Bloqueo de EE.UU impacta fuertemente el acceso a medicamentos esenciales
El corresponsal del periódico Granma en Ciego de Ávila reportó que la red de farmacias y almacenes de esta provincia central enfrenta una situación crítica de desabastecimiento que afecta a más de las tres cuartas partes del cuadro básico nacional de medicamentos, según la dirección del sector en el territorio.
Los datos son contundentes -señaló el reporte-, del cuadro básico nacional, compuesto por 603 medicamentos, la provincia registra un déficit de 306 unidades.
A esta carencia inicial se suman 151 fármacos adicionales que, debido a limitaciones logísticas y de combustible, no pueden ser distribuidos. En total, son 457 los medicamentos que permanecen fuera del alcance de los almacenes avileños.
En la práctica, la red asistencial del territorio opera con apenas el 10 por ciento de ese cuadro básico, lo que significa que solo cuenta con unos 60 fármacos de forma estable.
María Fernández Martínez, directora general de la Empresa Provincial de Farmacias y Ópticas en Ciego de Ávila, en declaraciones a la prensa, descartó que el origen de la crisis esté en la capacidad productiva local. «Cuba cuenta con una industria médico-farmacéutica que calificamos de fuerte», afirmó. Sin embargo, explicó que el verdadero cuello de botella se encuentra en la imposibilidad de importar las materias primas y los materiales de empaque —estuches, blísteres, frascos— necesarios para completar el ciclo de producción.
«Sin esos insumos, ni la fábrica más capaz puede completar el ciclo», subrayó la funcionaria.
La situación afecta de manera directa la capacidad de respuesta del sistema de salud provincial, que debe priorizar recursos y racionar existencias para garantizar el abastecimiento de medicamentos de uso vital. Fuentes del sector hospitalario señalan que se han extremado las medidas de control de inventarios y se ha recurrido a la sustitución de terapias, siempre que la indicación médica lo permita.
Hay faltantes que se miden en vidas: los antibióticos que frenan una sepsis, los antihipertensivos que evitan un ictus, los sedantes que calman la noche de un anciano, los anticonvulsivantes que permiten a un niño ir a la escuela, los cardiológicos que sostienen un corazón frágil: todos están en la larga lista de lo que ya no se consigue.
Entre los medicamentos de tarjeta control, ese grupo de 84 que concentra las terapias más sensibles, la desolación es mayúscula: 47 no están, y los que aparecen lo hacen en cantidades tan reducidas que resultan insuficientes para la demanda real. Un paciente sí, otro no; esa es la cruel ecuación que enfrentan hoy los avileños.
Frente a tanta carencia, la empresa ha puesto sobre la mesa una prioridad que no admite discusión: blindar, contra viento y marea, el Programa Materno Infantil. Las futuras madres —incluyendo a aquellas que enfrentan complicaciones como la hipertensión— y los niños pequeños reciben lo poco que llega, como un acto de justicia en medio de la tormenta. La directora aclara que la escasez no se asume con indiferencia. Lo que hay es una apuesta firme del Estado cubano por no abandonar a quienes más lo necesitan.
Detrás de cada una de las cifras, se alza una misma causa estructural: el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba durante casi siete décadas, y recrudecido dramáticamente en los últimos tiempos.
Esta política es el factor determinante que estrangula a la industria médico-farmacéutica cubana y convierte en papel mojado cualquier esfuerzo local por garantizar el abastecimiento. Es la consecuencia directa y deliberada de un cerco que penaliza con sanciones y amenazas a cualquier empresa o banco que intente comerciar con Cuba, dejando a la población como rehén de una guerra económica que no ha cesado ni un solo día.
Fuente: Periódico Granma.

