas dedicaremos próximos episodios en A Contracorriente.

Tomado de REDH-CUBA

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