Crónica sobre un genocidio silencioso: la ley del más fuerte disfrazada de legalidad
La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1948, establece en su Artículo II que se entiende por genocidio cualquiera de los actos perpetrados «con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional»
Por Raúl Antonio Capote * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.
Amanece en La Habana, el café se enfría en la mesa mientras hojeo los cables de la prensa mundial, las noticias, como casi siempre, traen el mismo sabor amargo, continúa el crimen sionista en Palestina, la OTAN asesina niños en Lugansk, la Casa Blanca recrudece, a niveles extremos y sin precedentes, el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.
Conviene empezar por lo jurídico, para que luego nadie diga que esto es retórica de trinchera, la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1948, establece en su Artículo II que se entiende por genocidio cualquiera de los actos perpetrados «con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional».
Y enumera: la matanza de miembros del grupo, lesión grave a la integridad física o mental, y —presten atención a este inciso— «sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial»
Ahora pregúntese el lector: ¿cómo se llama la política que durante sesenta años ha impedido que lleguen a una isla alimentos, medicinas, combustible y tecnologías? ¿Cómo se define el acto de perseguir a los bancos extranjeros que osen financiar un proyecto de salud pública en La Habana?
¿Con qué palabra se califica la decisión deliberada de cortar el suministro energético a un país entero, sabiendo que eso significa apagar respiradores, incubadoras, neveras para conservar vacunas, bombas de agua potable? La palabra existe: GENOCIDIO.
La maquinaria del crimen
Lo que estamos presenciando en estos meses de 2026 es una escalada cualitativa, un salto hacia un abismo jurídico y moral, la política de la administración Trump, diseñada con precisión aritmética, ha alcanzado «niveles de sistematicidad y crueldad sin antecedentes históricos».
Se trata de un acto de agresión que ataca sectores neurálgicos para la supervivencia nacional: el combustible, las remesas, el turismo y la cooperación médica.
La piedra angular de estos momentos es la Orden Ejecutiva del 29 de enero de 2026, que declara una «emergencia nacional» basada en la falacia de que Cuba constituye una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad estadounidense
Bajo ese pretexto, se imponen aranceles punitivos y sanciones secundarias a cualquier país, empresa o naviera que exporte combustibles a la isla.
Sin embargo, la Carta de la ONU, en su artículo 41, faculta únicamente al Consejo de Seguridad para aplicar sanciones, y solo ante amenazas reales a la paz. Washington actúa, pisoteando la soberanía de terceros Estados y violando flagrantemente el Derecho Internacional.
Pero la cosa no se detiene ahí, el 1 de mayo de 2026, la Casa Blanca emite una nueva orden ejecutiva que multiplica los efectos extraterritoriales del bloqueo, con la aplicación de sanciones secundarias automáticas contra empresas, bancos y entidades extranjeras, incluso si sus negocios en Estados Unidos no tienen relación alguna con Cuba
Se trata de la ley del más fuerte, travestida de legalidad, a esto se suma el bloqueo a los combustibles, implementado mediante la persecución financiera y las sanciones secundarias contra buques y compañías navieras, aseguradoras, bancos y operadores logísticos
No hace falta interceptar barcos con cañoneras; basta con amenazar a quien los flete. El resultado es el mismo: la asfixia energética de una nación entera.
Las víctimas: cuando las estadísticas sangran
Llegamos ahora al capítulo más doloroso, aquel donde las cifras abandonan la frialdad del papel para convertirse en cuerpos, en familias, en sueños truncados.
El canciller cubano Bruno Rodríguez denunció en mayo de 2026 que la tasa de mortalidad infantil se había duplicado al cierre de 2025, situándose en 9,9 muertes por cada mil nacidos vivos, debido a la falta de medicamentos e insumos médicos esenciales
No por negligencia médica, no por falta de preparación de los galenos cubanos, sino porque el imperio más poderoso de la Tierra ha decidido que no lleguen a la isla los antibióticos, los anestésicos, los reactivos de laboratorio.
Unos 100.000 pacientes, entre ellos 12.000 niños, permanecen en lista de espera quirúrgica por el bloqueo energético, la tasa de supervivencia de los niños con cáncer ha descendido del 85 % al 65 %. Más de 32.880 mujeres embarazadas enfrentan riesgos adicionales, con limitaciones en el acceso a ecografías obstétricas y genéticas esenciales para el diagnóstico oportuno de malformaciones.
Más de 61.830 niños menores de un año requieren cuidados especiales que hoy están comprometidos por la falta de combustible para el transporte sanitario y la electricidad para los equipos médicos, más de 350 cirugías pediátricas semanales se ven directamente afectadas por la crisis energética provocada deliberadamente
Poco después, Trump el propio presidente estadounidense se jactó de haber cortado la “sangre vital” a la isla.
Marco Rubio: el artífice del horror
Y aquí llegamos al hombre que ha puesto rostro, voz y firma a esta política de exterminio, Marco Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos, descendiente de cubanos que emigraron antes del triunfo revolucionario, se ha convertido en las palabras del canciller cubano Bruno Rodríguez en «uno de los principales artífices de la amenaza militar contra Cuba, del bloqueo energético y total del suministro de combustible»
Rubio no es un burócrata que solo ejecuta órdenes ajenas, es la mano que aprieta las tuercas, el memorando de guerra firmado por Trump llevaba su sello personal: sanciones a empresas extranjeras, persecución financiera, asfixia económica como instrumento de subversión política
Pero quizás lo más revelador de la catadura moral de Rubio es su negación de lo evidente, en una entrevista con Al Jazeera, el Secretario de Estado afirmó con total desparpajo que Washington no ha tomado «ninguna medida punitiva» contra Cuba y atribuyó la crisis energética a que la isla «quiere petróleo gratis».
La responsabilidad ante la historia
Llegados a este punto, cabe formular la pregunta ¿cuál es la responsabilidad personal de Marco Rubio ante la muerte de niños y ancianos cubanos?
El Artículo III de la Convención contra el Genocidio establece que serán castigados no solo los actos de genocidio en sí, sino también «la asociación para cometer genocidio», «la instigación directa y pública a cometer genocidio» y «la complicidad en el genocidio»
El Artículo IV es meridiano: «Las personas que hayan cometido genocidio o cualquiera de los otros actos enumerados en el artículo III, serán castigadas, ya se trate de gobernantes, funcionarios o particulares».
Rubio, tiene capacidad decisoria, presupuesto, influencia y poder para detener la maquinaria de muerte que ha contribuido a crear, más, sin embargo, elige apretar más las tuercas.
Cuando un niño muere en un hospital cubano porque el respirador se apaga durante un apagón, hay una cadena de responsabilidades que conduce directamente al edificio del Departamento de Estado en Washington.
Cuando una madre pierde a su bebé porque la incubadora dejó de funcionar, hay una firma, una orden ejecutiva, una sanción bancaria que lo hizo posible, cuando un anciano fallece por falta de un medicamento que fue bloqueado en un puerto extranjero por miedo a las represalias financieras, hay un nombre propio detrás de esa decisión. Para decirlo correctamente, dos nombres y un Imperio.
No habrá informe de gestión que borre las manchas de sangre, no habrá memorando de seguridad nacional que justifique el exterminio, no habrá negación mediática que oculte la verdad.
Mientras escribo estas líneas, pienso en los médicos cubanos que operan a la luz de linternas durante los apagones provocados por la falta de combustible, en aquel niño que no pudo crecer, en el anciano que falleció antes de tiempo.
El sol se pone sobre el Malecón habanero mientras termino esta crónica, allá, en la distancia, trato de adivinar la silueta de un buque que no llega, de un cargamento que no arriba, de una medicina que no alcanza. La guerra económica sigue su curso, silenciosa y letal, la historia los juzgará.
(*) Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.
Foto de portada: Sputnik.

