Internacionales

Las paradojas de Marco Rubio 

Por Michel Torres Corona

Para el abyecto Secretario de Estado del imperialismo estadounidense, el infame Marco Rubio, Cuba es la principal amenaza de la “civilización occidental”. En  un remix del antológico “fantasma del comunismo”, Rubio y sus secuaces del Departamento que dirige dentro del gobierno yanqui acusan sin rubor a la Isla de financiar, apoyar, organizar o promover cualquier iniciativa que se coloque a la izquierda de Gengis Khan.  

Para tratar de legitimar el bloqueo genocida que hoy imponen contra Cuba y para justificar una posible agresión militar —una opción que no se descarta en tanto hemos resistido y resistiremos las otras formas de guerra no convencional— no cesan de amontonar excusas ridículas: lo mismo las Panteras Negras que el movimiento Antifa, todo lo que alguna vez haya puesto en tela de juicio o en peligro al statu quo imperial se debe a nuestra “maligna influencia”. En un voluminoso informe, de casi cien páginas, clasificaron a Cuba como “capital del comunismo en el siglo XXI”, título que, por rimbombante que sea, no deja de acariciar nuestro ego de “aldeanos galos”.  

Todo esto se hace y dice, para colmo, en medio de la aprobación e implementación en la Isla de 176 medidas o transformaciones que abren más la economía al capital extranjero y a la iniciativa privada nacional. Como dijera el presidente de la República, nos hemos visto obligado a tomar decisiones que nos acercan más al capitalismo que al comunismo… y lo hemos tenido que hacer porque la asfixia estadounidense no nos deja de otra. Y, sin embargo, en el colmo del cinismo, Rubio y compañía nos acusan de ser más comunistas hoy, más peligrosos hoy que nunca. 

Según esos voceros del imperialismo, Cuba es un Estado fallido, una nación en caos que sencillamente no puede hacer nada bien… en excepto a la hora de controlar, como si fuéramos una superpotencia —o acaso la CIA—, una red internacional de espionaje y terrorismo. O sea, no tenemos un peso pero somos los peores enemigos de los pobres millonarios y pedófilos del club Epstein. ¡Y qué bueno que así sea, podríamos agregar! 

Según el Departamento de Estado somos la más peligrosa amenaza a la que se enfrenta el pobrecito imperio. Lo mismo financiamos guerrillas que dirigimos desde la sombra el movimiento de derechos civiles, o sea, que agentes nuestros pudieron haber sido Malcolm X y Martin Luther King. Lo más simpático: declaran que el hecho más grave es haberle hecho creer a la CIA que tenían agentes dentro de Cuba cuando en realidad trabajaban para la Seguridad del Estado… ¡inconcebible!  

¿Cómo vamos a engañarlos de esa manera? ¿Cómo vamos a defendernos de su espionaje confeso e impúdico? ¿Cómo vamos a tener éxito donde ellos fracasaron?  

Marco Rubio repite una y otra vez que en Cuba dirigen personas incompetentes, que no es el bloqueo recrudecido, la asfixia a la que someten al pueblo cubano, lo que ha empeorado la calidad de vida en nuestro país. No, no es la guerra virulenta que libra la mayor potencia que ha conocido la historia contra un pequeño país en vías de desarrollo que no llega hoy a los diez millones de habitantes, es que no sabemos gobernarnos, necesitamos su tutelaje, su “ayuda desinteresada”.  

Son las paradojas de Rubio, tan mentiroso como su amo Trump: somos una Isla sin orden alguno, pero logramos poner en fila a india a cualquier contrincante del poderoso imperio septentrional; somos unos incompetentes pero podemos penetrar cualquier estructura o institución del gobierno estadounidense; estamos a punto de colapsar, pero eso dijeron en enero y ya estamos en agosto; el socialismo es un fracaso pero tienen que forzar al mundo a que abandone a Cuba y ni así logran que nos rindamos.  

Por muy divertido que sea todo esto, por muy farsescos que resulten esos documentos absurdos que circulan —probablemente hechos con Chat GPT— y que son objeto de burla por cualquier persona mínimamente informada, por muy disparatados y contradictorios que sean sus discursos, los enemigos de la nación cubana siguen apostando a nuestro colapso, y cada día le dan otra vuelta de tuerca al asedio. Pero nosotros sabemos quién es la verdadera amenaza… y sabemos cómo vencerla. Esa es la paradoja de Cuba: todos asumen como segura su derrota, por lo asimétrico del combate, pero aquí estamos todavía.

Fuente: Agencias

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