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El ambarino no cree en lagrimas

José Luis Méndez Méndez

Especial para Resumen Latinoamericano

Han transcurrido apenas un poco más cuarenta días desde el zarpazo imperial contra el hermano pueblo de Venezuela, aún no se ha terminado de contabilizar las pérdidas en vidas ni los daños materiales se han restañado, faltan las cifras oficiales finales, más allá del impacto psicológico en la población de todas las edades.

Un proceso acelerado de cambios se ha iniciado, mientras se reclama el regreso del legítimo presidente de un país, que ya no es lo que era. Tampoco se han recibido reparaciones políticas, morales ni materiales por el daño causado en el brutal ataque, la vida sigue su agitado curso. La derecha se organiza confiada en espera de la señal foránea, el pueblo se manifiesta leal en paralelo con los sucesos políticos, desde la capital de los estadunidenses se dictan y controlan los cursos de acción sobre las exportaciones, pareciera una intervención “en seco”, sin presencia de tropas en el país soberano, cuánto, hacia dónde, cómo, de cuál manera, en fin se augura prosperidad tutelada.

Para asombro de las personas civilizadas en el mundo, se conoce que la administración del leonado ha decidido enviar “ayuda humanitaria” a Venezuela, apenas seis millones de dólares en insumos médicos y medicinas para “aliviar” los efectos de otro sostenido bloqueo sufrido durante años de cerco, pero deben pagarla, no es de “caridad”.

Mientras, las intimidaciones contra la Isla caribeña aumentan, a diario se asusta de diversas maneras a un pueblo curtido por décadas de bloqueo genocida, agresiones diversas, se aplican sistemáticas medidas coercitivas unilaterales, se enlista por variados motivos y con diversos pretextos, se le difama y hasta se le acusa de formar parte del “eje del mal”, patrocinador del terrorismo, ser una amenaza para la humanidad y en particular para la seguridad nacional del país más poderoso del mundo, entre otros ataques. 

Se anuncia cuarentena, bloqueo naval y aéreo, cerco energético, además, asedio generalizado y su mimo diplomático se pasea, en frecuentes patrullajes domésticos injerencistas, por todos los lares nacionales, con entera libertad, seguridad y confianza para diagnosticar, in situ los efectos acumulativos de 64 años de aislamiento económico, comercial y financiero y evaluar que el “oxigeno” temido no llegue al “régimen cubano” por medio de las ridículas y exiguas contribuciones, que el laqueado ha decido canalizar por medio de vías no formales gubernamentales, a la población cubana.

La vida, llena de obstáculos cotidianos, se sortea con creatividad, esfuerzo y sacrificio. Quienes se desesperan y critican malestares se unen ante las amenazas del entorno amenazante, se prepara por si el Imperio eleva la escalada y agrede. Hay confianza y se preparan, alertas y atentos, con elevada percepción de riesgo convencidos de que el ambarino no cree en lágrimas, lo ha demostrado, tiene al mundo amenazado.

17 de febrero de 2026

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