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Un horrendo crimen, el pueblo enérgico y la injusticia tiembla (V)

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Las autoridades cubanas fueron pioneras en darle seguridad al flujo aéreo en la región caribeña y América Latina, precursoras de la firma de acuerdos para proteger el libre movimiento de aviones civiles. Cuando la cooperación y colaboración en materia de enfrentar la piratería y al terrorismo era una novedad en el área, Cuba tomó iniciativas para alcanzar acuerdos firmes y duraderos para detener la actividad delictiva internacional en la región.

Este gesto responsable de Cuba, fue valorado por la CIA, en uno de sus informes periódicos al acotar, que la firma había sido lo más destacado en materia de cooperación contra el terrorismo y la piratería aérea en el Caribe entre 1970 y 1976. En 1973, se firmó acuerdos con Canadá, Estados Unidos, Venezuela y México. El 15 de febrero con Canadá y Estados Unidos; 6 de junio con Venezuela y ese mismo día con México. 

Este acuerdo con los Estados Unidos no sobrevivió, debido a la actitud indolente y cómplice de las autoridades norteamericanas hacia los terroristas anticubanos radicados en su territorio y ejecutores de decenas de actos y planes de terror contra intereses y ciudadanos de Cuba, en particular por el vil derribo del avión civil cubano. El 15 de abril de 1977, quedó derogado. El 6 de junio de 1976, meses antes del derribo, el líder cubano Fidel Castro, alertó sobre la posibilidad de que el acuerdo quedara sin efecto, si las autoridades estadounidenses seguían tolerando el accionar terrorista. El segundo párrafo del acuerdo firmado decía: Cada parte procederá con miras a castigar severamente conforme a sus leyes a toda persona que de ahora en adelante, dentro del territorio de esta parte conspire para promover, promueva, prepare o dirija o forme parte de una expedición que desde su territorio o cualquier otro lugar, realice tales actos u otros igualmente ilegales en el territorio de la otra parte.

Esto fue antes, durante y después de anulado el acuerdo bilateral, letra muerta para las agencias norteamericanas. El 22 de julio de 1974, se firmó con Colombia, un acuerdo similar. Seis años después, se produce durante el último año de la administración del presidente James Carter, el llamado éxodo del Mariel, que llevó a las costas de la Florida a más de ciento veinte mil cubanos, que por un prolongado puente marítimo, desearon emigrar en busca de supuestos nuevos y mejores horizontes, sin embargo la realidad se impuso a la imaginación y muchos de los emigrantes decidieron regresar con el empleo de los más variados métodos, muchos de ellos altamente peligrosos, como las intervenciones ilícitas, flagelo que fue resuelto por las autoridades cubanas de manera decisiva.

El derribar aviones en pleno vuelo fue un objetivo largamente elaborado y probado por Orlando Bosch y sus sicarios, en la década de los 70. El asesino buscaba realizar un acto de terror, que tuviera trascendencia, que no se pudiera minimizar, que llamara la atención hacia sus propósitos de derrocar por la vía del crimen la Revolución, era una paradoja para un médico pediatra convertido en un asesino de la peor especie.

Él decía recordar cómo en la ciudad cubana de Santa Clara, donde ejerció como médico pediatra, había colocado una bomba en una zapatería local y los zapatos volaban por el aire, como resultado del efecto del explosivo, aunque satisfecho admitía que esas pequeñas acciones, no eran suficientes, eran necesarios actos de mayor envergadura. El fallecido Bosch fue un fanático, extremista, que rayó en lo patológico, lo que se demuestra a partir de su hoja de vida y actuación criminal, aparecen rasgos marcados de erostratismo, concebido como la búsqueda de la fama y la celebridad a través de actos delictivos. Una elevada necesidad de reconocimiento derivada de su frustrado liderazgo en Cuba. Así lo manifestó cuando detonó más de ochenta bombas dentro de los Estados Unidos en dos años; su notoria tendencia al magnicidio de Fidel Castro y la obsesión de derribar aviones en pleno vuelo. Es –como dijeran las autoridades norteamericanas que evaluaron su admisión a los Estados Unidos–, un criminal que emplea la violencia en su acción homicida para la búsqueda de gloria y notoriedad, su finalidad es convertirse en un personaje mítico, aunque para ello deba involucrar y victimizar a personas ajenas a sus planes perversos. Esos sueños sombríos lo acompañaron cuando en 1968, fundó Poder Cubano e hizo detonar ochenta bombas en un año en varias ciudades norteamericanas, los perfiló mientras estuvo en prisión en la cárcel de Marion, Illinois, después cuando pactó durante el gobierno de Richard Nixon, para salir en libertad en 1972 y finalmente escapar para ponerlos en marcha y hacerlos realidad.

El documento secreto del FBI, desclasificado y fechado 1 de noviembre de 1976, donde se analizan los antecedentes del sabotaje al avión cubano en Barbados, se expresa que Acción Cubana, organización fundada por Bosch en 1972, intentó un ataque con bombas a la aerolínea Bahamas Air en el aeropuerto internacional de Miami el 27 de septiembre de 1975. Como se conoce Acción Cubana, fue el nombre adoptado por Orlando Bosch, cuando se fugó de los Estados Unidos, para operar en América Latina, después mutó a CORU, en junio de 1976. 79 El 30 de noviembre de 1975, una noticia terrorífica apareció en el semanario Última Hora, de Nueva York, donde fue divulgado un comunicado bajo el seudónimo de Ernesto de una organización denominada Poder Cubano-76, el texto se adjudicaba haber colocado dos bombas de tiempo en un avión de la línea aérea Bahamas Air, que regresaba de Nassau a los Estados Unidos. Por suerte los artefactos de muerte fueron encontrados y desactivados minutos antes de que la nave fuese abordada por sesenta y dos vacacionistas que se disponían a regresar a Miami, en su mayoría ciudadanos norteamericanos. Funcionarios de la aerolínea confirmaron que los explosivos habían sido dispuestos de modo que explotaran en el momento en que el avión estuviese en pleno vuelo. Según Ernesto, la acción era en protesta contra el gobierno de Bahamas por la suspensión del permiso a los pescadores cubanos de la Florida, dedicados a la pesca de langostas.

 La motivación manifiesta, demuestra la demencia de los terroristas. Bosch le había confiado a otro terrorista, Gaspar Jiménez Escobado, su plan y expresaba, que sería el detonante que impediría silenciar su lucha para derrocar el gobierno cubano, haría temblar, según él, las estructuras y acapararía la atención pública mundial. Igualmente anularía o por lo menos frenaría cualquier entendimiento entre Estados Unidos y Cuba. Bosch, argumentaba, que un hecho de tal magnitud aterrorizaría a las autoridades de los países de América Latina, que como resultado del acuerdo de la OEA, adoptado en junio de 1975, podrían estar en libertad de decidir unilateralmente el restablecer o no relaciones con La Habana, había que mantener el aislamiento del régimen cubano, estimaba el terrorista.

En entrevista del autor con el integrante de la fuerza invasora derrotada en Playa Girón, Carlos Rivero Collado, este dijo que era de dominio público en Miami, que Ernesto era el nombre empleado por Orlando Bosch en su accionar terrorista y era obvio que Poder Cubano-76, era una versión actualizada de la banda que bajo su conducción, asoló con hechos de terror varios estados norteamericanos. 80 Rivero, no concebía entonces que los anticubanos, fuesen capaces de urdir semejante plan, se resistía a creerlo, discutimos con pasión, cada uno de los argumentos, colocados en extremos opuestos del debate, casi un año después con lágrimas en los ojos Carlos, me dio la razón. Era el 6 de octubre de 1976. Recuerdo, que me dijo en una ocasión: “Conozco la entraña criminal e irresponsable de los terroristas radicados en Estados Unidos, pero me cuesta trabajo creer que hayan llegado al extremo de hacer estallar aviones en el aire”. En enero de 1977, nos volvimos a encontrar y retomamos el tema. Para esa fecha el terrorismo en Miami, era más que un dolor de cabeza para las autoridades, se había perdido el equilibrio, el control, los terroristas eran delincuentes comunes, que empleaban lo aprendido de la CIA, para extorsionar, asesinar adversarios, pugnar por espacios dentro de la mafia local, reinaba el caos. Carlos, se estaba inclinando a darme la razón.

El terrible acto de terror marcó el matiz asesino de sus autores, se disiparon las dudas posibles de hasta dónde podían llegar en sus planes, no estaban en lado equivocado de la historia, eran psicópatas de la peor relea. El terrorismo anticubano fue sacudido en sus raíces, marco su futuro de manera definitiva, aún el pueblo cubano tendría que llorar a otras víctimas y exigir que la injusticia timbrara.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

 

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