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El secuestro de Maduro, un crimen de guerra por el petróleo

La madrugada del 3 de enero marcó un punto de quiebre en la historia reciente de Venezuela. Lo que Washington intenta presentar como una “captura” fue, en realidad, un secuestro ilegal del presidente Nicolás Maduro, ejecutado con una violencia que dejó más 100 personas asesinadas. Así lo afirma la politóloga e internacionalista Carolina Escarrá, en una entrevista exclusiva con En Cualquier Lugar – Alma Plus TV, donde desmonta la narrativa oficial de Estados Unidos.

Un crimen, no una captura: Maduro como prisionero de guerra

Escarrá es categórica: no existe marco legal internacional que respalde la extracción forzada de un presidente en funciones. “Tú no matas a 100 personas en una operación policial”, subraya, desmontando el argumento de una supuesta acción judicial.

La magnitud de la operación —ejecutada por fuerzas militares extranjeras en territorio venezolano— encaja, según explica, en la figura de secuestro, tipificado como delito internacional. De allí que Maduro se asuma como prisionero de guerra, amparado por la Tercera Convención de Ginebra, al ser jefe de Estado y comandante en jefe de la Fuerza Armada.

  • Incursión militar extranjera en Caracas
  • Más de 100 muertos y un similiar número de heridos reconocidos oficialmente
  • Violación directa del derecho internacional humanitario
El botín: por qué Venezuela es el objetivo

Para Escarrá, el trasfondo es claro y antiguo: el control del petróleo. Desde el decreto Obama en 2015 y las sanciones directas a la estatal petrolora venezolana (PDVSA) en 2017, Washington ha intentado asfixiar la principal fuente de ingresos del país.

La historia reciente lo confirma:

  • Golpe de Estado de 2002
  • Paro petrolero para colapsar la economía
  • Robo de activos como Citgo y el oro en el exterior

“El petróleo es el único negocio transnacional legal que no controlan”, afirma Escarrá, recordando que desde la reactivación soberana de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) impulsada en su momento por Hugo Chávez, Venezuela dejó de ser una colonia energética.

El manual del golpe perfecto: oposición financiada y narrativa importada

La operación no se explica sin su brazo político interno. Escarrá señala a una oposición financiada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Fondo Nacional para la Democracia (NED), con figuras como María Corina Machado y el ya colapsado experimento de Juan Guaidó.

Desde el intento de crear un poder electoral paralelo con la fundación Súmate hasta la entrega abierta de recursos estratégicos, el libreto ha sido siempre el mismo:

  • Deslegitimar al gobierno constitucional
  • Fabricar un “vacío de poder”
  • Justificar sanciones e intervención extranjera

El problema, admite incluso Donald Trump, es que ese sector no tiene respaldo popular dentro de Venezuela, lo que obliga a escalar la agresión por vías militares y mediáticas.

Resistencia y nuevo mapa mundial: Venezuela en la disputa global

Tras el secuestro, las instituciones venezolanas activaron una respuesta constitucional. La Sala Constitucional del TSJ juramentó a Delcy Rodríguez como presidenta encargada, con respaldo del alto mando militar y los poderes públicos.

Escarrá enmarca el conflicto en una disputa mayor: el choque entre el viejo orden unipolar liderado por EEUU y el surgimiento de nuevos polos como los BRICS, que ya construyen sistemas financieros alternativos al SWIFT.

“Venezuela está en el epicentro del mercado energético mundial”, advierte, y por eso la resistencia no es solo nacional, sino parte de una batalla global. El llamado final es claro: unidad cívico-militar, movilización popular y solidaridad internacional para estar, sin ambigüedades, del lado correcto de la historia.

Tomado de Alma Plus TV

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