Slot Gacor

SLOT TERBARU 2025

Slot Gacor

SLOT TERBARU 2025

Información sobre secuestro de 10 miembros de la Caravana Global Sumud – Cuba en Resumen

Internacionales

Información sobre secuestro de 10 miembros de la Caravana Global Sumud

Por Néstor Prieto Amador. 

Alicia Armesto y otras nueve personas de la caravana Global Sumud Land permanecen retenidas por las fuerzas del mariscal Jalifa Haftar —una de las facciones que se disputan Libia—, sin acusación formal y con solo dos cargos comunicados de palabra. Las familias reclaman la liberación inmediata.

La Caravana Global Sumud Land había salido de Mauritania casi un mes antes con un objetivo: romper por tierra el bloqueo israelí sobre Gaza e introducir ayuda humanitaria, el mismo propósito que la Global Sumud Flotilla que meses atrás surcó el Mediterráneo. En ambas iba Alicia Armesto, que pese a haber sido detenida y deportada por Israel el pasado otoño decidió sumarse al convoy terrestre como encargada de comunicación de la delegación española. Tras semanas atravesando el Magreb, sus distintas columnas confluyeron en el oeste de Libia y avanzaron hacia el este hasta detenerse a las puertas de Sirte, donde empieza el territorio que controla el mariscal Jalifa Haftar.

El 24 de mayo, a las 15:22, el convoy perdió el contacto con su comisión negociadora. Diez de sus integrantes se habían adelantado hasta el puesto de control de Haftar para pedir el paso hacia Egipto o, al menos, que las tropas del este escoltaran los camiones de ayuda hasta la frontera. No hubo negociación: según el relato de los activistas, fueron introducidos en furgonetas negras. «No hemos sabido nada de ellos desde entonces», alertó la organización aquella tarde. No regresaron. Entre ellos viajaba Alicia Armesto Núñez, periodista madrileña de 62 años, secretaria técnica del Sindicato de Periodistas de Madrid (SPM) y veterana activista de la causa palestina. Cerca de tres semanas después, sigue retenida en el este de Libia por las fuerzas de Haftar, sin una acusación por escrito y sin fecha de salida. «No tenemos claridad sobre el proceso ni sobre los plazos», resume su hijo, Bruno Rodríguez Armesto, que coordina el caso desde España.

No era su primer pulso con un bloqueo. En la Flotilla marítima de octubre, interceptada por Israel en aguas internacionales, Armesto había ejercido de enlace con los medios españoles —también con quien firma estas líneas, entonces embarcado en el barco Adara y que redactó un diario de a bordo para Público— antes de ser detenida junto a activistas como Greta Thunberg. La familia conocía el riesgo. «No es la primera vez que mi madre está fuera, ni la primera que está detenida», dice Bruno. «Sabíamos a qué se exponía», afirma, pero no esperaban llegar a este extremo.

Daniel Lobato, activista que acompañó la expedición hasta poco antes de la detención, describe una operación de envergadura: “En su tramo libio, el convoy lo formaban alrededor de 250 personas de múltiples nacionalidades: personal sanitario, rescatistas, ingenieros, juristas y activistas, junto a una decena de camiones de ayuda y siete ambulancias”. El propósito, insiste, era el mismo de la flotilla: “Romper el asedio y el bloqueo” sobre Gaza y abrir por tierra una vía humanitaria.

La iniciativa, sin embargo, no llegó ni tan siquiera a Egipto, país que comparte frontera con la Franja de Gaza. De hecho, un convoy humanitario previo ya había sido desmantelado por el Gobierno de Al Sisi en junio del año pasado.

En esta ocasión, el convoy no logró cruzar la frontera artificial que divide Libia en dos desde la caída de Muamar el Gadafi en 2011. Al oeste, el Gobierno de Unidad Nacional, con capital en Trípoli, reconocido por la comunidad internacional y por España. Al este, el feudo del mariscal Haftar —»un señor de la guerra y mercenario», en palabras de Lobato—, que gobierna desde Bengasi sin reconocimiento internacional y no admite la autoridad del Ejecutivo tripolitano. El grupo había entrado en el país por la zona del gobierno reconocido y con visados en regla; al aproximarse al territorio de Haftar quedó atrapado en el pulso entre dos administraciones paralelas que se disputan la legitimidad del Estado libio. Durante una decena de días, la expedición acampó en pleno desierto, junto a una gasolinera abandonada, casi sin agua ni alimentos, mientras negociaba por carta y en persona con los militares del este. Una comisión de once personas —Lobato entre ellas— se acercó en ambulancia al checkpoint en dos ocasiones para tratar de pactar el paso o la entrega de la ayuda. La víspera de la tercera ronda, Lobato tuvo que volver a España por motivos laborales y familiares. La comisión, reducida ya a diez, fue retenida al completo: cuando su regreso empezó a demorarse, cuenta, en el campamento se dio por hecho lo peor.
Lo que vino después fue la disolución forzosa de la misión. Un asalto nocturno al campamento, atribuido a desconocidos, precipitó el desmantelamiento de las tiendas. Los organizadores se replegaron a Trípoli para presionar a las embajadas, embarcaron la ayuda hacia Al Arish —el puerto egipcio más próximo a Gaza— y dieron el convoy por terminado, que no por disuelto: lo mantienen activo como plataforma para exigir la liberación de los diez activistas presos.

Las acusaciones contra ellos no se han formalizado por escrito. Lo que las autoridades del este han trasladado, de viva voz, tanto a los detenidos como al cónsul español son dos eventuales delitos: entrada ilegal en el país y pertenencia a una organización criminal. «Se les ha acusado de entrada ilegal y de pertenencia a un grupo ilegal», confirma Bruno, que admite no haber visto ningún documento que dé forma legal a esos cargos. No se ha precisado a qué organización aluden. La primera imputación remite, de nuevo, al laberinto libio: el convoy accedió con visados expedidos por el gobierno reconocido, pero las fuerzas de Haftar no admiten esa autoridad y tratan su territorio como una jurisdicción aparte.
Los relatos sobre las condiciones de la reclusión han variado con el paso de los días. En las primeras jornadas, los diez quedaron en aislamiento severo y sin comunicación, y varios iniciaron una huelga de hambre en protesta por la prórroga de la detención. Tras la llegada del cónsul español a Bengasi y la visita del cónsul italiano —que exigió mejoras—, las autoridades autorizaron llamadas semanales con las familias y la huelga concluyó; aun así, las familias denuncian que siguen sin conocer las acusaciones concretas y que los diez detenidos no han podido ser visitados todavía por sus abogados. La campaña de solidaridad describe a Armesto como «físicamente estable dentro de la gravedad», pero «muy afectada» en lo psicológico por el aislamiento, la incertidumbre y unos interrogatorios que se prolongan.

Fue entonces cuando Bruno Rodríguez pudo hablar por fin con su madre. «Nos confirmó que están bien tratados; no es una cárcel per se, sino un centro de detención ligado a los servicios de inteligencia libios», cuenta. El grupo de la flotilla está encerrado en una suerte de centro de internamiento, se mueve con cierta libertad por el recinto y el trato, en lo físico, es correcto.

Que la retenida sea periodista y sindicalista añade, para quienes la apoyan, una capa de gravedad. Virginia Danahe Sánchez, que coordina las acciones de solidaridad, enmarca el caso también como un ataque a la libertad de información: «Armesto lleva años documentando crisis humanitarias y conflictos», y su detención debería encender, sostiene, una «alarma democrática». «Donde no hay prensa, hay impunidad», repite la propia Alicia, según recuerdan sus compañeros. 

Entre l@s compañer@s de la Marcha Global Sumud a Gaza, detenid@s en Libia desde el 24 de mayo pasado está nuestra compañera Alicia Armesto, con la que se ha podido hablar hoy por teléfono durante unos 20 minutos. Ella transmite que está bien, tranquila y con buen ánimo dentro de las circunstancias. Están tod@s l@s detenid@s junt@s y, por el momento, no se tiene más información sobre el proceso judicial que les espera.

Ha pedido más libros, tanto para ella como para el resto de compañerxs, ya que les ayudan a sobrellevar mejor la situación.

En cuanto a la salud, están bien. No están en huelga de hambre y están comiendo con normalidad.
Algunos días reciben proteína, por lo que, dentro de las limitaciones del contexto, su estado físico es estable. En todas las actividades que hagamos, y en todos los micrófonos que se nos ponga al alcance, no dejad de denunciar el secuestro de l@s compañer@s y exigir su liberación inmediata. En algunos sitios como en Canarias, se está haciendo una concentración pública para pedir su libertad. ¡¡Que cunda el ejemplo!!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *