Cuba

La esperanza de Cuba

Por Michel Torres Corona (*)

Según Dante, palabras de oscuro color se podían leer encima de la puerta al Averno. “Lasciate ogne speranz, voi ch´intrate”, que aquel que decida entrar abandone toda esperanza. Dantesco es, por ende, el discurso del emperador Trump, a medida que cierra el cerco contra Cuba. Nos convida a la rendición mientras intenta hacer de esta pequeña y luminosa isla un páramo infernal, a fuerza de imponernos miseria, hambre y tinieblas.

El bloqueo estadounidense, que tiene más de seis décadas, hoy se recrudece con el sádico entusiasmo del trumpismo. Y nada duele más que ver cómo nos afecta ese bloqueo, cómo nos empobrece, cómo nos lastima. Sobre todo si pensamos en aquellos que no tienen edad ni conciencia para asumir el sacrificio de defender la soberanía del país. Los niños y las niñas de Cuba son los que más sufren y ese es nuestro peor tormento.

Martí lo dijo mejor que cualquiera de nosotros: “Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”. Para los más ignorantes entre los que apoyan el sitio a Cuba, son solo cifras, daño colateral; los más taimados victimarios saben que apuntan al futuro de la nación, a su tesoro más preciado.

Hay ejemplos drásticos. Cada año en Cuba debutan más de 300 niños y adolescentes con cáncer. El bloqueo impide el recambio de piezas para los equipos de diagnóstico más sofisticados y la obtención de los medicamentos idóneos para combatir esa terrible enfermedad. Al impedir que entre petróleo al país, Trump ha hecho más difícil aún la batalla de los médicos cubanos: cifras oficiales indican que la expectativa de vida de los pacientes oncopediátricos ha descendido en diez puntos porcentuales.

Se limitan los servicios sanitarios pero no se cierran del todo los hospitales, ni siquiera en apagón. Circulan fotos y videos de médicos continuando una operación al fallar el fluido eléctrico, alumbrándose con la luz de sus celulares. La hija de una compañera de trabajo tuvo que ser ingresada durante estos días aciagos: aun en medio de la precariedad creciente, no se devuelve a la casa, no renuncian los doctores a luchar por la salud de una niña. Los que conocemos a su madre, alarmados por la noticia, preguntamos si hacía falta dar de nuestra sangre a la hija necesitada de transfusión. Pero el hospital tiene sangre, por supuesto que la tiene: podrá faltar la medicina pero no eso.

Tampoco se cierran las escuelas ni los círculos infantiles. La contrarrevolución se regodea con la escasez de nuestros maestros, con la depauperación de nuestros centros docentes. Según una amiga, su niña lleva desde enero comiendo chícharos y calabaza en su círculo. El alimento es magro pero no falta. Las trabajadoras de ese lugar tuvieron la iniciativa de organizar un “Miércoles de Sazón”: los padres que pueden hacerlo llevan una hoja de laurel o un diente de ajo. Los que tienen un poco más llevan una cebolla o un pedazo de embutido. Y los niños comen mejor.

La capacidad de resistencia del pueblo cubano, su heroicidad, no conoce límites. Pueden apagar cada uno de nuestros hospitales, cada una de nuestras escuelas, podrán negarle la luz a todos nuestros hogares, pero no podrán vencernos. Los niños y las niñas son la esperanza del mundo, son la esperanza de Cuba, y aunque todavía no lo entiendan, estamos resistiendo por legarles un país que no les cause vergüenza, un país que no se rinda a poderes extranjeros. Estamos resistiendo para que no tengan que sufrir “en afrenta y oprobio sumidos”.

Y como Virgilio, el poeta latino que acompaña a Dante en su lírico viaje, no abandonamos esperanza alguna. Si nos toca cruzar la puerta del Infierno, lo haremos, y fuera quedará toda cobardía, todo temor. Nuestros niños, cuando crezcan, nos recordarán con orgullo y seguirán teniendo esperanza.

(*) Michel E. Torres Corona, abogado y comunicador cubano, conductor del programa «Con Filo» de la Televisión Cubana. Director del grupo editorial Nuevo Milenio, es además colaborador de varios medios de su país y el mundo.

Tomado de Mate Amargo.

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