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Si cae Brasil, cae toda Sudamérica en la garra imperial

Por Hedelberto López Blanch 

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva ha estado muy claro en comprender la peligrosidad que se cierne sobre su país y probablemente sobre Latinoamérica si Estados Unidos, mediante la ultraderecha brasileña logra ganar las elecciones presidenciales citadas para el 4 de octubre.  

El mandatario reafirmó durante una visita al Centro Industrial Nuclear de Aramar, la importancia de preservar la soberanía nacional como pilar fundamental del país, defendió la cooperación internacional y el fortalecimiento del multilateralismo, en medio de amenazas y tensiones diplomáticas por parte de Estados Unidos. 

En los discursos y escritos en su cuenta X, Lula ha insistido en que «sin soberanía, Brasil no existiría” y que un «país con un tamaño tan grande no puede estar con la cabeza baja durante toda su vida» en referencia directa a los aranceles del 50 % impuesto por Estados Unidos a los productos del gigante sudamericano. 

Al acercarse las elecciones generales en Brasil, el convicto presidente Donald Trump ha reforzado su campaña a favor del candidato ultraderechista Flavio Bolsonaro, a quien recibió en junio en la Casa Blanca y dijo que «fue un placer tener en el Despacho Oval a un joven inteligente» y después adjuntó dos fotos de otra reunión que sostuvo con Flavio el 26 de mayo, encuentro secreto al que no se le había dado publicidad.

Para calzar a Bolsonaro (hijo del exmandatario Jair Bolsonaro (2019-2023), Trump decretó un elevado impuesto a los productos brasileños, con el manifiesto propósito de afectar la economía de Brasil y desalentar el apoyo mayoritario que tiene actualmente Lula dentro de la población. 

En la prolongación de esa campaña, el régimen estadounidense catalogó como organizaciones terroristas a los grupos brasileños PCC y Comando Vermelho, un paso que Bolsonaro solicitó a Trump durante su encuentro y que Lula rechazo por considerar que «podría abrir la puerta a una intervención militar estadounidense” a su país. 

Otra artimaña rechazada por Brasilia fue que se aprobara al designado por Trump como embajador en esa nación, Daniel Pérez, diputado republicano por Florida y cercano al mitómano Marco Rubio. La respuesta fue que eso solo se haría después de las elecciones pues Estados Unidos se había pasado un año y medio sin embajador en el país.  

El gobierno nacionalista de Brasil también enfrenta una fuerte campaña de desinformación en todos los medios de comunicación hegemónicos que tratan de denigrar los avances alcanzados en el gigante sudamericano en los últimos años.  

En aras de garantizar la estabilidad global y fortalecer la posición del país en el escenario internacional, Lula ha adoptado una postura constructiva, lo que fue confirmado en una reciente conversación telefónica con Trump para tratar de limar asperezas.  

Entre los logros de su gobierno se destacan la diversificación de las relaciones comerciales mediante la ampliación de la cooperación con los países del BRICS y de Asia Pacífico; reducir la importancia del dólar en el comercio mundial, así como promover la creación de sistemas de pagos alternativos.  

En cuanto a la economía y la política social, Brasil salió del Mapa del Hambre de la Organización de Naciones Unidas; se experimentó una caída acentuada de la pobreza y la extrema pobreza: 8,7 millones de personas fuera de la pobreza y 3,1 millones se alejaron de la extrema pobreza. 

Para el cierre del año se estima un crecimiento del 2,4 % del Producto Interno Bruto; la tasa de desempleo alcanzó una de las más bajas de la historia con 5,3 %. Asimismo se incrementaron las exportaciones de productos brasileños a diferentes países y se logró la menor inflación registrada en los últimos años con 4,24 %. 

Pero Lula, con una larga historia política y en el manejo presidencial, comprende que en las próximas elecciones no solo estará en juego la independencia de Brasil sino la de  Latinoamérica, en especial de Sudamérica, por las ansias políticas y económicas de Estados Unidos que quiere adueñarse y colonizar toda la región. 

Por eso las últimas declaraciones del presidente brasileño han sido lapidarias al respecto: «Es la soberanía la que nos trajo la libertad y la independencia (…) la soberanía es la autoridad que un pueblo tiene sobre su propio destino, para nosotros es el derecho a construir una sociedad libre, justa y solidaria». 

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