El mensaje martiano de Fidel Castro. Por Gustavo Robreño Dolz
Estamos en el Año del Centenario del natalicio de Fidel Castro y es inevitable asociarlo con las ideas y la figura de José Martí, por cuanto es nuestro primer martiano,- en palabras y acción,- y llevó y desarrolló el pensamiento del Apóstol hasta planos y límites insospechados e introdujo las interpretaciones más claras, transparentes y novedosas.
Desde su autodefensa en “La Historia me Absolverá”, cuando proclamó a Martí como autor intelectual del asalto al cuartel Moncada, hasta el 1º de mayo del 2000 en que emitió ante el pueblo el Concepto de Revolución, que recoge y sintetiza los principios políticos y éticos de la Revolución Cubana.
Esos principios armonizan, contienen y actúan en el mundo contemporáneo y son las ideas fundamentales de los grandes ideólogos, pensadores y conductores que fueron Martí, Marx, Lenin y el propio Fidel.
Numerosos y variados fueron los que podemos llamar “mensajes martianos” de Fidel, a lo largo de su profusa vida como intérprete y protagonista del ideario del más universal de los cubanos.
Uno de los más trascendentales y profundos fue pronunciado el 29 de enero de 2003 en La Habana, en la clausura de la Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo, en ocasión del 150 aniversario del natalicio de nuestro Héroe Nacional.
¡Sembrar ideas y sembrar conciencia! fue su llamamiento final de esta pieza oratoria que aún hoy resuena y predica; “A riesgo de cansarlos me permito repetir y reiterar: frente a las armas sofisticadas y destructoras con que quieren amedrentarnos y someternos a un orden económico y social mundial injusto, irracional e insostenible: ¡sembrar ideas!, ¡sembrar ideas!, ¡sembrar ideas!, y ¡sembrar conciencia!, ¡sembrar conciencia! y ¡sembrar conciencia!”
El inicio de este mensaje martiano fue conmovedor e ilustrativo y pasará a la historia como una definición insustituible y eterna. Dijo así: ”¿Qué significa Martí para los cubanos?”
Y a continuación respondió: “En un documento denominado El Presidio Político en Cuba, Martí, cuando apenas tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies afirmó: Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno”
Para nosotros los cubanos, ‘afirmó Fidel, -Martí es la idea del Bien que el describió.
“Los que reanudamos el 26 de <Julio de 1953 la lucha por la independencia, iniciada el 10 de octubre de 1868 precisamente cuando se cumplían cien años del nacimiento de Martí, de él habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede concebirse siquiera una revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto del honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado”.
El 28 de enero de 2008, cinco años después, el líder eterno de la Revolución Cubana suscribió otro mensaje diciendo: “En horas de la noche del 28 de enero de ese año 2003 les hablé. Por obra del azar o de muchos azares. se repetía lo mismo de 1953, aunque de forma significativamente diferente; en aquella había que honrar su memoria liberando a la Patria del yugo imperialista; en esta porque se hizo necesario combatir en el terreno de las ideas las amenazas para la humanidad…”
Veintitrés años después, todas las formulaciones de aquella noche están vigentes y actuantes.
Tomado de REDH-CUBA

