Internacionales

El concepto de democracia en Occidente y el caso de Venezuela como modelo

Por Ismail Ibrahim

Con el avance de los tiempos, la democracia adquirió el significado de las libertades públicas y los derechos económico-sociales, en particular después de que el capitalismo se vio compelido a tomar prestados los aspectos económico-sociales del socialismo, y se anticipó así a la explosión social en uno u otro país.

En Venezuela, el líder Hugo Chávez accedió al poder por vías democráticas en 1998 e instauró un sistema socialista bolivariano, lo que suscitó la ira de los influyentes círculos de Estados Unidos y Europa.

En los tiempos en que Venezuela se hallaba en manos de la derecha, el saqueo de sus riquezas era desenfrenado, perpetrado por las corporaciones de los sistemas capitalistas, y las desigualdades de clase se manifestaban de una manera aterradora.

Caracas estaba escindida en dos ciudades, según criterios clasistasuna de ricos, aproximadamente un millón y medio de habitantes, y otra de pobres, aproximadamente tres millones y medio.

Esto fue atestiguado por Lech Wałęsa antes de su llegada al poder en Polonia, cuando declaró: «Desde el aire contemplé la Caracas de los ricos y la Caracas de los pobres».

Chávez estableció un sistema socialista e impulsó la justicia en el tratamiento de las desigualdades socialesfundó el Partido Socialista Unido de Venezuela dejando plena libertad al resto de los partidos, pluralismo político; creó un canal televisivo estatal, al tiempo que preservó más de siete televisoras privadas y numerosos periódicos, libertad de prensa.

Durante su mandato celebró 15 comicios, presidenciales, parlamentarios, municipales y consultivos, de los cuales ganó catorce y perdió uno.

Asimismo, nacionalizó las empresas petroleras y la banca, e invitó a Cuba, en un gesto de integración, a enviar cerca de 15 mil médicos y enfermeros para atender la salud de todos los ciudadanos, especialmente los más humildes, así como a cinco mil maestros para combatir el analfabetismo ampliamente extendido entre los sectores populares, y a cientos de expertos en el cultivo e industrialización de la caña de azúcar, todo ello a cambio del intercambio de servicios y que Venezuela proporcionara a Cuba del petróleo y sus derivados que esta necesitara.

Igualmente, en quince años Chávez edificó catorce universidades y fortaleció los sistemas de transporte y comunicación.

Además, desde el inicio de la Revolución y hasta abril de 2024, entregaron 4.9 millones de viviendas a las familias venezolanas necesitadas como parte de la Gran Misión Vivienda Venezuela que acumula 13 años de servicios y logros. 

Todo ello en un contexto mundial marcado por un auge en los precios del petróleo, que alcanzó los ciento treinta dólares por barril, y una política de remuneración a todo ciudadano iletrado que deseara aprender a leer y a escribir.

Naturalmente, al adentrarse en los pormenores es posible señalar errores en el ámbito de la construcción y en el marco de la pugna y la imbricación de intereses contrapuestos.

Sin embargo, los regímenes de Estados Unidos y Europa no carecen en absoluto de ejemplos propios de atropello a la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Y este reducido esbozo de una realidad mucho más ampliabastó para despertar la ira del imperialismo estadounidense y del colonialismo europeo, que rechazan todo régimen que no permita a sus corporaciones explotar y expoliar las riquezas ajenas.

Esta ira se materializó en el salvaje ataque de Estados Unidos contra Venezuela, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, y el apoderamiento del petróleo de nación suramericana; acción que costó la vida a más de cien personas, entre ellas treinta y dos cubanos que defendieron hasta el último aliento la soberanía venezolana y latinoamericana,

¿Acaso no afirmó el presidente Donald Trump: «Este petróleo es nuestro y gobernaremos Venezuela»? ¿Acaso no apoyaron Trump y Europa a Juan Guaidó para la presidencia, al margen de toda constitucionalidad, siendo este representante de una oposición fragmentada en docenas de corrientes que no cuenta con una figura de peso ni con un programa nacional unificado?

En la misma dirección, Trump impone sin derecho alguno el bloqueo petrolero a Cuba, que se halla en apremiante necesidad energética.

Con base en estos intereses, comenzamos a escuchar a comentaristas en Europa y Estados Unidos hablar de un «golpe de Estado en Caracas» o afirmar que «Venezuela avanza hacia la democracia», e insinúan con ello que no era democrática ni bajo Chávez ni bajo Maduro.

Desde el secuestro de Maduro, se desató una guerra de conceptos y narrativas destinada a demonizar sistemáticamente a la república bolivariana y a Maduro, bajo formulaciones que aparentan ser objetivas, e incluso profesionales y académicas, pero que en el fondo encierran un agravio deliberado, como suele ocurrir con todo «vencedor» frente al vencido.

La Venezuela de Chávez y la de Maduro, fue una república de libertades y un Estado de justicia que gozaba de plenas garantías ciudadanas; lo que pregona el sesgo y la tergiversación del mediático occidente no es más que conceptos engañosos, narrativas falsificadas y adulteración de los hechos y la realidad.

Venezuela bajo Maduro no fue ni una dictadura ni un Estado de injusticia social o discriminación clasista, como se proclama, para que ahora, con él entre rejas, se pretenda transformarla en un oasis de libertad y justicia.

En síntesis, afirmo que los intereses económicos son los que determinan la posición estadounidense y europea frente a la democracia, la libertad y los derechos humanos, y son los que llevan a quienes defienden su punto de vista a incurrir en una flagrante doble moral.

Lo que conviene a los intereses de Estados Unidos y Europa es tildado de democrático; lo que no los sirve es calificado de dictatorial y terrorista, con total independencia de si cuenta con el respaldo mayoritario o minoritario, de si respeta la constitución o la conculca. Para ellos, el fin justifica los medios. La medida doble sigue siendo la norma imperante.

Las posiciones de las potencias occidentales y el alcance de su injerencia en los asuntos internos, así como su incansable empeño por derribar el sistema socialista, ya sea en Cuba o en Venezuela, son responsables de las deficiencias que se advierten en algunos aspectos de la democracia, pues esta se ve constreñida a defender la patria y el derecho de cada pueblo a beneficiarse de las riquezas de su suelo.

El imperialismo, en cambio, solo se reconoce a sí mismo y únicamente se ve a sí mismo; de ahí que combata toda idea e intento de integración y solidaridad entre los pueblos, tanto a nivel regional como internacional.

La verdad reside en la esencia misma de la diferencia entre los dos sistemas que rigen el mundo: el capitalismo y el socialismo.

El desacuerdo no versa sobre la naturaleza de ángeles y demonios, sino sobre las riquezas de la tierra, la justicia en las relaciones entre los seres humanos, los derechos del hombre, de todo hombre, y su dignidad.

Tomado de Al Mayadeen en Español 

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