La guerra contra Irán y su impacto en el poder en EEUU
Era cuestión de tiempo, que los efectos de la derrota en ciernes, de la agresión del Estado Epstein contra Irán, comenzaran a hacer mella en el corazón mismo del poder político/militar estadounidense.
De nada está sirviendo el reality show del Jefe Trump, insistiendo cada día que la invasión ha dado los resultados procurados, que las fuerzas armadas persas están diezmadas, incluso derrotadas, y que en los próximos quince días todo acabó. Puras tonterías dirigidas a sus bases político electorales, y en general al pueblo estadounidense, aunque razonablemente esto último es polémico, porque pocos creen sinceramente que a la Casa Blanca, le importe la situación o la suerte de su pueblo.
Los expertos le llaman hiperrealidad, al estado en que se mueve Trump. Es decir, muestra públicamente un cuadro que es una especie de copia de la copia de la realidad real, algo así; y en la medida que el corte y pega se reproduce, lo que el mandatario expresa ante la prensa es algo “lavado”, cada vez más alejado de lo que sucede en el terreno militar. Este lado de la situación merece en sí mismo un largo análisis, una mayor profundización, porque ya forma parte del discurso político actual en aquel país.
Pero resulta que a estas alturas parece importar poco lo que diga el comandante en jefe de la us army, es decir Trump, porque en su propio seno le desmienten, le encaran y en consecuencia, los que se le enfrentan son retirados, que es como se dice al hecho de despedir, expulsar, a un oficial de la mencionada us army.
La acción de depurar se ordena desde la alta burocracia de la Secretaria de la Guerra, al mando del ex oficial de menor rango, Pete Hegseth, encargado de limpiar las filas de desafectos a las ordenes absurdas, hiper peligrosas y que conducen al fracaso que provienen desde la Casa Blanca.
De manera que una de las consecuencias más relevantes que va teniendo esta agresión a Irán, sin razón legal, es que en medio del conflicto, cuando se evidencia el atolladero en el que se han metido, pues la mejor idea a lo interno, es enviar a retiro a los generales más experimentados, justo porque tal vez deben estar contra los planes, mejor dicho el plan del Estado Epstein, contra la nación persa, sin claridad sobre los objetivos a obtener, que parecen variar según los resultados cotidianos, y además, sin un conocimiento cabal del enemigo a enfrentar, o incluso medianamente conociéndolo, pero aun así subestimándolo.
Según la información pública, suman no menos de 12 generales los que han sido sacados desde que comenzó la actual administración Trump, de ellos, varios desde el pasado 28 de febrero. El más importante es el general de muchas estrellas, Randy George, nada menos que Jefe del Estado Mayor del Ejército, todo con mayúsculas, dada la importancia del cargo, cuyo mandato reglamentario debía expirar en el 2027.
Pues parece que George ha estado en contra de esta locura bélica contra Irán, y que los acontecimientos irremediablemente le han dado la razón. Se dice incluso que el término “locura”, fue el utilizado íntimamente por el general George, refiriéndose al mandatario Trump. En su momento, también fueron “retirados” otros generales, como Charles “CQ” Brow, Jefe del Estado Mayor Conjunto, la almirante Lisa Francetti, Jefa de Operaciones Navales, el general James Slife, Vice Jefe de la Fuerza Aérea y el teniente general Jeffry Kruse, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa.
En resumen, a simple vista se puede apreciar dos asuntos: primero el secretario de la Guerra, Pete Hegseth, al retirar a Randy George sacó a quien estaba al frente de las operaciones contra Irán, en un momento complejo, ya sea porque aquel estaba contra la guerra o porque estaba fracasando rotundamente, más allá de la triunfalista versión pública del Jefe Trump.
En medio de esta situación, que puede calificarse sin dramatismo de crisis en el alto mando, se suceden episodios que tal vez son en todo caso efectos concretos de dicha crisis. El más cercano en el tiempo se apreció en el mediatizado, hasta el aburrimiento, “rescate del coronel Ryan”, que no es su nombre, sino parodiando, ya se sabe, al homónimo soldado hollywoodense.
Hay dos versiones sobre el hecho, la que narró el Jefe Trump, y la que da el alto mando iraní. En el medio, parece predominar el criterio de que lejos de salvarle el pellejo al tal “Ryan”, el propósito de la operación era robar, porque no hay otra forma de decirlo, una cantidad de uranio enriquecido, supuestamente ubicado en el complejo nuclear de Natanz, en la región de Isfahán, cercano al lugar del “rescate”, para mostrarlo como trofeo de guerra y prueba de que se logró el “objetivo”, de acabar con el programa nuclear militar iraní, inexistente, no se olvide.
Cualquiera se percata que por la cantidad de medios y efectivos empleados, por la secuencia de los hechos, resulta muy evidente que el propósito era el uranio, no el coronel “Ryan”, a quien por cierto, nadie le ha visto el pelo todavía, aunque eso no tiene mayor relevancia, porque en todo caso al coronel rescatado, lo tumbaron cuando su nave incursionaba en territorio iraní, como parte de la operación de “robo” del uranio.
Efectivamente, solo en esta operación la us army perdió en 24 horas 4 aviones, el F15E donde viajaba el tipo “rescatado”, 1 A-IU y 2 HC-130J; 4 helicópteros (2 MH-6 y 2 Blackhawk), así como 2 super drones MQ-9 y varios del tipo Hermes 900; en total unos 450 millones de usd. Involucraron a 300 efectivos, sobre los que hay que esperar un tiempo, para saber cuántos cayeron en esta aventura. Y volviendo sobre el caso del general defenestrado, Randy George, al hombre lo sacaron el 2 de abril en la noche, el mismo día que Ryan se vio obligado a catapultarse, ¿pura coincidencia?.
Trump intentó convertir en glorioso una operación de robo, que colapsó en cascada, cuando tumbaron el F15E y después, cuando el rescate y la consiguiente destrucción de los 450 millones de usd, convertidos en chatarra. Por cierto, lo sucedido recuerda a lo que enfrentó el presidente Carter, al intentar rescatar a unos rehenes, funcionarios de su embajada en Teherán, operación que fracasó y dicen que eso le impidió su reelección. Pero también recuerdan las aeronaves de USA, tumbadas a punta de heroísmo en Vietnam.
Quizás la prueba más evidente en qué estado se encuentra el gobierno de Trump, lo aportó el propio mandatario cuando vertió cualquier cantidad de blasfemias contra los iraníes, en pleno recogimiento por semana santa, y no satisfecho por lo dicho, añadió obvias amenazas contra la infraestructura civil iraní, siendo advertido de que eso supone una flagrante violación de las leyes internacionales de la guerra. Pero el Sr. Trump poco o nada entiende de esto, ya lo advirtió, su único límite es su moral, pero el asunto es las represalias que los iraníes podrían aplicar, en todo caso con un mayor grado de legitimidad, tributando al reconocimiento internacional que van acumulando y en paralelo, al repudio al mandatario estadounidense.
En paralelo, el rechazo a Trump, se vuelve cada vez más evidente dentro de su propia base electoral. No se hable del rechazo de más del 59% de los estadounidenses a la guerra. Dos ejemplos, el de Candece Owens, caracterizada como una de las más fieles seguidoras y entusiastas promotoras de la figura de Trump, reconocida como la “reina” del podcaster “America First”. Otro caso, es el cierre de la tienda “Trump Truth”, en Cristal Lake, Illinois; la razón del quiebre, la caída de las ventas, de gorras, jarras, camisetas y demás con consignas alegóricas a la “grandeza” de Trump; tras el inicio de la guerra contra Irán, las ventas se desplomaron debido a que nadie quiere andar con esos decorados por miedo a ser agredidos, es como verse apestado. Puede imaginarse cuál es el nivel de repudio que tiene el mandatario, más allá de la mejor de las encuestas.
Las cosas se han vuelto más complicadas para Trump, después de sus iracundas manifestaciones contra Irán, ocasión en que prometió hacer desaparecer una civilización en una noche, en alusión a asesinar en ese lapso de tiempo, a no menos de 90 millones de persas. Estas amenazas estuvieron precedidas días u horas antes, por otras cuando, en pleno recogimiento por semana santa, blasfemó contra los iraníes y poco después, afirmó que si estos no abrían el Estrecho de Ormuz, les destruiría vitales infraestructuras civiles. En fin, se mostró como un criminal de guerra por confesión propia, según lo que queda del derecho internacional y las leyes de la guerra, que impone no atacar a la población civil.
Como se ha expresado más arriba, el asunto está tocando las puertas del poder en Washington. Sí, porque por ahora un congresista demócrata exige la aplicación de la 25 enmienda de la Constitución de EEUU, que establece la destitución del mandatario. Podría decirse que es algo esperable de un demócrata, aunque en rigor aún siendo oposición, no podría aludir a esta opción de la nada.
Y lo peor no termina aquí. Un coro de trumpistas originarios, más bien ex trumpistas, también piden el empleo de la 25 enmienda contra su antiguo líder, sobre todo después de prometer el holocausto presumiblemente nuclear, contra la población iraní. Se enlistan la ya mencionada Owen, también la ex congresista Marjorie Taylor; Alex Jones, teórico de algunas de las conspiraciones de moda en el mundo MAGA; y Anthony Scaramucci, ex director de comunicaciones de la Casa Blanca con Trump, entre otros.
Visto el cuadro lo más razonable para Trump y su entorno, si es que se puede pedir algo así, es que busque la forma más decorosa de abandonar la aventura, en esta parte del Asia Occidental. Quizás asumir alguna pose brabucona y decir que se alcanzó un acuerdo con Irán, beneficioso “para América”, y que desde luego los iraníes no lo desmientan; o por el contrario, escalar el conflicto y cumplir sus promesas de convertir a Irán en un infierno, como también anunció en su momento.
Sin embargo, en esta historia, lo más estratégico es que el Imperio quedó atrapado en un callejón sin salida, especie de circulo vicioso. Si son derrotados, que es lo que exige Irán, el poder factual de Trump quedaría seriamente dañado, y la hegemonía estadounidense finalmente resquebrajada. Pero si el conflicto sigue o se recurre a formas más destructivas, comprometería el futuro económico de una de las regiones con las mayores reservas de combustibles, y con ello la suerte del petrodólar, que junta con la supervivencia del sionismo, son las causas de esta guerra, en especial lo primero.
Al final podría imaginarse una especie de parodia para los que mandan en EEUU, según la cual pusieron a Trump al mando, para salvar su sistema económico, de privilegios y de dominación, y terminó hundiéndolo todo. Veremos.
Tomado de CubaSí

