EEUU: 250 años de independencia
De modo que la insurrección anti colonial emergió como suerte de paradigma emancipatorio, con proyecciones políticas muy avanzadas para la época, implantándose un sistema de gobierno federal, funcionamiento parlamentario por representación popular y un poder judicial, que se aproximaban al concepto de división de poderes, claro, con un amplísimo consenso entre los hombres libres, que debían ser blancos, no los esclavos traídos a la fuerza de Africa, de que en lo adelante no se admitirían más tiranos, cero reyes, en pocas palabras.
De aquel 4 de julio de 1776 a la fecha ha llovido mucho, como se dice, y lo que fue el intento de una nueva y esperanzadora realidad hace estos 250 años, ha dejado un lodazal inconmensurable, que es básicamente el Estados Unidos de América, que intenta celebrar su independencia en fecha cerrada, con la paradoja de que quienes mandan ahora, no les interesa para nada evocar lo que ocurrió en aquel momento fundacional.
Visto en perspectiva, los Estados Unidos de América son víctimas de su propia y peculiar historia. Aquí la evolución del capitalismo descansó particularmente en anti valores como la codicia voraz, el desenfado por las soluciones violentas y el divorcio, entre la religión predominante, la protestante, y lo que en la realidad hacían estos creyentes, transformando el país en un lugar donde predomina el sálvese quien pueda, la guerra como gran negocio y su prima hermana, la violencia naturalizada.
Lo anterior está firmemente insertado también en la política exterior del imperio estadounidense, y es uno de los más execrables temas en el que se viola el espíritu independentista originario. Para aquellos próceres, lo imperante era la neutralidad, era el término que se empleaba oficialmente, sobre todo teniendo como horizonte la Europa de la época. “Evitar enredar nuestra paz y prosperidad en la ambiciosa Europa”, dijo George Washington en su discurso de despedida en 1796; por su lado Thomas Jefferson, en 1801, indicó “paz, comercio y amistad sincera con todas las naciones”; James Madison por su lado advirtió: “ninguna nación puede preservar su libertad en medio de guerras continuas” y Alexander Hamilton, tenía la convicción de que no eran posibles las “invasiones indiscriminadas”. Ni polvo queda de ese legado, es la conclusión lapidaria del tema.
Lo cierto es que, a sus 250 años de existencia, Estados Unidos de América es una nación que ha estado involucrada en conflictos bélicos, durante la mayor parte de su existencia, entre 225 y 230 años, incluido desde luego la última aventura en Asia Occidental, contra los persas. Y para sostener este “patriótico” esfuerzo, crearon una monumental estructura de poder industrial y financiero, como se sabe, el complejo tecno militar industrial.
Desde una perspectiva clasista, 250 años después en EEUU también hay nuevos “señores feudales”, en sentido figurado, denominados así por algunos autores que hablan de oligarquía tecno feudal, algo en rigor muy debatible porque son 100 o mejor dicho, 1000% capitalistas, es la concentración de la riqueza en grado extremo, sin precedentes. Pues sí, como quiera que se les quiera llamar, ahí están los miembros de MAGOS. ¿Quiénes son?, pues son conocidos, los señores de Meta/Anthopic/Nvidia/Geogle/Open AI/Space X/ MAGOS. Estos son los 5 gigantes con pretensiones de dominar todo, lo material y lo espiritual, y no con magia propiamente dicho.
Están en la cúspide del super selecto grupo de un 10% de la población estadounidense, que detenta dos tercios de la riqueza nacional. Lo encabeza ya se sabe, Musk, el primer trimillonario de la historia, cuyo caso en sí mismo da una idea de que se habla, cuando en el 2000 el hombre más rico del mundo, Bill Gate, tenía “apenas” 60 mil millones de usd; en el 2026, Musk, el de Space X , tiene un poco más 970 mil millones. ¿Se capta la idea?
Y aquí está el mayor problema, la principal negación del espíritu independentista y de justicia, que predominó en los héroes que hicieron la gesta de 1776. Porque tal concentración de poder económico, requiere de una forma de actuación política, que garantice que dicho esquema no sea modificado.
Aparece así el “Proyecto 2025”, (elaborado por la Heritage Foundation y publicado en el 2022) especie de programa político de la actual administración trumpista. En este se ordena como primerísima prioridad, salvar al imperio, incluido el sistema político predominante. Sin embargo, sus recomendaciones, al mejor estilo hiper conservador, como si la historia pudiera ir en retroceso, terminó por quitarle el barniz democrático al sistema de dominación, y como establece la fábula, el rey, el sistema imperial, quedó desnudo, inmerso en profundas contradicciones, quedando al parecer la opción de ultra derecha como la última salida, nazi/fascismo también se le califica.
Para este evidente retroceso civilizatorio, estaba disponible el personaje de ocasión, siempre los hay por cierto, Donal J Trump, ahora el presidente número 47. ¿Qué pensarían George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, los padres fundadores, de la actuación de Trump?, el que carga con 34 procesos o acusaciones legales, al que se le asocia con la pedofilia a escala planetaria, mentiroso pertinaz e incontrolable, sumergido en una pesadilla de ego, narcisismo y todo lo que tiene que ver con la absoluta ausencia de modestia o sencillez.
El gobierno de Trump es también el más corrupto de la historia, alertan a viva voz sus oponentes, y no es una calumnia porque cada día sorprenden nuevas noticias con las formas conque el mandatario especula, manipula e impone un esquema de enriquecimiento ilícito, según explican los entendidos en la materia, dejando la impresión que la principal motivación para estar en la Casa Blanca, es para garantizar un enriquecimiento exponencial del clan Trump.
De modo que el líder estadounidense llamado a celebrar los 250 años de independencia, justo es el menos apto para ello. En pocas palabras, el actual mandatario estadounidense es el tipo de personaje que los independentistas aborrecerían. Este “detalle” en si mismo, es quizás el mejor ejemplo de cuál es el estado calamitoso en que una oligarquía voraz, incontrolable, ha convertido al país, otrora paradigmático, en lo que es hoy.
La institucionalidad, creada a partir de la independencia terminó como mínimo degradada, entre otros factores por la forma de funcionar el sistema de elección popular, que fuera una de las banderas portaestandarte, de los que firmaron hace dos siglos y medio la Constitución estadounidense.
Todo el mundo lo sabe, en Estados Unidos de América constituye una anomalía acceder a un cargo público, sino se cuenta con cuantiosos recursos. Por ejemplo, ahora mismo, para las elecciones de medio tiempo en noviembre, las más importantes de este simbólico año, pues se conoce que ya los denominados super PAC, han distribuido 1 368 millones de dólares, de ellos unos 884 millones para los republicanos. Los ricos, algunos de los arriba mencionados, comprando candidatos, prácticas de una república bananera, podría escucharse en los pasillos del Departamento de Estado, cuando despectivamente aluden a otros países.
No por gusto la credibilidad en las instituciones “democráticas” enfrentan los mayores niveles de rechazo de estos 250 años. En ese sentido, se contabiliza que la actuación del Congreso es aprobada por entre el 15 y el 18% de los ciudadanos, es decir, los miembros de esta “honorable” estructura, eventualmente elegida por el pueblo, no concita casi ninguna simpatía. En guarismos parecidos está el gobierno federal, con una aceptación que roza el 22% de aprobación, como se ve por debajo incluso, de lo que obtuvo Trump y su gente de MAGA, en las elecciones del 2024.
Sumado a lo anterior, actuando como suerte de colchón para evitar un clima de desestabilización perpetua, desde al menos cuando estaban celebrando justo los 200 años de la independencia, comenzó a crecer geométricamente el consumo de opioides en esta sociedad, de aparente opulencia para todos. Hoy son el principal país consumidor de drogas, y aunque no se admita, el principal comercializador, con su correspondiente y colosal estructura local para gestionar ese mercado; sin dudas, donde operan los principales carteles de la droga, bajo la generosa cobija de un ecosistema bancario devenido en enorme tintorería, y la correspondiente opacidad de los hiper concentrados medios de difusión y de la DEA.
Son incontables los graves problemas que enfrentan los Estados Unidos de America, y su liderazgo se muestra incapacitado para encáralos en función del bienestar del pueblo estadounidense. Entonces, ¿que vendrá después? cuando, por ejemplo, se cumplan 251 años y más.
Ciertamente la salida no puede ser más trumpismo, ni otro “Proyecto 2025”. La dialéctica de la política y de la propia historia sugieren que en algún momento, una postura política extrema genera como respuesta, igual actitud entre sus oponentes. Ya se sabe, en la sociedad cualquier cosa que rompa el consenso, que desconozca los equilibrios, muchas veces endebles, tiene consecuencias que son rupturistas, que empujan a cambios más o menos radicales. Por ello hay quien insiste en ese país, sobre la necesidad de una nueva revolución, como aquella de hace 250.
No se trata de confundir deseos con posibilidades, o aspiraciones con lo que puede pasar. Analistas, pensadores y lideres políticos estadounidenses, han llegado a prever la posibilidad de una guerra civil, por el elevado nivel de polarización política, de acumulación de bronca social, por la sistémica destrucción de mecanismos, que eran al menos en la superficie democráticos y en el que hasta el otro día, mucha gente creía.
Esa es lamentablemente, para el pueblo estadounidense, la situación con que esperan celebrar sus 250 años de independencia. No importa, desde aquí se les manda una felicitación a los estadounidenses por tan memorable fecha, y ojalá, que, a pesar de los pesares, de lo difícil, de tantos imposibles, según la ideología predominante, encuentren la forma de superar todos los males, no importa cómo, en todo caso ese “régimen” tiene que cambiar, con la salvedad que es un problema exclusivo de sus ciudadanos; el resto del mundo lo agradecerá.
Tomado de Cubasí.

