Cuba

Entrevista a Abel Prieto. La Revolución Cubana, una Revolución Artística y Cultural

Entrevista con Abel Prieto, realizada por Simón Vázquez

«La Revolución  Cubana no fue solo una transformación del orden político-económico del país. Fue también una Revolución  cultural, que precedió la alfabetización e inspiró una gran efervescencia artística e intelectual.»

Como parte de la misión solidaria Rumbo a Cuba, en la que, por primera vez, un barco de la sociedad civil cruzó el océano Atlántico transportando equipos de energía solar para un hospital pediátrico en La Habana, Simón Vázquez, colaborador de Jacobin, visitó a Abel Prieto en la Casa de las Américas. Escritor y ensayista, exministro de Cultura de Cuba y actual presidente de esta institución fundada por la revolucionaria cubana Haydée Santamaría, Prieto ha sido una de las figuras centrales de la política cultural de la Revolución Cubana durante más de tres décadas. Presidió la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), dirigió el Ministerio de Cultura en dos ocasiones y fue asesor de Raúl Castro y lo es hoy de Díaz-Canel.

En esta conversación con Jacobin, Prieto hace balance del legado cultural de la Revolución Cubana, sus errores —desde el caso Padilla hasta la represión antigay de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)— y los desafíos del presente de Cuba: los apagones, la emigración, las redes sociales y la lucha por el significado.

Simón Vázquez

Empecemos por el principio. ¿Cómo describiría la Cuba en la que creció, la Cuba prerrevolucionaria?

Abel Prieto

Recuerde que fuimos colonia de los yanquis durante sesenta años. En 1898, intervinieron en Cuba para arrebatarnos nuestra victoria sobre España, y luego se apoderaron de la isla y la convirtieron en una neocolonia.

Cuba fue el lugar donde el modelo neocolonial hizo su debut: por primera vez, construyeron una falsa república en el país, con dinero, control político y económico. La figura más importante era el embajador de Estados Unidos: la voz del amo. Nuestra burguesía no era propiamente nacional, como en otros países latinoamericanos; era una burguesía obsesionada con el norte. Enviaba a sus hijos a estudiar al norte e intentaba absorber y reproducir toda la cultura chatarra que provenía de allí.

Era una burguesía que despreciaba las raíces africanas de nuestra identidad. Imagínese, intentar comprender a Cuba despreciando el componente africano: es imposible. Consideraban todo el legado espiritual de las raíces africanas de nuestro país, enormemente rico, como obra del diablo. Lo que consumían era la cultura «made in USA». Fue en ese contexto, el del fin de la vieja Cuba colonizada y el nacimiento de una nueva, independiente, revolucionaria, donde me formé.

Simón Vázquez

Ante esa burguesía criolla que despreciaba todo lo africano, ¿qué hizo la Revolución con ese legado?

Abel Prieto

Desde sus inicios, la Revolución dio mucha prioridad al legado cultural y espiritual africano, esencial para comprender este país. El Teatro Nacional contribuyó a que el Conjunto Folclórico Nacional, en términos de prestigio artístico, alcanzara el nivel del ballet clásico: un ballet visto como burgués, blanco y afrancesado, de repente se encontraba al mismo nivel que la danza, el movimiento y la música de los cubanos negros. Antes de la Revolución, el ballet era como un adorno para la familia burguesa: la niña tocando el piano y aprendiendo sus pasos de baile. Por fortuna, teníamos el Ballet Alicia Alonso, sostenido contra viento y marea, sin apoyo oficial alguno, por dos figuras de enorme talento, profundamente antiburgueses, Fernando y Alicia, que pusieron de inmediato su compañía al servicio de la Revolución triunfante, y el Ballet Alicia Alonso se convirtió en el Ballet Nacional de Cuba y recorrió el país, actuó en comunidades campesinas, en las montañas, en todas partes, y dejó de ser una manifestación de minorías. De repente, se convirtió en expresión de una nueva cultura nacional mestiza. Había grandes bailarines mestizos: nuestro propio Carlos Acosta, muchos otros, son estrellas mundiales.

Simón Vázquez

Usted trabajó muy de cerca con Fidel Castro. En el centenario de su nacimiento, su relación con la cultura y la intelectualidad no ha sido el aspecto más comentado de su figura. ¿Qué tipo de relación construyó con los intelectuales cubanos?

Abel Prieto

La relación que Fidel creó con los intelectuales cubanos es única. En 1961, con el discurso «Palabras a los intelectuales», fundó una política cultural sin precedentes en ningún proceso revolucionario. Desde el Cuarto Congreso, se integró plenamente a la UNEAC [la Unión de Escritores y Artistas de Cuba], “se mudó para la UNEAC”, como se suele decir: no faltó a una sola reunión del consejo nacional, ni a un solo congreso, y dedicó muchísimo tiempo a escuchar a la gente y a participar en los debates.

Fidel amaba el debate intelectual. Esa caricatura de Fidel como un dictador que no escuchaba a nadie y que imponía sus criterios es falsa e indefendible. Fidel fue un gran intelectual —aunque quizás no le hubiera gustado que lo llamaran así— que disfrutaba del debate.

Simón Vázquez

¿Y en un terreno tan espinoso como el de la raza?

Abel Prieto

Allí, en la UNEAC, varios actores y actrices negros le plantearon a Fidel que aún existían prejuicios raciales en Cuba. De esa discusión surgió, a mi juicio, el discurso más importante de Fidel sobre la cuestión racial. Explicó cómo, al inicio de la Revolución, él y la dirección revolucionaria creían que al eliminar las barreras institucionales del racismo —acabando con las playas exclusivas para blancos, clubes y colegios para blancos, etc., la parte, digamos, institucional— el problema se resolvería; el racismo desaparecería. Y afirmó que ahora empezaba a comprender que se trataba de un problema cultural, algo más complejo, cuya solución sería más lenta.

A raíz de esas discusiones, comenzó a preguntar sobre el color de piel de los estudiantes de arte, de los instructores de arte, de los trabajadores sociales; promovió deliberadamente una mayor participación de las personas de piel oscura. Che Guevara ya lo había dicho: la universidad debe teñirse de los colores del obrero, del campesino, del negro, del mulato.

Simón Vázquez

¿Cómo logró ese impulso por democratizar la cultura y eludir simultáneamente el realismo socialista soviético y la cultura de masas norteamericana?

Abel Prieto

Fidel era un enemigo de la cultura de élite. Pero al mismo tiempo, a partir de 1961, rechazó el modelo soviético de realismo didáctico y simplificador —ese que convertía el arte en propaganda, hasta que al final no funcionaba ni como propaganda ni como arte— y también rechazó el modelo estadounidense de cultura de masas, la idea de los estereotipos, los “buenos y los malos”, la visión mediocre, maniquea y simplificada del mundo. Fidel se alió con la vanguardia intelectual.

Simón Vázquez

¿Puedes dar un ejemplo concreto?

Abel Prieto

Creó un programa de televisión que llamó Universidad para Todos. El primer curso fue un taller sobre técnicas narrativas impartido por un gran escritor cubano, Eduardo Heras, ya fallecido; un taller para jóvenes escritores que había estado dando para un pequeño grupo. Fidel lo convirtió en algo masivo: lo transmitió por televisión. Cada curso incluía un folleto, un tabloide impreso en papel de periódico, que se vendía por unos centavos en los quioscos, con tiradas de medio millón de ejemplares.

Lo interesante, cuando preguntas cuántas personas aprendieron a escribir narrativa con ese curso, es que no fueron muchas. Pero lo que sí fomentó, de una manera increíble, fue la lectura, porque la gente iba a las bibliotecas, a las librerías, a buscar los libros mencionados en el curso.

Simón Vázquez

Fue una prescripción cultural.

Abel Prieto

Eso también. Ahí reside la clave para escapar de la simplificación, ya sea de corte soviético o estadounidense: poner a la vanguardia en primer plano, aliarse con la vanguardia.

Fidel estaba convencido de que la gente podía prepararse para comprender y disfrutar cualquier tipo de expresión artística o literaria: la clave está en la educación y la cultura. Para él —lo repitió mil veces— sin cultura no hay libertad posible. Es la idea de cultura y emancipación, una idea martiana: José Martí decía que ser culto era el único camino a la libertad. Fidel afirmaba que sin cultura no hay libertad posible, porque uno puede ser manipulado.

Simón Vázquez

¿Ve usted ese mecanismo en acción hoy, con el auge de la Nueva Derecha?

Abel Prieto

Lo estamos viendo hoy, con el auge del fascismo, con estas elecciones en Latinoamérica. En un discurso en la Universidad de La Habana en noviembre de 2005, Fidel analiza lo que él llama el reflejo condicionado. Dice: el imperialismo proclama: «Cuba es mala, el socialismo es malo», y los desdichados de la tierra lo repiten —los que no tienen trabajo, ni educación, ni acceso a la salud pública— coreando: «Cuba, el socialismo, son malos…», y lo hacen sin pensar, sin analizar, por reflejo condicionado.

Eso es lo que sucede hoy con las redes sociales. En ese discurso, en mi opinión, Fidel anticipa el debate sobre las redes sociales, la idea de que la gente deja de analizar, deja de pensar y, en cambio, reacciona a un estímulo con odio, con rabia o con desprecio, por reflejo condicionado.

Simón Vázquez

Fidel habló de los «pobres de derecha».

Abel Prieto

Le preocupaba: que los pobres entregaran su voto a un demagogo porque habían sido manipulados. Es un fenómeno que abunda: se ve en España, en toda Latinoamérica, en Europa, en Estados Unidos. Mucha gente votó por Jair Bolsonaro en Brasil —gente de las favelas, gente humilde, gente por las que jamás un Bolsonaro se preocuparía. Fidel dijo que solo la educación y la cultura podían garantizar la capacidad de pensar por uno mismo, de forma independiente, libre.

Simón Vázquez

Decías que en la cultura también se puede retroceder.

Abel Prieto

Puede haber regresión: no se puede tratar como territorio conquistado. Cuando se creó la Imprenta Nacional de Cuba, Fidel dijo: «No le decimos al pueblo “cree”, le decimos “lee”. No nos interesa formar fanáticos; nos interesa formar personas cultas y libres».

Y este país se convirtió en un país de lectores. Aquí publicamos a Dostoievski en tiradas de veinte mil o cincuenta mil ejemplares, toda la gran literatura rusa; pero también a Pérez Galdós, a Víctor Hugo, la gran literatura de Estados Unidos, desde Mark Twain hasta Gore Vidal.

Hoy la gente lee cada vez menos, en todo el mundo. Hemos retrocedido.

Simón Vázquez

¿Un ejemplo de esa regresión?

Abel Prieto

El béisbol, que forma parte del patrimonio cultural cubano, y hoy los jóvenes están entusiasmados con el fútbol. Este Mundial ha generado un auténtico frenesí entre los más jóvenes. Es lógico que compartan ese atractivo global, porque vivimos en la famosa aldea global. Pero estamos perdiendo algo muy importante. El béisbol es un deporte más lento, que exige comprensión y análisis; y hoy en día la gente carece de capacidad de concentración.

Simón Vázquez

En medio de la crisis, ¿qué papel juegan las redes sociales y la nostalgia por la Cuba de los años 50?

Abel Prieto

Cuba, en los últimos años, ha sufrido una emigración masiva de jóvenes, impulsada principalmente por motivos económicos, por los efectos terribles del bloqueo; pero también por motivos culturales: se han creído el cuento de hadas del reino dorado de la prosperidad en Estados Unidos. Una de las cosas que se hace en las redes sociales es idealizar la Cuba del pasado, la Cuba anterior al siglo XXI. Hay muchísimos videos generados por IA de la Habana de los años 50, la Habana del glamour: un adolescente en medio de un apagón y de todas las carencias del presente, ve de pronto una Habana deslumbrante, glamurosa, llena de luces de neón, de automóviles, rascacielos, Tropicana, las estrellas de Hollywood jugando a la ruleta. Por un lado, está la falta de información —tenemos que enseñar mejor nuestra historia— y, por otro, los nuevos códigos. En medio de la gran ofensiva de idiotización masiva, que está beneficiando al nuevo fascismo, hay para Cuba un proyecto específico de división y subversión.

Simón Vázquez

¿Y alguien está respondiendo con esos mismos códigos?

Abel Prieto

Hay iniciativas muy interesantes que usan reels, esos pequeños videos de un minuto. Vi uno que me gustó mucho que usa una canción de Bad Bunny llamada «Lo que le pasó a Hawái»: la tesis de un niño muy joven, mestizo, es «no queremos que lo que le pasó a Hawái le pase a Cuba». Hay una vía muy prometedora para que los jóvenes se interesen en un tema, abordándolo a través de la música que les gusta. Pero el desafío es enorme: un adolescente cubano está bajo la influencia del teléfono las veinticuatro horas del día.

Simón Vázquez

Volvamos a “Palabras a los intelectuales”. Han pasado sesenta y cinco años desde aquel discurso fundacional de política cultural, que sostenía que la Revolución Cubana no tendría una forma artística específica, como sí la tuvo el realismo socialista, y que clasificaba a los artistas en tres categorías: revolucionarios, contrarrevolucionarios y no revolucionarios. ¿Qué fue lo más importante de aquel discurso?

Abel Prieto

Es un tema que me apasiona. Aquel discurso llega a afirmar que solo podemos renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, incorregiblemente contrarrevolucionarios. Esa palabra es tremenda: “incorregible”. La idea de que un contrarrevolucionario pueda enmendarse, pueda rectificar. Y siempre dice “si es honesto”: la idea de la honestidad, de la ética; que un contrarrevolucionario, honesto, pueda rectificar, que pueda acercarse a la Revolución. Fidel afirma que la Revolución debe tener cabida para un artista no revolucionario y garantizarle un espacio de libertad creativa. Allí estaba, respondiendo a un escritor católico que le preguntaba si tendría libertad para expresar su fe, y Fidel le dijo que sí; que se trataba de abrir un espacio para trabajar por la Revolución, con la Revolución, en libertad. Fidel no esquematiza el arte, no pretende dirigirlo; habla con los creadores. Ese discurso fue un gran golpe contra el dogmatismo. Es una idea muy valiente y radicalmente antidogmática, antisectaria, esa de que la Revolución  debe dar cabida a un artista no revolucionario y garantizarle un espacio de libertad creativa.

«Palabras a los intelectuales» es un llamado a la unidad más generosa y amplia, reconociendo la diversidad y la gran labor cultural que la Revolución tiene por delante. Fidel incluso les dice a los escritores y artistas: queremos que creen para el pueblo; pero sin hacer concesiones en cuanto a la calidad. Porque tenemos que trabajar con el pueblo para que pueda comprender, disfrutar y asimilar su creación, por compleja que parezca. Por eso, a partir de 1971, la traición a «Palabras a los intelectuales» fue tan amarga.

Simón Vázquez

«Palabras a los intelectuales» se presentó como la política cultural de la Revolución, y años después se produjo un giro en la dirección opuesta: el tristemente célebre «quinquenio gris» y su giro censor, el conocido caso Padilla. El caso Padilla fue el episodio que fracturó la relación entre la Revolución Cubana y gran parte de la intelectualidad de izquierda internacional. Heberto Padilla, poeta que había apoyado la Revolución, pero que pasó a criticarla a finales de la década de 1960, vio publicada su colección de poemas Fuera del juego (galardonada por la UNEAC en 1968) con un prólogo que la tachaba de contrarrevolucionaria. En marzo de 1971, fue arrestado y encarcelado durante poco más de un mes, saliendo solo después de leer una humillante autocrítica ante la UNEAC en la que se acusaba a sí mismo y a otros escritores, un gesto que recordó a muchos los juicios farsa de Iósif Stalin en Moscú. La reacción fue inmediata: figuras como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Susan Sontag y Octavio Paz firmaron cartas de protesta, y el episodio abrió una escisión en la izquierda cultural y presagió el endurecimiento del llamado Quinquenio Gris.

Abel Prieto

Con el llamado caso Padilla hicimos el ridículo y lo difundimos por todo el mundo: la autocrítica de Heberto Padilla fue una caricatura de los procesos de Moscú. Fue un gravísimo error, en el que participaron la UNEAC, las autoridades culturales de la época, el Ministerio del Interior. Fue de una ingenuidad patética pensar que la farsa de Padilla en la UNEAC podía ayudar a la Revolución.

Tras el caso Padilla, grandes intelectuales europeos rompieron con Cuba. Creo que Padilla nos engañó y engañó a mucha gente en Cuba y fuera de Cuba. Padilla fue un excelente poeta, y creo que debemos seguir publicando su obra y, al mismo tiempo, dar a conocer lo que realmente sucedió. Jaime Gómez Triana, vicepresidente de la Casa de las Américas, y yo hicimos un libro con mucha información sobre el tema: Fuera (y dentro) del juego: una relectura del “Caso Padilla” 50 años después, que está libre en Internet.

Simón Vázquez

También hubo periodos muy duros, como las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), unidades militares que reunían a creyentes religiosos, pacifistas y homosexuales en campos de trabajo forzado en el sector agrícola.

Abel Prieto

La postura que adoptamos hacia las personas homosexuales tuvo varios momentos erráticos y de represión. Con respecto a las UMAP, tenían un propósito original asociado a la reeducación: existía la creencia de que un homosexual que trabajara la tierra se “virilizaría”, se volvería “un tipo duro” si le dabas una guataca y un machete. Un absurdo. Todo eso coincidió con las corrientes de homofobia generalizada en el mundo. No podemos olvidar aquel caso terrible de Alan Turing, un héroe, que lo querían obligar a inyectarse hormonas masculinas y terminó suicidándose. Pero las UMAP fueron disueltas por la propia Dirección de la Revolución. Por instrucciones de Fidel y Raúl, se llevó a cabo una investigación sobre las UMAP y se desmantelaron rápidamente. Hoy podemos decir con orgullo que nuestro pueblo aprobó, en 2022, en  referendo, el Código de las Familias, que es una ley de auténtica vanguardia: se legaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo, se les da derecho a la adopción de niños, se establece el concepto de “familias”, en plural, frente a la tradicional “familia” rígida y patriarcal. 

Simón Vázquez

Te gusta bromear diciendo que eres un “marxista-lennonista”, en honor a John Lennon, y reivindicas al artista británico como parte del legado de la Revolución.

Abel Prieto

Cada vez que publico en las redes sociales imágenes de Fidel en el monumento a Lennon en La Habana, la gente me ataca con odio, pero me odian aún más cuando intento reivindicar a Lennon como parte del legado de la Revolución Cubana. ¿Lennon, un agente del imperio? ¡Un revolucionario, sin duda! Apoyó todas las causas justas, se opuso a la guerra de Vietnam y a todas las guerras imperiales, devolvió su medalla de Miembro de la Orden del Imperio Británico en protesta contra el genocidio en Vietnam y contra el apoyo vergonzoso de Gran Bretaña al ejército nigeriano durante la atroz matanza de civiles en Biafra. Soñó con un mundo de igualdad y justicia. Ahí está Imagine: un himno. Hoy hubiera estado contra Trump y contra el neofascismo.

Es una locura que, por torpeza, no fuéramos consecuentes en la difusión de lo mejor de la música de Lennon y del rock auténtico; en cambio, hubo una tendencia a huir del inglés, “la lengua del enemigo”. Esa fue la batalla de mi generación en la universidad: pelo largo, collares de semillas… Los barbudos cubanos trajeron eso al siglo XX; los hippies imitaron ese símbolo de rebeldía nuestro, no al revés. ¿Cómo podemos llamar “influencia extranjerizante” a símbolos que nosotros mismos, los cubanos, trajimos al mundo moderno?

Simón Vázquez

En tu perspectiva, hay una idea que se vuelve urgente hoy: que nos enfrentamos a una confrontación entre humanismo y barbarie, tratando de «salvar lo que podamos» de la humanidad.

Abel Prieto

La vida, las personas, el derecho a vivir.

Simón Vázquez

Me gustaría que hablaras de ese sincretismo, de esa construcción del socialismo en el Caribe, que une elementos que en una fase dogmática podrían haber sido vistos como totalmente divergentes.

Abel Prieto

Al comienzo de la Revolución , había cursos de ateísmo científico; Si habías bautizado a tu hijo, no podías unirte al Partido Comunista, ni tampoco si te habías casado por la iglesia: una etapa de búsqueda de una especie de pureza ideológica. Eso cambió. Un punto de inflexión fue la entrevista de Frei Betto con Fidel, Fidel y la religión, que nos transformó a los cubanos y, en un sentido más amplio, cambió la manera en que el movimiento revolucionario en Latinoamérica veía la religión.

Simón Vázquez

¿Y hoy?

Abel Prieto

No es posible abandonar la dimensión espiritual, la religiosidad del ser humano; no es posible dejar al hombre —como dijo Sartre— frente a la muerte, frente al vacío, frente a la nada. Los procesos revolucionarios deben tener esto en cuenta e integrarlo.

La mentalidad de fortaleza sitiada, que a menudo nos ha perjudicado, nunca nos llevó a rechazar la santería cubana, la Regla de Palo Monte, los babalawos, el abakuá ni a los espiritistas. El espiritismo cubano es revolucionario.

Fuente: Jacobin / Foto: ACN

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