Un imprevisible orate tiene en vilo a la población mundial
Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
El próximo catorce de junio, el incorregible aurígero llegará a sus ochenta años, con decenas de enfermedades físicas y mentales en desarrollo, que lo hacen más letal. Las elites de Nueva York, siempre lo han preterido por vulgar, insolente y arrogante, entre otras degeneraciones, allí en su barrio de Queens, el hijo de inmigrantes, nació en 1946.
En el año 2019, se hizo una disección de tu trastornada personalidad, han pasado siete años y sus rasgos se han acentuado y sumado a sus preferencias pedófilas, resultado de trastornos de su infancia no resueltos.
En mítines electorales el laqueado externo su insania, el mundo está en shock y pocos todavía entienden los resultados de las pasadas elecciones, que lo llevaron a la presidencia en una nueva temporada de violencia a pesar de ser una persona mezquina y horrible, entre otras raras malignidades.
Su necesidad de trascender evidencia su innato rasgo narcisista muy marcado. Lo que caracteriza a las personas narcisistas es que necesitan ser admiradas, tener poder y ejercerlo, someter, tener a su lado figuras sumisas, manipulables, ahora su última adquisición es Marco Rubio, su otrora agrio crítico y ahora adulador.
En este sentido, frecuentemente se rodean de formas estéticas que, por amplio consenso, se consideran deseables o admirables: alguien narcisista no mostrará una estética que no sepa que va a ser vista con buenos ojos por parte de la mayoría «relevante». En la personalidad de Donald Trump esta tendencia hacia el narcisismo se plasma en su ostentación de la riqueza y sus ganas de buscar admiración. Todas sus vastas propiedades llevan su apellido como identificación.
Tanto la Torre Dorada que lleva su huella como su libro Cómo hacerse rico, por ejemplo, muestran esta voluntad de posicionarse como una figura a admirar, la añade su comportamiento gestual, ademanes y muecas, que invocan gratificación. Además, con su afán de no ser ignorado Donald Trump está donde quería estar: intentando dominar el mundo.
El narcisismo está muy relacionado con otra inclinación de la personalidad del barnizado, su megalomanía, la creencia de que uno mismo tiene mucha importancia sobre lo que ocurre en su entorno y que se tiene el poder y el derecho de cambiar la vida de los demás tal y como uno quiere.
En el caso del administrador actual de Estados Unidos, esta parte de su personalidad basada en ideas de grandeza se revela en la falta de humildad con la que ha tratado a sus rivales políticos, a pesar de que ellos tuviesen más experiencia en política y, por lo tanto, mayor capacidad para crear pautas de acción políticas eficaces.
El titulado “becerro de oro”, piensa que el mundo gira en torno a él, es un “showman”, y muestra una imagen exhibicionista, que amenaza sin distingo de país, está por encima del bien y del mal y su discurso corrosivo puede llegar a ser perturbador. Se proyecta dominador, pretende gobernar a distancia a Venezuela, le quiere privar la posibilidad de ser libre y soberana y emplea el chantaje del terrorismo de Estado para inmovilizarla.
Sus lances bravucones contra Cuba, están decididos a borrar una nación, una cultura y una ideología, a cualquier costo humano, a un pueblo que él ha evaluado de duro y presionado hasta el límite posible.
Se eleva por encima de su Congreso al que calificó de estúpido por tratar de frenar su insubordinación agresiva, de atacar por doquier sin consulta previa. También ignora a la ONU y sale de sus organizaciones por estar en contra de sus intereses, sin importar el aislamiento de su propiedad-país.
El ambarino está donde está porque es un gran manipulador. El magnate norteamericano recibió muchos votos gracias a su discurso ambiguo y basado en ideas poco definidas, ideales para hacer que su significado cambie con el paso del tiempo de acuerdo a una lógica oportunista. Esta estrategia de discurso, impregnado del llamado populismo, incongruente con la persecución a los inmigrantes, aunque le sirvió para ganar votos de gente que históricamente se había sentido ignorada por los políticos y que ahora la decepción los invade, por la retórica falsa del cerúleo.
En definitiva, su charlatanería fue la indicada para manipular a las personas apelando a grandes pasiones e ideas fáciles de entender por su arraigo cultural en la sociedad occidental: el miedo a la invasión de otras poblaciones, la necesidad de reagruparse y defenderse. Se ha beneficiado de la crisis capitalista porque ha sabido hacer pasar su defensa de ideales vagos y desdibujados por una defensa de pilares consistentes de seguridad y bienestar. Su lema nacionalista de hacer grande a América, ha calado en sectores racistas.
Lo que realmente le causa estupor a la opinión pública es que esté de vuelta y en un año ha ejecutado decenas de declaraciones y acciones racistas. Una de sus propuestas retomada es construir un muro que separe México de Estados Unidos, lo cual revela su manera de pensar segregadora y excluyente, incluso ha amenazado a ese país y difamado al declarar que es gobernado por los carteles de las drogas.
En sus discursos, no han dejado de sonar declaraciones xenófobas, no solo contra los mexicanos sino también contra cualquier comunidad, lo cual confirma que el teñido tiende a categorizar a las personas en la frontera entre «los suyos» y «los demás». En este caso, su grupo de referencia está relacionado con la idea de ciudadano estadounidense blanco y protestante.
Es además marcadamente autoritario, es su forma de ser y actuar por encima de todos, una clara manifestación de autoritarismo, es la persecución contra medios y periodistas, que han osado desafiarlo, como al mexicano Jorge Ramos, muy crítico con su política antiinmigración.
Se cree único y critica constantemente, así quiere demostrar que es poderoso y que es mejor que los demás. Este es otro de los rasgos característicos de las personas narcisistas: su facilidad de encasillar a los demás en roles de sumisión.
En reiteradas ocasiones ha tratado a la gente con desprecio no por sus ideas, sino por su «condición innata». Sus muestras de machismo son un ejemplo de ello, ya que muestran hasta qué punto cree que tiene razón sobre ellas por el simple hecho de ser un hombre, se registran casos de delitos contra mujeres, acoso, abusos sexuales y su entusiasta participación en jornadas de disfrute infantil.
Sus comentarios sexistas, se recuerda aún con indignación su trato hacia Alicia Machado, la elegida Miss Mundo en 1996, de origen venezolano. Según ésta: “Viví momentos muy humillantes. Es un hombre déspota, frío y calculador. Tiene muy poca consideración hacia la gente que él cree es inferior». Más reciente se recuerda el desprecio hacia la condición de mujer de Hillary Clinton para adoptar un rol dominante e incluso paternalista ante ella cuando fue su rival político.
Algo que caracteriza también a las personas narcisistas es su constante necesidad de admiración. En el caso del pintado, esto se revela en varias de sus apariciones públicas en las que busca captar el protagonismo con un lenguaje no verbal expansivo e incluso fuera de lugar. Siempre quiere que los demás admiren. Esto le hace sentir especial y único.
Ha declarado, que no necesita ser admitido como empático. Al escucharlo se percatas de que no es una persona empática. De hecho, basa sus ideas en prejuicios y estereotipos, por eso ataca y menosprecia a distintos colectivos y minorías.
El encerado es claramente una persona extravertida, disfruta cuando está rodeado de otras personas, que lo miman y adulan y le gusta expresarse en eventos públicos. Para el psicólogo Dan P. McAdams, él presenta dos rasgos de personalidad muy marcados. Extraversión alta y baja amabilidad, y por tanto, tiende a ser insensible, grosero, arrogante y carente de empatía.
Una de las raras virtudes, que a sus casi ochenta años ha incrementado es las ansias de grandeza y poder, disfruta, que le teman y sentirse emisor de miedo. Considera que ser presidente de Estados Unidos significa tener el mundo prácticamente bajo tu control, al marcar la agenda de la geopolítica y ser capaz de desestabilizar otros países, ejemplos recientes en Honduras, Venezuela, Nigeria, Sudán, Yemen, Irán, Palestina y Cuba, a la cual aspira a barrerla de la llave del golfo, que para colmo le ha cambiado el nombre. La imprevisibilidad de Donald Trump tiene en vilo a la población mundial.
Estos son algunos rasgos demostrados del Conquistador Naranja, en los umbrales de sus ochenta años.
(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

