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Sin máscaras: Washington contra el sector privado cubano

La guerra del Gobierno de Estados Unidos es contra todo el pueblo de Cuba

Las nuevas medidas de Washington contra el sector privado cubano, anunciadas el 29 y 30 de septiembre de 2026, no son un ajuste técnico más del bloqueo. Representan un golpe quirúrgico contra el corazón de las reformas que Cuba intenta poner en marcha desde junio, cuando aprobó 176 transformaciones para impulsar su economía en beneficio de la sociedad.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro eliminó la autorización, que desde mayo de 2024 permitía a bancos bajo jurisdicción estadounidense, abrir y mantener cuentas a nombre de emprendedores privados cubanos.

Esas cuentas deberán ser bloqueadas de inmediato y sus fondos reportados a la OFAC; los titulares necesitarán una licencia específica para recuperar su dinero.

También se prohibieron las transacciones U-Turn, que permitían a bancos estadounidenses procesar pagos en dólares relacionados con Cuba, cuando el origen y el destino estaban fuera de EE. UU.

Se eliminaron los viajes educativos «pueblo a pueblo» y se prohibió organizar o asistir a conferencias profesionales en la Isla, además se prohibieron las operaciones indirectas con entidades cubanas incluidas en la lista unilateral del Departamento de Estado.

LA CONTRADICCIÓN QUE DESNUDA LA MEDIDA

Durante años, funcionarios estadounidenses sostuvieron que las sanciones eran contra «el Gobierno cubano», no contra el pueblo ni contra el sector privado.

La actual administración, en febrero de 2026, autorizó la venta de petróleo a empresas privadas cubanas, como parte de una estrategia que parecía distinguir entre sector estatal y sector privado.

Ahora, esas mismas autoridades ordenan bloquear las cuentas de esos emprendedores y les cierran el acceso al sistema financiero internacional.

El Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, fue más lejos: las medidas «le quitan las máscaras a quienes dicen que solo son contra el Gobierno cubano y sus empresas», y añadió: «Esas acciones contra el sector privado cubano demuestran claramente que su única intención es provocar el máximo sufrimiento a nuestro pueblo y limitar la puesta en marcha de las transformaciones económicas y sociales».

Mientras que el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, formuló con precisión: se ataca de forma abierta al sector privado, «ese que algunos funcionarios estadounidenses dicen que quieren ayudar a su desarrollo».

La pregunta que queda flotando es incómoda: si el Secretario de Estado, Marco Rubio, dijo recientemente que «Cuba ya ha caído», ¿por qué necesita aplicar medidas adicionales contra un país que, según él, ya está en el suelo?

El propio Rodríguez Parrilla lo respondió con ironía: «Hace menos de 24 horas, el Secretario de Estado dijo que “Cuba ya ha caído”, y resulta que ahora necesita aplicar medidas adicionales».

EL IMPACTO REAL SOBRE LOS EMPRENDEDORES

El sector privado cubano, las mipymes, los trabajadores por cuenta propia, los pequeños negocios que han florecido en los últimos años, quedan en una posición difícil, sin acceso a bancos estadounidenses, ni a transacciones en dólares que pasen por el sistema financiero de EE. UU.

La paradoja es brutal: se les castiga en un momento en que el propio Gobierno cubano ha flexibilizado las restricciones para que ese sector crezca.

Este contexto agrava todo, hay algo profundamente revelador en esta secuencia, un poder que proclama que el adversario «ya ha caído», no necesita golpear de más.

Simone Weil sostuvo que la fuerza, cuando pierde la noción de límite, termina por convertirse en su propia justificación: ya no requiere razones, solo requiere ejercerse.

En La gravedad y la gracia, y en sus cuadernos de Marsella, Weil insistió en que la fuerza sin límite corrompe a quien la ejerce, porque disuelve la idea misma de necesidad y de justicia. Estas medidas parecen operar en esa lógica.

Por su parte, Hannah Arendt advirtió que la violencia instrumental, cuando pierde su objetivo, se vuelve violencia pura, destructiva por sí misma.

No hay violencia física, pero hay algo análogo en las sanciones que buscan un cambio de compor-tamiento, que utilizan el sufrimiento para lograr un objetivo.

La literatura y la filosofía sirven aquí. no para decorar, sino para recordarnos que las grandes categorías –poder, soberanía, dignidad, sufrimiento–, tienen nombres concretos cuando se las mira de cerca, el nombre, esta vez, es el de un emprendedor cubano, como parte de un pueblo al que se le castiga por querer ser libre y digno.

Con o sin cuentas bancarias, con o sin transacciones en dólares, el sector privado enfrenta el reto de la supervivencia, ya no hay máscaras, no hay promesas huecas, no hay confusión posible (si alguien las tenía), la guerra es contra el pueblo cubano.

Tomado de periódico Granma / Foto: Caricatura de Moro.

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