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Davos, el Gran Dictador y los pingüinos de Groenlandia

Por Raúl Antonio Capote.

En el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó, sin empaque, ante todo el mundo, que era un dictador, nada más y nada menos que del sentido común. A confesión de partes…

«Me dicen dictador. Está bien. A veces se necesita un dictador. Yo soy un dictador del sentido común», dijo.

No se trató de uno de sus habituales chistes de mal gusto. EE. UU., durante décadas, se presentó ante la humanidad como garante de la democracia liberal, pero la frase del mandatario en Davos significó una ruptura del discurso, el fin de la simulación.

En su disertación en el Foro Económico Mundial, con tono de perdonavidas, Trump no dejó país sin amenazar ni doblez que empoderar, recorrió todos los rescoldos de sus habituales diatribas, en una exhibición de gestos típica de un mal actor de filmes silentes.

Al referirse a Groenlandia –como «un pedazo de hielo»–, pareció confundirla con Islandia, una nación insular nórdica. ¿Cómo pueden sorprendernos personas que creen que hay pingüinos en Groenlandia?

Utilizando un estilo cercano al Darth Vader de la Guerra de las Galaxias, se comprometió a no utilizar la fuerza para apoderarse de Groenlandia, lo que generó cierto alivio; pero el tono burlón de su intervención, cuando se refirió a la preocupación de los líderes europeos por la salud de la otan, les dejó con una desazón mal disimulada.

En Davos, Trump reiteró afirmaciones falsas verificadas por varios diarios occidentales, entre ellos, Deutsche Welle. Dijo, por ejemplo, que China «no tiene parques eólicos», cuando, en realidad, el gigante asiático genera el 40 % de la energía eólica mundial, con 521 gigavatios en 2024. Parece que el «amo del mundo» pretende romper el propio récord de mentiras establecido durante su primera administración.

Estas declaraciones reflejan una política exterior basada en mitos, resentimiento y desprecio hacia el resto de la humanidad. Ni Suiza se salvó: «Solo son buenos gracias a nosotros», dijo Trump.

TRESCIENTOS SESENTA Y CINCO DÍAS CON TRUMP

Tras su regreso a la Casa Blanca, la presidencia de Donald J. Trump se ha consolidado como una administración marcada por políticas migratorias extremas y racistas, la expansión del déficit fiscal, el crecimiento económico desigual y una dirección unilateralista en política exterior, confirmada por su controvertido discurso en el Foro Económico Mundial en Davos.

Como el famoso personaje de El Gran Dictador, interpretado por Charles Chaplin, Trump juega con el globo terráqueo como si fuera de su entera propiedad, secuestra presidentes, bombardea naciones, amenaza, sanciona y coloca a la humanidad al borde del apocalipsis nuclear, mientras se atribuye el rol de pacificador.

Con decenas de frentes abiertos, lo mismo dice que quiere apoderarse del Canal de Panamá, que convertir a Canadá en el estado 51, apoderarse de Groenlandia, destruir a Cuba, bombardear a Irán, mientras hace de gran pacificador en Europa, tratando de salvar a sus aliados de la derrota en Ucrania.

Su administración ha reactivado y ampliado las políticas migratorias de «tolerancia cero» de su primer mandato. Según informes de Human Rights Watch, ACLU y agencias de la ONU, más de 1 200 niños fueron separados de sus familias en 2025.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ice), ahora dirigido por figuras cercanas a Trump, como Tom Homan y Kash Patel, ha operado redadas sin restricciones en escuelas, iglesias y hospitales, tras la derogación de las llamadas «zonas sensibles».

Denuncias de negligencia médica, hacinamiento y muertes evitables en centros de detención han provocado tres demandas federales colectivas. La ONU ha advertido que estas prácticas podrían constituir «crímenes contra la humanidad».

Una encuesta, realizada entre el 16 y el 20 de enero, evaluó la percepción pública sobre 17 temas claves de la agenda de Trump. El punto que genera mayor descontento es el costo de la vida. Un 70 % de los encuestados desaprueba la gestión presidencial.

Le siguen, en orden de rechazo, la polémica en torno a los documentos del caso Jeffrey Epstein, el costo de la salud, y las declaraciones sobre una posible anexión de Groenlandia.

Por otro lado, un 93 % de los simpatizantes del movimiento maga aprueban la gestión, mientras esa cifra cae al 63 % entre republicanos no alineados con maga. Entre los votantes independientes, la aprobación se reduce al 18 %, y entre los demócratas apenas alcanza el 6 %.

Por otro lado, el PIB creció un 3,1 % en 2025, impulsado por el gasto militar (+22 %) y la expansión de la industria de combustibles fósiles; mientras el desempleo se mantiene en 3,4 %, los salarios reales están estancados y la participación laboral no se recupera.

Sin duda, el costo de frenar la caída es alto: la deuda federal superó los 39,2 billones de dólares (128 % del PIB), con un déficit presupuestario récord. El servicio de la deuda ya consume 1,3 billones anuales, más que el gasto en defensa. Cuando asumió, el 20 de enero de 2025, la deuda era de 36 376 200 000 000 dólares.

Los recortes fiscales aprobados en marzo de 2025 beneficiaron al 1 % más rico, mientras la inflación se mantuvo en 4,7 %, alimentada por aranceles masivos y escasez de mano de obra en sectores claves.

El Presidente «pacifista», en lo que va de su actual gestión, bombardeó Irán, agredió Venezuela y secuestró a su Presidente, y apoyó con armas y asesores a los asesinos del ente sionista de Israel.

Dentro de su propio país, miles de migrantes sufren el atropello de sus más elementales derechos humanos. Torturas, desapariciones y muertes son reportadas por agencias. Solo en Minneapolis, envuelta en protestas contra la política migratoria de la Casa Blanca, recientemente dos personas fueron asesinadas por el ice.

Durante el año, miles se manifestaron en diferentes ciudades de Estados Unidos en contra de las políticas autoritarias y antinmigrantes de Donald Trump.

El segundo mandato del magnate muestra un patrón claro: prioridad al poder ejecutivo, lealtad personal sobre instituciones y rechazo a todas las normas internacionales; la paz mediante la fuerza bruta, la coerción y el caos global, con crecientes tensiones sociales. Así las cosas, la sostenibilidad del modelo imperialista estadounidense está en entredicho.

Tomado de Granma / Imagen de portada: Caricatura de Moto.

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