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Volando plomo

Por Michel Torres Corona*
Para Resumen Latinoamericano

Una embarcación, tripulada por diez hombres fuertemente armados con rifles de asalto y explosivos, se acercaba a la costa norte de Cuba. A la altura de Cayo Falcones, en Villa Clara, fueron interceptados por las Tropas Guardafronteras. A la orden de detenerse respondieron abriendo fuego. Los combatientes del Ministerio del Interior cubano apenas eran cinco, justo la mitad, pero no se amedrentaron, ni siquiera cuando su comandante fue herido. No sabemos a ciencia cierta cuánto duró el enfrentamiento, pero sí sabemos que cuando acabó, cuatro de los agresores estaban muertos y los otros seis heridos. No hubo víctimas mortales del lado de los que valientemente cumplieron con su deber de cuidar al país.

La noticia se esparció con celeridad. La contrarrevolución intentó convertir a los que venían en son de guerra en inocentes civiles, que solo querían “rescatar” familiares. Haciendo gala de sus muchas herramientas para la manipulación y el engaño, mostraron al mundo un relato en el que los muertos y heridos de aquella embarcación que violó leyes cubanas, estadounidenses e internacionales habían sido vilmente asesinados. Medios internacionales de cierto prestigio repitieron o calcaron titulares, en los que se intentaba esbozar un escenario falso donde el ejército cubano había cometido una masacre.

Que el hecho haya ocurrido un día después de la “conmemoración” del derribo de las tristemente célebres avionetas de Hermanos al Rescate, solo agregó morbo y sensacionalismo a la “cobertura”. Como hace treinta años, se intentaba violar la integridad territorial de Cuba (entonces por aire, esta vez por mar) y la respuesta de nuestras autoridades fue justa, pero contundente. En cualquier otro país no se cuestionaría ni por asomo semejante ejercicio defensivo. Solo basta imaginar una avioneta extranjera que sobrevuele sin permiso una ciudad estadounidense o una embarcación foránea que intente desembarcar sin autorización en La Florida y dispare a los guardacostas de esa nación…

No obstante, el relato tuvo una vida breve e infeliz: las evidencias mostradas en televisión nacional por el gobierno cubano desmontaron con facilidad la tesis de que simplemente eran civiles que venían a “ayudar”. En la pantalla de televisores y celulares de miles de cubanos se pudo ver la enorme cantidad de armamento, municiones y equipos de comunicación que poseía esta suerte de “comando” que, identificado visiblemente en sus “uniformes” como parte de una poco conocida organización contrarrevolucionaria, estaba dispuesto a la agresión armada contra el Estado. Solo los reaccionarios muy recalcitrantes insistieron en su versión de los hechos, tratando de desviar la atención hacia un “líder poeta” o mostrando como imposible que solo cinco hombres hubieran podido vencer de esa forma. 

Los hay canallas, que intuyen o conocen la verdad, pero la ocultan por cínico afán de hacer avanzar su agenda política. Pero los hay también que no entienden ni podrán entender jamás la voluntad de un pueblo, encarnada en los cinco combatientes de las Tropas Guardafronteras, de rechazar cualquier ataque, incluso ante la superioridad técnica del enemigo. Son los mismos que se muestran incapaces de entender o ponderar con justeza (y decencia) el sacrificio de los 32 mártires cubanos que cayeron en Caracas, y que ni siquiera bajo la lluvia infernal de misiles y balas -que sobre sus cabezas hicieron llover los helicópteros estadounidenses- se rindieron. 

Son los mismos que, junto a Trump, se asombran hoy de la voluntad de los iraníes, que ante el asesinato de su líder religioso y la devastación ejercida por el bombardeo imperial y de la entidad sionista, no se rinden ni capitulan. Continúan la guerra en el Medio Oriente y solo los muy desvergonzados líderes del “mundo libre” pueden reprocharles a los persas que no pongan la otra mejilla. No entienden, no pueden entender, que hay pueblos que no se someten, que no se rinden, que siguen batallando, incluso en las circunstancias más adversas. 

El historiador Eliades Acosta hacía referencia a la frase de un nicaragüense, que le había dicho: “los cubanos y nosotros solo caeremos volando plomo”. Es decir, en combate. Ante el nuevo relato mediático, impulsado por el emperador Trump, de que en Cuba ocurriría pronto una “toma amistosa”, que se iban a apoderar de nuestro país sin demasiado esfuerzo, solo podemos ofrecer la evidencia histórica, y no solo la de hace décadas, sino la que tanto los mártires de Caracas como los héroes de Cayo Falcones ayudaron a aumentar.

Los cubanos sabemos que es nuestro deber defender a la Patria y al socialismo, a nuestra Constitución, por cualquier medio necesario. Y eso haremos, ni más ni menos, ya sea en una mesa de negociación o volando plomo. Jamás seremos los primeros en abrir fuego, pero sí que sabremos responder de forma proporcional. Nos consta que el enemigo lo sabe de sobra también.


 

*Michel E. Torres Corona (La Habana, 1993). Licenciado en Derecho y Máster en Derecho Constitucional y Administrativo.
Director del Grupo Editorial Nuevo Milenio. Guionista y conductor del programa Con Filo.

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